domingo 23.02.2020

Delenda est Iglesias

La cuestión desde el lado de la izquierda es que Pablo Iglesias se ha convertido en rémora de la izquierda, una máquina de dar votos a la derecha, incluso en hechos en los que no es protagonista mal que le pese, como es el caso de la salida de Errejón

Intentaré hacer una crítica de izquierdas a la labor dirigente de Pablo Iglesias llevado, en mi caso, por el deseo de que gobierne la izquierda en el Gobierno de la Nación, en las Comunidades y en los Ayuntamientos. Hay que decirlo porque ahora salen desde la derecha más reaccionaria –Marhuenda, por ejemplo– algunos aparentes defensores de Iglesias, cuando sabemos que se le abren los esfínteres a este tertuliano full time cuando oye la musiquilla del PP.

Podemos surgió más paralelamente al 15M (2011) que por su causa, pero fue un aire fresco para la esperanza de que hubiera un gobierno de izquierdas en España que fuera de verdad de izquierdas; o al menos socialdemócrata consecuente; o, al menos, inequívocamente progresista. El PSOE de Felipe González, este mismo tipo que defiende ahora con Aznar reconocer una vía golpista para el problema venezolano, no era de izquierdas. Por ejemplo, hizo una reconversión industrial salvaje, creó los nefastos contratos temporales de cuyos barros tenemos los actuales lodos en el mercado de trabajo, no nos sacó de la OTAN –nos metió Lepoldo Calvo-Sotelo– cuando parecía decir lo contrario, y lo más terrible, consolidó la enseñanza concertada, una auténtica vergüenza que aún perdura, que consiste en que con nuestros impuestos se permite mangonear a curas y monjas en la enseñanza secundaria, bien por la vía directa de algunas enseñanzas, bien por la vía de la gestión. Es verdad que con esto están de acuerdo millones de españoles, pero esta concesión reaccionaria no es una virtud del buen gobernante sino una vergüenza para los españoles que lo defienden. Gobernar desde la izquierda consiste en cambiar las cosas desde un conjunto de ideas de progreso, justicia e igualdad, lo cual es incompatible con este tipo de enseñanza. Es verdad que Felipe universalizó la Sanidad y mejoró las comunicaciones y otras cosas que, como la anterior, no son ni de izquierdas ni de derechas pero que hay que hacerlas. Tampoco hizo nada para que los vencidos y descendientes de la mal llamada Guerra Civil recuperaran sus derechos y su dignidad. A Felipe González eso le importaba un pimiento. Y le sigue importando actualmente.

Luego llegó al Gobierno Aznar, un tipo realmente repugnante, un falangista tardío que engañó a los españoles,  especialmente a sus votantes, con lo de los atentados del 11M (2004), que volvió a engañar a sus votantes de nuevo con lo de las armas de destrucción masiva de Irak. Lo cual, dicho sea de paso, es una indignidad para los que le han votado por segunda vez. Pero gracias a ello volvió el PSOE al Gobierno de la mano de Zapatero. Su primer mandato podemos tildarlo de progresista aunque sólo fuera por lo del cambio de criterio en lo del aborto y por lo del matrimonio homosexual, pero en su segundo mandato la cagó un tal 11 de mayo del 2010 ante la presión de la teutona que gobernaba –y aún gobierna– Alemania y congeló los sueldos de funcionarios y pensiones por miedo a un rescate desde la UE. Ello le costó las elecciones y a finales del 2011 llegó al Gobierno un indolente –para lo bueno y lo malo– como Mariano Rajoy, que ahora Casado y compañía lo están haciendo hasta de centro. Pues a pesar de todo el bipartidismo parecía instalado en España en contra de la tendencia europea. La derecha vendía la cosa como síntoma de estabilidad, pero llegó en 2007 la segunda crisis económica más importante del mundo Occidental desde 1929 –y también aunque en menor medida en otras partes del planeta– y todo el chiringuito de mentiras neoliberales se vino abajo. Ya no estábamos en el mejor de los mundos posibles, el reino de Pangloss era un espejismo y el modelo neoliberal se quedó desnudo, en pelotas, como lo que es, un modelo para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los que ya lo son o van camino de serlo.

