domingo 23.02.2020

En el natalicio 200 de Carlos Marx

Marx debiera ser considerado un economista de la escuela ricardiana y que ha hecho importantes contribuciones a la historia del análisis

Se cumple este año de 2018 el 200 aniversario del nacimiento del que es, sin duda y también según el tópico, el revolucionario intelectual más importante de la Historia [1]. Al menos en el campo de lo social. En el terreno de la Ciencia tiene competidores como pueden ser Galileo, Newton, Einstein o el grupo de científicos que en los años 30 del siglo pasado revolucionaron la Física con lo que hoy se llama mecánica cuántica. Marx nació en 1818 en Tréveris, una ciudad sita en lo que fue el imperio prusiano. Fue periodista, filósofo, sociólogo, economista. Lo fue todo en el conocimiento de lo social. Aunque gran parte de su vida la pasó en Londres –a partir de 1849 cuando fue expulsado de Prusia-, tuvo actuaciones destacadas en apoyo de gran parte de los movimientos revolucionarios de su época. Quizá su momento álgido de su práctica –siguiendo la jerga de Althusser- tuvo lugar en la I Internacional (su nombre oficial es Asociación Internacional de Trabajadores, 1864). Tuvo 7 hijos, de los cuales sólo le sobrevirían sus tres hijas. Vivió él y su familia malamente de sus escritos y derechos de autor, pero, sobre todo, de la ayuda de su gran amigo Friedrich Engels, empresario, también intelectual y revolucionario como Marx. Murió en 1883.

Marx presenta una extensa bibliografía, pero es conocido fundamentalmente por dos obras: El Manifiesto Comunista y El Capital. La primera es, como panfleto, una obra maestra; la segunda, una obra monumental donde trata de analizar lo que él entiende por el modo de producción capitalista. La suerte de su obra es asombrosa: creó una alternativa al análisis económico, sociológico e histórico sobre la base de tres obras: la primera, un panfleto –eso sí, soberbio en el análisis-, una obra monumental que nadie lee -El Capital-, ni siquiera los marxistas (hasta Althusser confesó al final de su vida que apenas había leído El Capital), y la que sí creo que es una obra importante -que tampoco nadie lee- como es la Contribución a la crítica de la Economía Política. Marx debió pensar cuando acabó su obra capital: ahora si queréis me la criticáis, pero primero tendréis que leerla). Fue un crítico implacable como pudieron comprobarlo Pierre J. Proudhon (en Miseria de la Filosofía) y Adolph Wagner (en las Glosas marginales al Tratado de Economía Política”).

La cuestión que se plantea en los albores del siglo XXI es qué puede decirnos este -según él y, sobre todo, según su amigo Engels- científico de lo social a los hombres y mujeres que quieren y necesitan cambiar las cosas para vivir mejor y vivir con mayor igualdad y justicia. Todo ha cambiado tanto en este siglo y medio que dista su vida intelectual de la nuestra que pareciera que han pasado siglos desde entonces. Y sin embargo en el mundo sigue habiendo desigualdad –se ha multiplicado extraordinariamente-, injusticia derivada más allá de la mera “tardanza” shakesperiana (Hamlet), pobreza, fascismos latentes en forma de xenofobia, machismo, terrorismo. ¿Es verdad o acertado que la historia de la humanidad es una sucesión de modos de producción? ¿Es su teoría de la explotación una ley económica o sociológica, o es una mera definición? ¿Sus teorías sobre las crisis son aplicables a las actuales? ¿Su teoría del valor trabajo es acertada, es útil al menos? Se dice a veces por parte de ignorantes interesados que su obra es falsa, inoperante o errada porque los socialismos reales han fracasado. Marx jamás construyó una teoría del socialismo y tampoco se puede considerar que se haya implementado ningún socialismo real. Russia es hoy un país capitalista, empobrecido, aunque con avances sociales fruto de la inercia histórica, de la inercia revolucionaria en su momento. Lo único que hay de notable en el campo no estrictamente neoliberal es China (un país, dos sistemas), más fruto de la propiedad estatal de grandes empresas y bancos que de una planificación económica que pudiéramos tildar de socialista [2] (tal como teorizó Oskar Lange en su Teoría Económica del Socialismo, aunque, curiosamente, a partir de conceptos marginalistas). Y los países del Este europeo que en su día estuvieron en la órbita soviética se han convertido, no sólo en países capitalistas como los demás, sino que presentan actualmente una deriva fascista con menguado disimulo, como son Hungría y Polonia.

