sábado 04.04.2020

El fin de la borrachera neoliberal

Aunque Keynes publicó en 1936 su obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero (la General Theory…) no tuvo mucho éxito hasta, precisamente, acabada la Segunda Guerra Mundial. No la tuvo con sus aportaciones a la construcción de una llamada Unión Internacional de Compensación, ni en sus propuestas de la creación de una moneda –llamada hipotéticamente bancor-. En estas discusiones de los países vencedores de la guerra en Bretón Woods se saldó con una victoria del representante de USA, el economista Harry White, estableciéndose de facto el dólar como moneda de reserva internacional. Y eso que la Gran Depresión, comenzada en 1929, la evitó el presidente de USA, Franklin Delano Roosevelt, con su New Deal, que era un programa de gasto muy keynesiano a pesar de que aún Keynes no había publicado su obra. Y lo que sí fue muy keynesiano –aunque sin proponérselo- fue el plan Marshall para la reconstrucción de Europa. A España, como se sabe, no llegó gracias a la dictadura franquista. Y como señalaba Ramón Tamames, los niveles de producción de la economía española tardaron dos décadas en recuperarse respecto al nivel anterior a la guerra. Desde 1945 hasta mediados los años 70 –unos 30 años- la política keynesiana permitió la reconstrucción de Alemania, Italia, Francia, etc., convirtiéndose Europa, junto con USA, en la zona más desarrollada del mundo y, sobre todo, permitió la consolidación de un Estado de Bienestar único en el mundo, que aseguraba o casi un mínimo desde la cuna hasta la sepultara de los ciudadanos. Con diferencias, por supuesto entre países, pero esto fue la tónica general. Pero esto suponía unos impuestos altos según los sectores más privilegiados de las sociedades. Y aprovechando la crisis del petróleo de 1973 y siguientes y algunos brotes de inflación, se fue socavando ideológicamente este privilegio de los ciudadanos europeos para pasar a un privilegio de clases sociales dentro de cada país. Poco a poco fueron surgiendo intelectuales –vamos a ser generosos con el adjetivo- como los Hayek y los Friedman, también los Lucas y los Sargent, que defendían modelos donde el mercado, mejor dicho, el sólo mercado debían resolver los problemas socieconómicos de las sociedades, aunque ellos le llamaban solo económicos. Cuando menos Estado, mejor. La idea es la de que la educación, la sanidad, las pensiones (privadas, claro), solo la debían pagar quienes tenían capacidad económica para ello. Y resultaba sorprendente que una visión tan anticristiana fuera defendida por cristianos, por partidos políticos cristianos (pienso en la democracia cristiana italiana). Esta es la ideología que impregna, que impregnaba hasta hace nada, las instituciones mundiales como el FMI, el Banco Mundial, los bancos centrales, las grandes empresas, incluso, los bancos, a pesar de que a estos últimos es más que dudoso que les interese la incertidumbre, las crisis y los ciclos que genera la historia de la economía. Quizás es que a la dirección de los grandes llegaban prioritariamente –y hoy día– los neoliberales surgidos de la universidades privadas y de las escuelas de negocios.

Sin embargo la recesión del 2007/8 puso en solfa y en contradicción todo esto. Las hipotecas subprimes y otros productos financieros pusieron en riesgo todo el sistema financiero de USA y Europa. El presidente de USA entonces, Barak Obama, permitió que cayera el banco de inversión Lehman Brothers dada la corriente neoliberal imperante que aconsejaba dejar caer las empresas y bancos que quebraran. Sin embargo, y como un Paulo que se cayera del caballo, los que eran hasta entonces neoliberales y con responsabilidad en bancos e instituciones, se volvieron intervencionistas para que el Estado –es decir, los impuestos de los ciudadanos– resolvieran la cuestión. Es verdad que una empresa, una gran empresa puede caer, pero si cae un banco ello pone en peligro todo el sistema financiero porque un banco solo tiene en caja una pequeña parte del ahorro de los ciudadanos. Pero esa conversión –falsos conversos– era interesada y parcial, era solo para resolver los negocios privados y no los problemas de los ciudadanos. Obama y la Reserva Federal ayudaron con 700.000 millones. En Europa, por desgracia, aún el Banco Central Europeo estaba bajo el síndrome de Weimar y, en plena crisis ya, defendía aún la austeridad y no la compra de deuda (bonos) de los Estados. La cosa tardó en cambiar y solo a partir del 2015 se inició la compra de deuda de los Estados (el Quantitive Easing) cuando Mario Draghi llevaba 3 años en la presidencia del BCE.