A consecuencia de todo ello, a consecuencia de esa crisis general y las políticas neoliberales del PP, nació Podemos y se reforzó Ciudadanos (1). Con Podemos parecía que surgía un partido consecuentemente de izquierdas y con Ciudadanos parecía que al fin había en España un partido de ámbito nacional inequívocamente democrático, aunque fuera de derechas. Hasta entonces, tanto en el siglo XIX con sus pronunciamientos (“los siete entierros de la democracia”) como en el XX con los golpes de Estado de Primo de Rivera-Alfonso XIII y con el de Franco en el 36 hasta la irrupción de Ciudadanos, la derecha democrática no había existido. Hubo intentos timoratos en el XIX, bien intencionados, es verdad, pero se quedaron en agua de borrajas. Pero de nuevo ahora en Andalucía, con este partido gobernando, aunque sea por omisión, con el PP tardofranquista de Casado y con los neofalangistas de VOX, la cosa es ya dudosa. Y nos queda el Podemos de Pablo Iglesias. En este partido confiábamos muchos, no para que llegara a presidente de Gobierno este profesor con pinta de penene eterno y sin un chavo para una chaqueta aunque sea de las rebajas. Pero la verdad es que Podemos, de la mano de Pablo, se ha convertido en una máquina de cometer errores desde un punto de vista de izquierdas. La principal de ellas fue que Podemos pudo echar a Rajoy en el 2016 y no lo hizo. Es verdad que han rectificado y lo han echado en el 2018 cuando nada había cambiado en esos dos años. Fue lacerante lo del 2016 para los que votamos a Podemos porque veíamos impotentes cómo con nuestro voto seguía gobernando Rajoy, con su ley mordaza y con su reforma laboral del 2012. Pero me temo que semejante error no tiene reparación. Desde entonces todo lo que hace Pablo Iglesias le da votos a la derecha y Podemos pierde en las encuestas. Eso de momento. Se ha hablado del fracaso del PSOE en Andalucía de la mano de Susana Díaz, quizá con razón porque los andaluces que la podían votar no querían más Andalucía sino más empleo, más igualdad, más justicia y más reconocimiento de los errores del PSOE en esa Comunidad (los eres). Pero el otro fracaso es de Podemos, que lo es más porque precisamente su partido competidor de la izquierda había bajado notablemente su cosecha de escaños. No por ello quedan exentos de responsabilidad los 396.000 votantes del VOX, que votaron a un partido que acabaría con la democracia si pudiera, pero esa es otra cuestión. La cuestión desde el lado de la izquierda es que Pablo Iglesias se ha convertido en rémora de la izquierda, una máquina de dar votos a la derecha, incluso en hechos en los que no es protagonista mal que le pese, como es el caso de la salida de Errejón de esa disciplina de partido o, ahora más recientemente, la dimisión de sus cargos institucionales del responsable de Podemos en Madrid. Son los lodos de aquellos barros. Y como en política, en un país democrático, el poder fáctico más importante –no el único, claro– son los votos, la suerte está echada para ese pequeño-burgués embutido en traje trasnochado de izquierdas. Hasta los barones de Podemos –me acabo de enterar de que en Podemos también había barones– no están satisfechos con la gestión del líder supremo. Todo esto es importante porque el PSOE no podrá gobernar –ni sería bueno después de la experiencia del ínclito Felipe– por mayoría absoluta, lo cual hace imprescindible el apoyo, al menos para supuestas investiduras, de Podemos y sus confluencias. Hasta los de Podemos parecen querer huir de la marca Podemos. Y creo que gran parte de la responsabilidad de esta situación es de Pablo Iglesias. Y mejor que sea así, porque entonces lo de delenda ya no sería sólo para el líder sino también el partido. En definitiva, por el bien del partido y por el bien de posibles y necesarios gobiernos de izquierdas en la Nación, Comunidades y Ayuntamientos, delenda est Iglesias.


(1) Para ser justos, a Ciudadanos le han reforzado indirectamente los independentistas catalanes, incluso los que son de su misma ideología.

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