#TEMP
jueves. 30.06.2022

Aún es posible

El 9 de enero de este año y tras las elecciones del 20 de diciembre del 2015 escribía un artículo publicado en este medio que titulaba “O Pedro Sánchez o Pedro Sánchez”. No expresaba ningún deseo sino que era fruto de un análisis de los resultados electorales entonces y, sobre todo, por la evolución sociológica del voto en España. La cuestión en España hoy por hoy e independientemente casi –pero sólo casi– del resultado electoral, es que sólo puede ser presidente de España o el líder del PP o el líder del PSOE. El PP aglutina aún el voto de los dos tercios de la Derecha y el PSOE aún lo hace con la mitad del voto de la Izquierda. Aproximadamente. Ambos partidos son conservadores en el sentido literal del término. Ambos son un precipitado de las dos opciones que han recorrido España desde el siglo XIX hasta ahora, aunque concretados en partidos con nombres diferentes: conservadores, liberales, moderados, exaltados, democráticos, republicanos, etc. En España hay aún un bipartidismo sociológico, donde la Cultura, la Iglesia, la división entre la España rural y urbana, las generaciones y los nacionalismos son determinantes. Sin embargo ese bipartidismo sociológico se ha roto en su representación política. Ahora hay dos partidos en la Derecha y dos en la Izquierda que pretenden perdurar ese bipartidismo sociológico intentado cainitamente acabar con el afín. Ya pasó con el PCE y el PSOE –luego IU– y triunfó el PSOE. Lo mismo en la Derecha con UCD y el post-franquista Alianza Popular, y triunfó este último, aunque cambiando de nombre una vez amortizado Fraga Iribarne y su techo electoral. Es el actual PP. La Derecha se ha fragmentado al igual que la Izquierda, pero no de la misma manera. En la Derecha se consolida como hegemónico el PP. En la Izquierda existe esa brecha, pero partida en dos mitades casi iguales tal que aún es pronto para saber cuál de los dos –Podemos o PSOE– va a ser hegemónico en el próximo futuro. Va a depender también de los aciertos y errores de ambos. Pablo Iglesias ha pretendido a partir de unas encuestas erradas superar al PSOE sin entender que para eso es aún pronto, confundiendo un éxito político indudable con la sociología política. Para Podemos aún es pronto y para el PSOE quizá sea demasiado tarde, porque la brecha generacional abierta no tiene cirugía.

El PP ha ganado 690.433 votos y Ciudadanos ha perdido 376.772, lo cual representa sólo una ganancia de un 3,03% de  votos respecto a las elecciones del 20D. Y en términos de escaños, la Derecha de ámbito nacional ha recuperado sólo 6 escaños respecto a los 163 (123 PP+40 Ciudadanos) del 20D, de los cuales 5 ha perdido el PSOE (de 90 a 85). El escaño de diferencia está en la pérdida de uno del PNV. Podemos, en términos de escaños, ha permanecido igual, pero ha perdido directamente 139.729 votos más supuestamente los 923.133 votos de IU que obtuvo esta formación política el 20D del 2015. Es decir, 1.062.862 votos respecto a la suma Podemos e IU del 20D. Un aparente desastre socio-electoral, mitigado porque la ley electoral en el 26J no les ha perjudicado al ir juntos y Unidos Podemos ha obtenido exactamente los mismos escaños que IU y Podemos el 20D por separado. En conjunto, la izquierda de ámbito nacional ha perdido 1.168.932 votos, lo que supone una caída del 11,16%. Una barbaridad en un período de apenas 7 meses. El efecto es menor en términos de escaños por lo antes comentado, porque el sistema electoral masacró a los votantes fuera de la capital Madrid de IU el 20D. La conclusión es clara a la vista de estos datos de votos –que no de escaños– y contraria a lo que se viene afirmando: la siembra del miedo por parte del PP por la posibilidad de que “el coletas” pudiera dar el “sorpasso” y ser presidente de Gobierno –lo cual lo uno no llevaba necesariamente a lo otro–, el voto del miedo del PSOE hacia Podemos y el Brexit, sólo han servido para dar a la Derecha 331.661 votos más, el mencionado aumento del 3,03%. Del conjunto de las pérdidas de la Izquierda de ámbito nacional, el PSOE se ha dejado 106.070 votos. El problema ha estado en Unidos Podemos. Como diría un andaluz: ¿qué “ta pasao”? Esto se lo tiene que hacer mirar la formación morada.