¿Dónde está el núcleo duro del pensamiento de Marx? Son varios, desde luego, porque a los grandes pensadores, científicos y artistas, los podemos clasificar en montañas o cordilleras. Por ejemplo, Einstein es una gigantesca montaña de la ciencia; Newton es una cordillera porque se atrevió a explicar el “sistema del mundo” con la mayor naturalidad; Cervantes es una montaña por su Quijote –aunque acompañado de otros altos picos por otras obras- y Shakespeare es una cordillera con sus 37 obras de teatro. El Bosco es una montaña con un puñado de obras geniales y Picasso una cordillera por sus 4000 obras de todo tipo. Pues bien, Marx es una cordillera, pero destacaría dos momentos culminantes. El primero de ellos lo transcribo de su obra Contribución a la crítica de la Economía Política: “En la producción social que realizan, los hombres –hoy diríamos… y la mujeres- entran en relaciones determinadas que son necesarias e independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a una etapa definida de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. La suma total de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, su fundamento real, sobre el que se elevan las superestructuras legales y políticas y a las que corresponden unas formas determinadas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el modo de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino que, por el contrario, su ser social determina su conciencia. En una determinada etapa de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en conflicto con las relaciones de producción existentes, o –lo que es sino una expresión legal de la misma cosa- con las relaciones de propiedad con las que habían estado funcionando antes. Estas relaciones pasan de ser formas de desarrollo de las fuerzas productivas a convertirse en sus cadenas”. ¿Es acertado este esquema de pensamiento de Marx para analizar la Historia? Spencer, Weber o Toynbee desarrollaron otros modelos distintos para el mismo fin. El otro momento cumbre es su teoría de la explotación. Para llegar a ésta Marx distingue entre el valor que tiene un producto en el que ha intervenido el trabajo y lo que él llamo valor de la fuerza de trabajo, que sería el valor incorporado a todos los bienes y servicios –que diríamos hoy- que consumen los trabajadores y sus familias. Marx reduce esto al trabajado asalariado, pero hoy podríamos extenderlo a los autónomos. Pues bien, siempre ocurre –según Marx- que la cantidad de trabajo incorporado a un producto es superior a ese valor de la fuerza de trabajo así definido. Esa diferencia la llama Marx plusvalía. Pues bien, para el filósofo alemán el sistema capitalista –basado básicamente en el trabajo asalariado- tiene la “virtud” de arrebatar al trabajador esa plusvalía. En esta tarea coadyuvan, no sólo el empresario, sino y sobre todo la estructural jurídica y política del sistema capitalista. Sin esa ayuda no sería posible el sistema, no habría organizaciones empresariales que tienen como fin ganar dinero o, como se dice ahora por los neoliberales, “crear valor” para los accionistas o beneficiarios de las ganancias de las empresas. Durante mucho tiempo los economistas y marxistas o estudiosos de Marx no se dieron cuenta de que el alemán arriesgaba al considerar que la causa de las ganancias era la plusvalía arrebatada supuestamente a los asalariados. Según esto sólo cuando hay plusvalía hay ganancia. Pero esta consideración es un error y en 1975 un inglés de fina inteligencia llamado Steedman demostró (Positive profits with negative surplus value) que podría darse el caso de ganancias con plusvalía negativa, es decir, situaciones en las que el valor de la fuerza de trabajo es mayor que el valor incorporado a los productos. Y eso ocurriría si la fuerza reivindicativa de los trabajadores y sus sindicatos fuera tal que se llevara a sus buchacas algo más que todo el excedente (diferencia entre lo que se produce y los medios empleados para su producción). Porque, en definitiva, la posibilidad de la explotación depende de la posibilidad a su vez de la longitud de la jornada de trabajo. Y en una obra posterior demostró Steedman que podría darse esta misma situación en el caso de la producción conjunta –más de un producto en un mismo proceso-, aun cuando no todo el excedente fuera a parar a los asalariados. Yo mismo –y perdón por citarme-, preparando un trabajo sobre Marx y el problema de la transformación de valores a precios, descubrí, manipulando las ecuaciones que originan la síntesis de Sraffa y Marx, que podría darse la situación de ganancias positivas sin explotación. El artículo se publicó en la revista Nómadas de la UCM y lo titulé Marx desde Sraffa. Es verdad que los marxistas matemáticos como Morishima se la prometían muy felices porque habían demostrado el llamado teorema fundamental marxiano que reza que “para que pueda mantenerse una sociedad capitalista es necesario y suficiente que los capitalistas exploten a los trabajadores”. Ello dependía del nivel de salarios y de la longitud de la jornada de trabajo. Morishima (Marx´s Economics, 1973) se remitía a un trabajo de Okishio (A mathematical note on marxians theorems, 1963), pero los análisis de Steedman son incuestionables y el teorema de Okishio sólo se da en condiciones particulares.

