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jueves. 09.02.2023

Gobernabilidad: ¿Teoría de los juegos o teoría de conjuntos?

Estamos en el próximo futuro. Con la teoría de los juegos en la mano no parece que se pueda llegar a un óptimo antes de las elecciones.

En contra de las apariencias, el debate de investidura no ha sido inocuo. Se han escenificado actitudes que pueden marcar el futuro inmediato; también alianzas explícitas e implícitas que, mirado el panorama política con altura de miras determinarán el futuro político del país. Se han cometido errores que también pueden marcar el futuro de algunos de los actores en este juego de espejos que inevitablemente tiene la política, aunque luego la lógica política haga añicos los espejos a medida que reflejan la deformidad y el error de las posiciones. Veamos uno por uno a los actores.

El PP ha chocado con su pasado y con Mariano Rajoy. Dos refranes vienen como de molde a la situación actual del partido más votado en las elecciones del 20-D: el de que quien siembra vientos recoge tempestades y el de que de aquellos barros vienen estos lodos. El PP convirtió su mayoría absoluta en escaños –no en votos– en un viaje a los infiernos, en un experimento de dictadura temporal. No consensuó con nadie sus leyes, despreció a quien no tuviera el carnet de palmero del PP otorgado por el propio partido, se cargó la negociación colectiva, buena parte de los derechos laborales, verdaderas dentelladas lanzó a la sanidad y la educación públicas desde los presupuestos; hizo lo mismo con la ley de la dependencia de Zapatero, congeló o rebajó de facto las pensiones, se miró en el espejo del franquismo para inspirarse en la llamada ley mordaza, encareció la Universidad pública, etc. Se hizo con el control ideológico del CSPJ, del Supremo, del Constitucional, de RTVE, de los Consejos de control de la economía, de las Comisiones de control en el Parlamento, etc. Además practicó la austeridad a pesar de no cumplir el déficit con tal de que la walkiria que de facto manda en Bruselas (UE) invitara a Rajoy a subirse a la grupa de su corcel cuyo nombre es el de “alumno ejemplar”. El PP se forjó día a día, decreto-ley a decreto-ley, la mayoría absoluta... ¡en contra!: ahora la disfruta el gran vago gallego sentado en la columna de Peridis con un puro en la mano. El problema que tiene Rajoy es que ese puro se le acaba y no encuentra estanco donde comprar otro que le devuelva a Moncloa porque su principal y único posible aliado -que es el Sr. Rivera- le ha cerrado todos los estancos. Rajoy, con un absoluto desprecio a sus posibles votantes, ha intentado hacerles creer que tiene derecho a gobernar por ser la lista más votada. Ha repetido ese mantra siguiendo la consigna del nazi Goebbels de repetir una mentira mil veces hasta convertirla en verdad. Es una práctica habitual en el PP, en esto son alumnos aventajados. También hizo creer a sus votantes –incluso a parte de sus no votantes– que el milagro económico español se llamaba Rato, cuando Rato es el padre de la burbuja inmobiliaria y a pesar de que, cuando llegó Aznar al gobierno en 1996 con Rato de ministro de Economía, hacía ya tres años que estábamos saliendo de la crisis. No hay nada peor en la política y en la vida que creerse las propias mentiras, y Rajoy, que es un analfabeto funcional a pesar de títulos y cargos, se ha creído lo de la lista más votada. Y si no se lo ha creído el lazo lanzado al cuello de Pedro Sánchez exigiéndole que le apoye para seguir en el gobierno a título gratuito sin intentar negociar un mínimo de programa común es de una estupidez que nos da para meditar con pesadumbre: ¿en manos de quién hemos estado? No sólo tiene enemigos en la izquierda sino que ha convertido en fuego amigo a sus posibles aliados en la derecha. La corrupción del PP ya no sólo afecta a la dignidad de una parte de sus votantes sino a la de los ajenos de sus posibles aliados. Si a eso le sumamos la instrumentalización del anticatalanismo y el anti-independentismo para obtener votos en la España avejentada y profunda, el PP de Rajoy se ha forjado esa mayoría absoluta en contra de tal manera que sólo tiene garantizada volver a la Moncloa si obtuviera una mayoría absoluta a favor en unas hipotéticas elecciones. Por eso ha puesto al PP el punto de mira de su política en unas próximas elecciones, porque ni siquiera tiene garantizado el apoyo de Ciudadanos si los escaños de ambos partidos llegaran a esa mayoría absoluta. ¡De mayoría absoluta a favor a mayoría absoluta en contra a pesar de ser el partido más votado! Todo un registro de este vago redomado que se ha creído que podía seguir en la Moncloa con la simpleza de su socarronería insultante (no exultante). Hoy es un cadáver político y un lastre para su partido. Y no ha sido Sánchez quien lo ha liquidado políticamente sino el líder de Ciudadanos. Por eso nada de lo ocurrido en la investidura y en los días previos ha sido a título gratuito. Nada es gratuito en política.