No vale, a partir de ahora, sólo con sumar y restar los datos de los resultados, sino que es imprescindible encuestas que muestren el juego de traspasos de votos entre partidos y abstenciones, especialmente entre PSOE y Podemos. Y también entre PP, Ciudadanos, PSOE y abstención. Aventuraré algunas hipótesis a la espera de las encuestas. A Podemos le ha perjudicado la campaña del miedo del PP, dando votos al PP, otros procedentes de la abstención anterior y, quizás, de Ciudadanos, dándole votos al PSOE y llevando a una parte a la abstención. También le ha perjudicado a Podemos la campaña del miedo del propio PSOE, partido que había entrada en pánico al leer las encuestas que, machaconamente, pronosticaban el temido “sorpasso”. Al final no se ha producido, pero el coste es carísimo porque, entre esta campaña del PSOE más la práctica nazi (goebeliana) del PP de repetir mentiras hasta que se convierten en una “verdad”, se ha canalizado hacia el PP muchos posibles votantes débiles intelectualmente que votaron a otros partidos o se abstuvieron el 20D. Estos trasvases de votos de clases populares desde la Izquierda a la Derecha no es nuevo en la Historia. Ocurrió con las elecciones en Alemania en 1933 donde una parte de los feudos del partido Comunista Alemán se pasaron al partido de Hitler, y está ocurriendo ahora en Francia con Marine Le Pen. No obstante, apuesto a que la pérdida de votos mayor de Podemos ha tenido dos causas importantes: 1) la imagen proyectada de Pablo Iglesias de prepotencia y perdonavidas (hacia el PSOE), 2) que el voto a Podemos del 20D no haya servido para echar del Gobierno a Rajoy. En cuanto a IU, no soy capaz de aventurar cómo han votado los tradicionales votantes de esta formación, ahora que se ha unido a Podemos electoralmente de momento.

Al PP le han hecho la campaña los demás porque es difícil que surja en este país y fuera un político tan anodino, tan insulso y tan indolente en cualquier aspecto imaginable como el gallego. Una parte de ese aumento de 690.433 votos lo ha recogido de la campaña del miedo construida por el propio PP hacia Podemos, facilitado por la imagen de innecesaria de prepotencia y perdonavidas antes comentada de Pablo Iglesias, sin que tal efecto se haya compensado por el travestismo de última hora de Iglesias –su patriotismo y su conversión a la socialdemocracia– que era imposible fuera convincente, incluso aunque Iglesias haya sido sincero. En tan poco tiempo el continente importa más que el contenido. Apenas habría traspaso de votos del PP o de Ciudadanos a Podemos, incluso aunque Iglesias cogiera los hábitos y se hiciera monje cartujo a la par que líder de su partido. Otra parte de los votos del PP proceden de Ciudadanos por la consolidación de la idea de que el partido de Rivera jamás apoyará la investidura de Rajoy si no es por un acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos. Creo que el PP tiene su techo y sus votantes son aquellos a los que la dignidad no les da para superar éticamente la corrupción generalizada del partido. Antes morir que perder la vida.

Y a pesar del resultado electoral del 26J aún queda una última bala en la recámara porque es posible un acuerdo entre PSOE, Podemos y Ciudadanos para la investidura de Pedro Sánchez. Otra cosa es la formación de Gobierno y, sobre todo, la legislatura que viene. Ahora la suma de Ciudadanos más PSOE se queda a 20 escaños del PP, cosa que no ocurría tras el 20D, donde esta suma superaba al PP en 7. Ahora es imprescindible el acuerdo de los tres partidos que han quedado en segundo, tercero y cuarto lugar. Con los nacionalistas catalanes no se puede contar para nada que no tenga contrapartida pro-independentista. Con el PNV es posible cualquier cosa, pero ahora tienen 5 escaños. Ahora Pedro Sánchez, que ha quedado de nuevo por encima de Podemos, puede presentar la siguiente alternativa: o me dais la investidura o quedan sólo dos más: o nuevas elecciones o la abstención del PSOE para que siga Rajoy, aunque eso suponga la pasokización definitiva del PSOE. La cuestión sigue siendo la misma: en España, hoy por hoy, sólo puede ser presidente el jefe del PP o el del PSOE. Podemos debe madurar, Pablo Iglesias más parece un líder estudiantil que un aspirante a la Moncloa; el PSOE no da para hacer presidente a Iglesias incluso aun cuando Podemos superara al mismísimo PP en votos en unas nuevas hipotéticas elecciones. Al menos el PSOE actual de las baronías. Por ello la posible investidura debe ser casi un contrato de adhesión de Ciudadanos y Podemos a Sánchez, porque cualquier negociación a tres –si es que llegaran a sentarse juntos– está condenada al fracaso. Al final todo se reduce a dos alternativas: o Rajoy o Sánchez aunque se repitan las elecciones indefinidamente. Luego vendrán los posibles acuerdos de legislatura, posibles pactos, paso de un Gobierno monocolor del PSOE a otro más plural durante la legislatura y alguna sorpresa más. Esto es lo posible. Y con un peligro para posibles nuevas elecciones porque, dos corrupciones más del PP, y mayoría absoluta para Rajoy el anodino.

Aún es posible