jueves 09.04.2020

Pablo Iglesias como tonto útil de la derecha

Para la gente de izquierdas de este país el nacimiento y eclosión posterior de Podemos fue una bocanada de aire fresco para las posibles políticas de izquierdas cuando los ciudadanos de izquierdas y progresistas de este país –los ciudadanos son los que tienen la responsabilidad última de la política– fueran más en las urnas que los de derechas. Nació Podemos al socaire del 15M aunque no hubiera una relación directa de causa y efecto entre ambos, pero no fue casualidad. En 2016, Podemos y su líder máximo y carismático se encontró en la tesitura de demostrar que era de izquierdas porque tuvo que optar en el día D y hora H entre Pedro Sánchez, líder del PSOE, y Mariano Rajoy y líder oficial del PP. No había otra alternativa posible. Hubo encuentros y desavenencias entre ambos líderes –me refiero entre Sánchez e Iglesias–, hubo acusaciones mutuas de traición o similar, quizás ambos tenían razón en parte si se comete el error de subjetivar las decisiones políticas como encuentros y desencuentros en una pareja o matrimonio, pero el resultado final fue que ¡Pablo Iglesias prefirió que siguiera gobernando Mariano Rajoy a que lo hiciera Pedro Sánchez!, prefirió al PP antes que al PSOE. Dice el Evangelio que por sus obras les conoceréis, magnifica sentencia que nos encandila incluso a los que somos ateos o, quizás, porque lo somos. Es decir, Pablo Iglesias y Podemos sirvió a la derecha, a las derechas de este país. Ese fue el resultado final. Dos años más tarde rectificaron y apoyaron la investidura del socialista sin contrapartida, todo hay que decirlo. A pesar de todo y porque nobleza obliga está por ver que Pablo Iglesias –no quiero extenderlo al partido– sea de izquierdas. Lo que es seguro es que se comportó como de derechas, sirvió a la derecha entonces, en 2016. Y eso ocurrió con el voto de los que votaron –votamos– a Podemos. Una y no más, Santo Tomás. Desde entonces Pablo Iglesias tiene una deuda con sus votantes y esa deuda, o la paga o los votantes que aún no lo han hecho se la cobrarán en las elecciones venideras. Ya lo han hecho en parte en las de abril y mayo pasados aunque Iglesias y Podemos han buscado justificaciones como el novio al que le deja la novia.

Podemos debe nadar entre dos orillas: empujar al PSOE a la izquierda e impedir por acción y/o por omisión que gobierne la derecha

Ahora el Sr. Iglesias sigue jugueteando y poniendo de los nervios a los que aún siguen votando a Podemos porque siguen confiando en que se comportarán tanto el partido como su líder como personas de izquierdas o progresistas. Iglesias aún esta en la estrategia que tantas veces se ha demostrado letal de cuanto peor mejor, que en la práctica ha supuesto que cuanto peor, peor aún. Pasó históricamente con los socialistas y comunistas alemanes en las primeras décadas del siglo XX y ha pasado siempre hasta los intentos de colaboración entre los socialistas franceses de la época de Miterrand y el PCF de Marchais, aunque aquello se quebrara. Esta lógica la intentó romper el PCI de Berlinguer llegando más lejos aún, llegando al intento del compromiso histórico con la democracia-cristiana. Tanto fue así y tan de los nervios puso a la derecha, a la CÍA y a las derechas europeas en particular, que llegaron a asesinar a Aldo Moro y con ello desapareció todo compromiso. En España también la IU de la época de Anguita estoy por apostar que prefería que gobernara el PP a que siguiera trepecientos años más Felipe González tras sus 14 años de gobiernos socialiberales. En épocas más recientes surgió también de ERC un tonto útil para la derecha que fue Carod-Rovira. En cambio en la derecha no suele haber tontos útiles que sirvan a la izquierda. Lo vemos ahora porque, a pesar de las diferencias y añagazas de VOX, los herederos del franquismo unen sus votos al resto de las derechas. Es un tema complejo y digno de estudio y parece que la aportación española a la teoría política es meritoria y permanente: siempre que parece que la izquierda va a gobernar porque ha ganado en las urnas lo pierde en los gobiernos o en las políticas. No quiero recordar lo del tamayazo porque eso fue hiriente. Es absurdo que Iglesias exija entrar en un gobierno donde estaría tan en minoría por dos cosas: la primera porque nada garantiza que Iglesias sea más de izquierdas en sus obras que Sánchez; segundo, porque un ministerio de Podemos en un Gobierno del PSOE impediría que el partido Podemos pudiera ser crítico a determinadas medias que pudiera intentar sacar ese Gobierno y con las que no estuviera de acuerdo el partido podemita. Esa desavenencia, si se presentara, obligaría al ministro aludido de Podemos a su dimisión. Podemos debe nadar entre dos orillas: empujar al PSOE a la izquierda e impedir por acción y/o por omisión que gobierne la derecha. Ese cauce puede ensancharse o estrecharse, pero no puede desbordarse en sus orillas. Iglesias, como tonto útil de la derecha, está haciendo fuego con las cerillas de sus deseos en una gasolinera y no da señales ni de estrategia ni de inteligencia política, cosa que sí ha hecho el actual alcalde de Cádiz y Adelante Andalucía. Si sigue así, desde luego, acabará con Podemos, pero lo preocupante es que se lleve por delante a una alternativa a la derecha, derecha que se desliza cada vez más a la soñada España fascista de una, grande y libre y con Montañas Nevadas puestas de Cara al Sol en un horizonte aterrador.

Pablo Iglesias como tonto útil de la derecha