Podemos sigue imperturbable en su camino de cometer errores. Ahora ya en el Parlamento con ese tono mitinero inadecuado de Iglesias aunque no exento de lógica política. La referencia a la cal viva de González le aleja de la gobernabilidad. Porque este es el problema, bien sea del líder del partido o del propio partido, porque las formas de Podemos serían coherentes o al menos justificables si se pretendiera la Oposición, pero son inadecuadas si tu mira es la Moncloa como socio gubernamental del inquilino titular (hipotéticamente, Pedro Sánchez en el próximo futuro). No se puede estar en misa y repicando, en el púlpito y con la feligresía, tirar los saques de esquinas y rematarlos a la vez. Y eso lo dice y reconoce un votante de Podemos como es servidor. Aquí no se trata de tener razón o no, de ser veraz o embustero, porque la lógica política son caminos que no puedes elegir. Y el que quiera aprender de cómo recorrer caminos indeseables pero inevitables que lea a Lenin o a Maquiavelo. Podemos tiene que aclararse primero dónde quiere estar, fijar el rumbo, y hecho esto, buscar el navío adecuado de la lógica política, porque a la Itaca del BOE no se llega con meros discursos airados o con ministerios exigidos previos a la negociación. La bisoñez que está demostrando Podemos en esta travesía es alarmante y la derrota fijada hasta ahora le conduce a la derrota. Son comprensibles algunas actitudes porque Podemos y sus líderes más conocidos han sido insultados, vituperados, acusados de todo, desde pro-etarras, bolivarianos, hasta de yihaidistas, etc. Se les ha ninguneado incluso ya una vez dentro el Parlamento, como fue el caso de su ubicación en el Congreso o en el reparto de puestos de la presidencia. Y no sólo por la derecha tardo-franquista del PP sino también por el PSOE y Ciudadanos. Pero el alimento de la política son los sapos propios y ajenos. Ahora tiene Podemos dos meses para demostrar a propios y extraños, a sus votantes y, sobre todo, a sus no votantes, que es un partido de gobierno por más firme que sean sus principios y más exigente su programa. Y para ello tiene que decidir, no sobre la agenda de la reivindicación, sino sobre la agenda de las renuncias. O de lo contrario conformarse con la Oposición, donde se pasa frío y se aprende a renunciar. No obstante sus 69 escaños –incluidos los de 5 de Compromís– le obligan al reto de la co-gobernabilidad. Eso y parte de las clases populares que están en el límite de la supervivencia.