La visión neoliberal de la economía que consiste en que cuanto menos Estado ha sido derrotada por el coronavirus porque sus propios defensores en todos los países reclaman más y más intervencionismo

Cabe preguntarse si los ciudadanos agradecieron a los partidos que rompieron con la austeridad suicida y defendieran con hechos y palabras la intervención del Estado, en contra de los partidos que habían defendido la austeridad. Pues no fue así, y en medio de la crisis, en Polonia, Hungría, Italia, Brasil, USA, los ciudadanos pusieron al frente de sus gobiernos a partidos y sujetos de extrema derecha. En España pusieron a Rajoy del PP hasta el 2016. ¿Harán lo mismo los ciudadanos, por ejemplo, españoles en las próximas elecciones poniendo al frente del Gobierno y de las presidencias de las Comunidades Autónomas a los que han deteriorado los sistemas de salud, a los que han privatizado a mansalva, como ha ocurrido en Madrid, en Galicia, y, desde hace poco, en Andalucía? Veremos.

En España, el presidente de Gobierno ha impuesto las condiciones de confinamiento más duras en toda Europa, a pesar los cual el Sr. Casado, del PP, le parece poco. Además, sin haber estudiado Medicina, sabe lo que había que haber hecho hace dos y tres semanas con antelación, al igual que muchos periodistas de derechas, que han hecho un máster en epidemiología en una semana. Lo mismo ocurre con la mayoría de los medios de comunicación de derechas, con los periodistas de derechas, que están propagando unas fake news de nuevo tipo. Ya no se trata de mentiras –aunque algunos medios persisten en ello– sino una nueva modalidad de la mentira que consiste en establecer relaciones causa y efecto de cosas no demostradas. De hecho el buen periodista no utiliza adjetivos en sus informaciones cuando son eso, información. Por ejemplo, si abrimos los diarios digitales del ABC y de El Mundo, vemos que quieren llevar a la opinión pública la idea de que los infectados y muertos en Madrid, Comunidad, son por culpa de la manifestación del 8 de marzo. Sin embargo no hay evidencia de ello. De hecho, la representa y responsable de Salud de la OMS, la señora María Neira, ha dicho que no puede ser por dos motivos: primero porque los casos de infectados crecieron a los pocos días en Madrid cuando se sabe que se necesita un período de incubación de unos 14 días para manifestarse los primeros síntomas; segundo, porque las manifestaciones se sucedieron en toda España y no solo en Madrid, y Madrid ha resultado una excepción. El profesor Simón ha argumentado también la mayor proporción relativa de las personas mayores en Madrid respecto a la media española como causa de mayor mortalidad. Pues bien, para los políticos de derechas, para los medios de comunicación de derechas, para los periodistas de derechas, todo esto no sirve porque su propósito es destruir un Gobierno que estiman progresista y, hasta hace poco, ilegítimo, a pesar de las elecciones democráticas, a pesar de la propuesta de investidura a Pedro Sánchez por parte del Jefe del Estado, a pesar de la confirmación del cargo por el anterior. También resulta asombroso cómo los neoliberales irredentos hasta ahora, como son los representantes del PP y de Ciudadanos –como ocurrió con la recesión comenzada en el 2007/8– piden la intervención del Estado para todo, sobre todo para las empresas. Así piden que no se paguen cotizaciones, que no se paguen impuestos, que el Estado –pero el Estado según ellos– pague los alquileres, que se paguen a los autónomos, etc. Los mismos que defendían que no podía haber déficit, que la deuda era muy alta –aunque Rajoy la aumentara en 350.000 millones de euros– ahora están haciendo creer a los ciudadanos más débiles intelectualmente varias cosas falsas. En primer lugar, que el Estado es el Gobierno pero no las Autonomías ni los Ayuntamientos. Es falso, pero el mensaje puede ser eficaz. En segundo lugar están haciendo creer –o intentándolo al menos– que el decreto del 14 de marzo sobre el estado de alarma les ha quitado competencias a las Comunidades Autónomas. Y como muestra véase las declaraciones continuas de la Sra. Ayuso. Es falso. De hecho, las Comunidades pueden utilizar los hospitales privados como si fueran públicos, pueden comprar mascarillas, epis, etc., por su cuenta, como lo puede hacer la Administración Central del Estado, como lo pueden hacer los Ayuntamientos. El decreto solo suspende la libertad de movimientos entre Comunidades para los ciudadanos que no tienen que desplazarse entre ayuntamientos para ir al trabajo, para asegurar los servicios esenciales, los suministros, etc., pero las competencias de Comunidades y Ayuntamientos son las mismas que tenían antes del decreto. La tercera intención que dan los Casado y compañía es hacer creer que el Estado –el Estado según ellos– puede proveer ilimitadamente de recursos a todos los ciudadanos. Resulta curioso que los que defendían hasta hace un cuarto de hora que el Estado no puede gastar más de lo que ingresa, ahora piden que lo hagan ilimitadamente. Da la sensación –¿se la da también a los votantes del PP?– de que a los Casado y compañía les importa un bledo la situación, la salud de los españoles, y solo están pensando en próximas elecciones, sean las gallegas, vascas o, en su caso, generales. Unos datos sobre el el Sistema de Salud Pública española. Según el Ministerio de Sanidad, en el año 2009 (gobernaba Zapatero), el gasto público dedicado a la Sanidad Pública era de 72.928 millones de euros; para el 2013 (gobernaba Rajoy), era de 65.749 millones. Las camas en funcionamiento en el 2010 eran 115.418; en el 2014 eran 109.435. El período medio de demora quirúrgica era de 65 días en el 2010 y en el 2016 de 115 días. En la C. de Madrid, en una década, ha disminuido el personal sanitario en 3.200 profesionales, a pesar de que la población protegida ha aumentado en 500.000.