Mirando la cuestión de la teoría de la explotación sin alardes matemáticos –a veces, como en este caso, imprescindibles- pensemos que en una sociedad del tipo que sea y bajo cualquier hipotético modo de producción –aceptando pues la visión de Marx de la Historia- ¡la población consumidora es siempre mayor que la trabajadora! porque hay gente mayor que ya no puede trabajar, hay enfermos y parados que, aunque quieran, no encuentran trabajo. No incluyo a los menores de edad porque se supone que forman parte de la familia del asalariado y, por tanto, dentro del gasto del valor de la fuerza de trabajo. Si esto es así y suponiendo que los autónomos son trabajadores que se explotan a sí mismos –el sistema les fuerza a ello- debe ocurrir que ¡el valor del trabajo ha de ser mayor que el valor de la fuerza de trabajo! siempre que, como hemos visto antes, la jornada de trabajo no baje de un cierto nivel o que los salarios sean tales que no se llevan todo el excedente y más. Y llegado a este punto la teoría de la explotación sufre un grave varapalo porque, o bien tiene que aceptar que esa teoría de la explotación se da en cualquier modo de producción siempre que se de trabajado asalariado, o bien la teoría de la explotación no es una ley socioeconómica sino una definición [3]. Hay un tercera posibilidad no atisbada que yo sepa, que es la de suponer que hasta una longitud de la jornada de trabajo no hay explotación y a partir de esa longitud sí la hay, pero ni siquiera bajo estas consideraciones puede generalizarse. Ahí dejo el problema. Es una lástima que la mayoría de los marxistas hayan tomado El Capital y la obra de Marx como un texto inamovible, donde todo ha quedado dicho. Dicho de otra forma, una gran parte de los marxistas han escolastizado a Marx, al igual que las religiones con sus biblias o ahora los neoliberales con el laissez faire, laissez passer.

Ante este problema teorético otros son minucias como fue el de la transformación de valores a precios, que tanta polémica suscitó en su día y en el que tantas confianzas depositaron algunos representantes de la escuela austríaca (Böhm-Bawerk) o el problema práctico de si es posible el socialismo en un solo país. No voy a entrar en el problema primero y, en todo caso, lo dejaré para una posible segunda parte del artículo. Adelantar en todo caso que Marx se equivocó en su solución porque, entre otras cosas, no existían entonces las herramientas matemáticas que luego se han descubierto y desarrollado (el teorema de Perron-Frobenius, el análisis de Markov, la programación lineal, etc.). Pero Marx sí desarrolló una teoría de las crisis muy interesante basada en la sobreproducción en unos sectores y subconsumo en otros, por ejemplo, cosa que no han hecho la escuela dominante actual que es la neoliberal, que han sido incapaces explicar la crisis que comenzó en el 2007 hasta la fecha. Tiene también Marx una teoría de la reproducción y acumulación muy de respetar, por ejemplo.

Para terminar este artículo creo que lo mejor que podrían hacer los intelectuales marxistas actuales es dejar de considerar a Marx un outsider e integrarlo en las corrientes de pensamiento de la Historia. En el caso de la Economía, Marx debiera ser considerado un economista de la escuela ricardiana (principalmente por su teoría del valor-trabajo, que tantas conexiones tiene con la de David Ricardo) y que ha hecho importantes contribuciones a la historia del análisis. Lo cual no es incompatible –creo- con ser ideológicamente marxista, pero al menos es compatible con ser científico, aunque sea de lo social. Creo, sin embargo, que no es Marx el que debe dotar de base analítica a la Economía, sino que es Sraffa a partir del desarrollo de su obra Producción de mercancías por medio de mercancías. Marx es integrable en gran parte en Sraffa, lo mismo que lo es Keynes. Pero esta es otra cuestión y aquí acabo.


[1] En mi opinión el más revolucionario en el plano meramente intelectual de lo social es Pierro Sraffa, pero no es este el lugar ni el momento para justificar semejante aseveración.
[2] Tal como teorizó Oskar Lange en su Teoría Económica del Socialismo, aunque, curiosamente, a partir de conceptos marginalistas.
[3] Al igual que ha ocurrido en Física con la segunda ley de Newton, que nos dice que la masa es la relación entre una fuerza aplicada a un cuerpo y la aceleración que sufre. Para muchos físicos esta no es una ley sino una definición.

En el natalicio 200 de Carlos Marx