A diferencia de Podemos, Ciudadanos es el respeto por las formas. Y eso que su programa real, el oculto, el que sacaría de la chistera Luis Garicano si pudiera, sería terrible para el 90% más pobre de este país. Pero no lo muestran, lo tienen en la botella del genio bien tapado, disfrazado de noviembre y en cristal opaco para que no se vea. Pero los de Ciudadanos son versátiles, se cimbrean bien con los aires que soplan e intentan buscar un lugar bajo el sol de la política. Han optimizado bien sus 40 diputados aprovechando los errores de Rajoy e Iglesias, del PP y de Podemos. Con su acuerdo con el PSOE se han hecho gubernamentales, incluso presidenciables. A diferencia de PP y Podemos, son más importantes sus no votantes que sus votantes. No dan miedo en el juego de apariencias, no provocan rechazo por sus actitudes, por las formas. En política las formas son las alfombras que llevan a las instituciones. Ciudadanos lo ha entendido, todo lo contrario que Podemos. Saben que el abrazo con el PP de Rajoy o con el Rajoy del PP es el abrazo del oso. Muchos sospechamos que su defensa de la regeneración democrática era, de partida, mero postureo. Sin embargo nada pasa en balde en política y ahora es ya una antorcha, antorcha prestada pero ya encendida y que no pueden apagarla sin quemarse. Ahora se han marcado una línea roja: cargarse a Rajoy. Luego ya se verá. Con ello justifican su acuerdo con el PSOE ante su parroquia electoral que es mayoritariamente de derechas. Dicen que no quieren nuevas elecciones pero la teoría de los juegos les dice que no tienen nada que perder porque sus 40 diputados no le dan más de sí para hacer más de lo que han hecho. Pretenderán seguir con el acuerdo firmado con los chicos y chicas de Ferraz, con o sin nuevas elecciones sea cual sea el resultado de esas hipotéticas elecciones. Es lo que tienen los niños pijos, que no tienen prisa porque siempre viven bien y con un euro en el bolsillo que les dan sus papás. Albert Rivera ha demostrado en la fallida investidura que es un buen parlamentario, que es capaz de exponer contenido sin leer, sin perder el hilo argumental, que tiene las ideas claras, nos gusten o no nos gusten esas ideas. Es junto con Pedro Sánchez el triunfador por las formas, aunque detrás de ellas se reflejan en el espejo de sus omisiones lo terrible del ideario de sus contenidos. Pero no pueden sacarlos a paseo y es de esperar que la izquierda en su conjunto no le faciliten el camino al BOE. Al menos no en solitario y con su programa oculto de máximos. Su acuerdo con el PSOE de Pedro Sánchez se pretende de legislatura y no de mera investidura ya fallida. Pero eso es una pretensión que tiene que avalarlo o no el PSOE.

Pedro Sánchez ha estado en su papel. Lo ha hecho bien desde la lógica de las hipotecas neoliberales y baronías de su partido. Ha aceptado el reto del Rey de intentar formar gobierno cuando el gran vago renunció a trabajar para volver a la Moncloa. Pedro Sánchez es probablemente lo más de izquierdas que puede ser una persona y estar a la vez en la Secretaría general del PSOE. Al igual que el actual Papa para ser Papa o el actual presidente de USA para estar en el despacho oval. Ha jugado a dos bandas y esto suele ser mal visto porque parece que la lógica de la ética te pide fidelidad desde los principios hasta la más terrenal de las leyes. Pero la aritmética parlamentaria sobrevenida no le aseguraba ningún acuerdo en una sola mesa. Y aquí Podemos tiene parte de responsabilidad, pero sólo parte, porque el acuerdo con Ciudadanos podía haber esperado un par de días más hasta que la mesa del cuatripartito se hubiera calentado un poco más, de que se hubiera llenado más de borradores intercambiados, de papeles rotos, de tachones de última hora, de papeleras estrenadas. La mesa del cuatripartito –PSOE, Podemos, IU y Compromís– se quedó fría e insatisfecha. Los posibles próximos electores de la izquierda juzgaran la culpa descorriendo, eso sí, las cortinas de la propaganda a ser posible. En la sesión de la investidura ha intentado demostrar que los 200 puntos del acuerdo con Ciudadanos era compatible con la abstención de Podemos. No lo ha conseguido, ni con ellos ni con el resto del cuatripartito de la desairada mesa de negociación. El problema de Pedro Sánchez es que su argumentación caminaba por el filo de la navaja. A poco que se le escapara el adjetivo o forzara la argumentación a Ciudadanos se le ponía el ojo como a la cabra del gitano y se le fruncía el ceño; y si no forzaba, a Podemos le bastaba con argumentar que un acuerdo con Ciudadanos es infumable para la izquierda. Y más teniendo en cuenta que el Sr. Rivera echó también cal viva a la investidura intentando demostrar que el acuerdo era merecedor de la abstención del mismísimo PP de Rajoy. En realidad Rivera le hizo el discurso a Iglesias con esas pretensiones. Apenas se discutió sobre los contenidos del acuerdo, aunque Sánchez intentó mal que bien desgranarlo, entrar en los detalles. El problema de esas 200 medidas es que son en su mayoría demasiado ambiguas o son meras intenciones, cartas a los magos de Oriente. Sánchez tiene razón, tal como se exponen ese 80% de medidas dan para un programa de izquierdas como para un programa de derechas, para una empanada de carne como para una de bonito, para lo dulce y lo salado, y lo dulce y lo salado no se pueden mezclar mal que le pese al Sánchez metido a cocinero. Conclusión: no sirve para la gobernanza. Al menos sin modificación inconsensuada. Pedro Sánchez no es presidente de Gobierno pero nada pasa en balde. En el juego del espejo de las apariencias parece haber demostrado que ha cumplido con su deber, que ha intentado formar Gobierno, que ese programa acordado era de izquierdas a pesar de la firma de un partido de derechas y que es, en todo caso, Podemos el responsable de que Rajoy siga fumándose el puro de Peridis en una Moncloa en funciones. Y en esto hay que decir que Podemos y Pablo Iglesias han ayudado mucho a que eso sea lo reflejado en el espejo de las apariencias.