En cuanto a las medidas implementadas por el Gobierno son duras pero aceptables. En el aspecto económico no veo tan claro los supuestos 200.017 millones que anunciaba el Presidente. En primer lugar se dice que 100.000 millones deben ponerlo el sector privado. Yo apuesto que no lo van a hacer porque eso supondría un gasto añadido al gasto habitual cuando el Consumo en sectores como el turismo, construcción, automóvil van a caer en picado. En todo caso es un brindis al sol. Además se habla de que 100.000 millones son avales destinados a facilitar la liquidez de las empresas. Es decir, el gasto en principio anunciado son esos 17.000 millones más otros 8.000 millones ya comprometidos: es decir, 25.000 millones. Lo de los avales es digno de reflexión porque siempre es difícil evaluar el gasto real que ello pueda suponer. De hecho solo se convertirán en gasto precisamente los morosos –al menos temporalmente– y los fallidos, y en situaciones como esta es imposible evaluar qué porcentaje de los 100.000 millones se harán efectivos. Creo que no solo es responsabilidad de la Oposición –como ya se ha mencionado– hacer creer, con una reconversión mental inaudita, que el Estado puede atender todas las situaciones sin coste alguno porque también la forma de anunciarlo el Presidente puede contribuir a ello. Es verdad que todo está condicionado por el afán de centrarse en lo sanitario, pero es peligroso porque puede hacer creer a los españoles que el Estado puede financiar cualquier cosa sin coste, sean cuales sean los ingresos del Estado. El Estado –A. C. del Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Diputaciones, Cabildos– tiene tres formas de financiarse: a través de los impuestos, mediante préstamos exteriores o emitiendo Deuda Pública. Es verdad que el BCE ha anunciado 750.000 millones de “ayuda” a los países miembros, pero tiene que concretar si solo va destinado al tema sanitario, si va a comprar Deuda de los Estados también, incluso si va a comprar a las empresas títulos. En todo caso si el BCE va a comprar Deuda, ésta, obviamente, ha de emitirse. La Deuda Pública española en el cuarto trimestre del 2019 es de 1.188.893 millones de euros, con una amortización en ese trimestre de 18.800 millones. Y ello frente a un PIB de 1.244.000 millones. En realidad, todo el gasto que no se financie mediante impuestos acaba en aumento de la Deuda por la diferencia. Desde luego los criterios de Bruselas del déficit van a saltar por los aires así como sus recomendaciones de amortizar Deuda Pública. La consecuencia de aumentar la Deuda es la de que los intereses a pagar serán mayores para unos mismos tipos de interés puesto que estos se girarán sobre una base mayor. También puede suponer un aumento de la prima de riesgo como consecuencia de que la solvencia del Estado pueda interpretarse en los mercados que disminuye, aunque esta posible variación de la solvencia va a depender de cómo varíe la solvencia a su vez de la Deuda alemana. La segunda consecuencia de un gasto que no se corresponda con secuencia de producción de bienes y servicios producidos son posible brotes de inflación (la teoría cuantitativa del dinero no se ha esfumado). A pesar de todo, el Gobierno tiene que asegurar un gasto compensatorio de la disminución del Consumo para evitar que la demanda agregada de este año sea significativamente inferior a la del año pasado, porque en ese caso entraríamos en recesión. Es decir, ni el Gobierno, ni el BCE ni el FMI van a evitar que seamos un poquito más pobres, pero si evitamos los errores de los gobiernos del PP durante la Recesión de la década pasada y al menos evitaremos una nueva recesión.

La visión neoliberal de la economía que consiste en que cuanto menos Estado, menos Sanidad Pública, menos Educación Pública, solo pensiones privadas y dependencia para el que pueda pagarla, ha sido derrotada por el coronavirus porque sus propios defensores en todos los países –en España el PP, Ciudadanos– reclaman más y más intervencionismo. La cuestión es si será derrotada en las urnas en las próximas elecciones. Veremos

El fin de la borrachera neoliberal