Y estamos en el próximo futuro. Con la teoría de los juegos en la mano no parece que se pueda llegar a un óptimo antes de las elecciones. Para ese óptimo es necesario llegar a una solución en la que nadie quiera moverse porque todos piensen que tienen más que perder que ganar. Ese supuesto óptimo lo rompe en primer lugar PP por lo dicho, porque a pesar de su mayoría absoluta no puede gobernar y le merece la pena arriesgarse a unas nuevas elecciones. Le da igual tener ahora 122 diputados que 110 o menos. Además así tienen tiempo de apuñalar a Rajoy ellos mismos para dar satisfacción a Rivera, a Bruselas y al Ibex35. Pero si la corrupción ya ha tocado hueso en la dignidad de sus votantes de diciembre y logra convencer a los que abandonaron su barco que Ciudadanos es de izquierdas, que Podemos es aún más el demonio porque es ministeriable al menos, y porque el PSOE se ha hecho socialista, pero socialista de la época de Largo Caballero y la revolución de Asturias del 34, es posible que aumenten sus votos y escaños. Pero es un riesgo inasumible para el PP y los poderes fácticos. También rompe el óptimo Ciudadanos porque sus 40 escaños son muy escasos para sus pretensiones y confían que su postureo gubernamentable les den más votos. También lo rompe Podemos porque creen erróneamente que llegarán antes a la Moncloa o a sillones ministeriales si rebasan al PSOE en votos y escaños en próximas elecciones. El único que no lo rompe es el PSOE porque sus escaños le aseguran que no se puede gobernar sin ellos y corren un riesgo estimable de perder votos y escaños en nuevas elecciones. Y ello a pesar del buen hacer de Sánchez desde que el Rey le encargó la investidura. Veremos próximas encuestas. Por eso la solución sólo puede venir del lado de la teoría de conjuntos. Sólo si se consigue una intersección de los conjuntos de los programas de varios partidos que no den el conjunto vacío puede haber gobierno y no nuevas elecciones. Conjunto que además ha de ser útil y gubernamentable. El problema es que en esa intersección priman los conjuntos de la culpa a los conjuntos de los programas. Ahora ya no es posible formar gobierno -ni siquiera desde la coherencia de los próximos ideológicos- y hay que mezclar lo incoherente para hacerlo coherente al final en el BOE pero sin llegar a esa mezcla de lo dulce y lo salado. Es así, o mayorías absolutas -o cuasi-absolutas- o incoherencia ideológica. Son los nuevos tiempos, es así como se gobierna en buena parte de Europa.

Gobernabilidad: ¿Teoría de los juegos o teoría de conjuntos?