domingo 31.05.2020

Reflexión personal sobre los envíos de propaganda electoral

En estos días de campaña llegan a los domicilios particulares de quienes estamos censados las cartas e impresos de propaganda electoral.

propaganda-electoralEn estos días de campaña llegan a los domicilios particulares de quienes estamos censados las cartas e impresos de propaganda electoral. En ellos se insertan las papeletas de los correspondientes partidos tanto al congreso de los diputados como al Senado, en esta última marcada con tres cruces para asegurar el voto a la candidatura de que se trate.


Acompaña a este envío una carta personal del líder de la candidatura, el rostro conocido que uno identifica con la opción de partido que respalda. Hasta estas elecciones, nunca he leído esta carta de acompañamiento, en gran medida porque resultaba superflua respecto de opciones bien conocidas cuya fuerza electoral en disputa era siempre predecible: tiempo de bipartidismo. Sin embargo, las elecciones del día 20 parece que van a abrir un paréntesis previsiblemente largo en este panorama, alterando el cuadro de partidos y permitiendo la irrupción de nuevos agentes políticos en el Parlamento. Los grupos emergentes hablan de una “nueva transición” y parece que se prevé asimismo una reforma del marco constitucional de distinto alcance. Quizá esa aspiración a la novedad es la que me ha hecho leer esta vez las cartas que me dirigen como elector.

Lamentablemente por el momento sólo han llegado a mi casa tres opciones. La del PP, con una larga carta de mi Presidente de Gobierno, como afirma su firmante, Mariano Rajoy; la del PSOE, encabezada por Pedro Sánchez y, en fin, la de Izquierda Unida – Unidad Popular que encabeza Alberto Garzón. Aunque no querría sacar apresuradas conclusiones, parece que se han adelantado los exponentes de la “vieja política” respecto a las formaciones emergentes. Seguiré esperando por tanto el discurso personalizado que éstas vayan a darme.

La carta de Rajoy, con su fotografía en el borde superior derecho de la misiva, flanqueada por el anagrama circular de su partido y la fecha de la contienda electoral, subraya el mensaje de “España en serio”, toda una declaración respecto de la informalidad y carencia de solvencia de las otras candidaturas frente a las que concurre. La carta es previsible, aunque siempre sorprende la desfachatez del candidato, como cuando afirma que la prioridad de su gobierno ha sido el crecimiento  y la creación de puestos de trabajo. El paroxismo del asunto llega cuando afirma que seguirá creando medio millón de empleos por año hasta llegar a la cifra de 20 millones de ocupados en el 2020. Una expresión de obscenidad intelectual de un presidente en cuyo haber se encuentra tener casi cinco millones de personas en paro, en unas cifras imponentes respecto del resto de países de la Unión Europea, con un paro juvenil astronómico y un aumento de la población en riesgo de pobreza o exclusión social, que ha llegado al 29%. Ni que hablar del incremento exponencial de la desigualdad, la erosión de los derechos y la devaluación salarial a través del bloqueo de la negociación colectiva, y la regresividad y fraude de la fiscalidad.

Es llamativo no obstante que en la carta no se hable de la reforma laboral, posiblemente porque esta expresión va asociada a la degradación de los derechos que ha generado, ni de los recortes sociales, de manera que la conservación y revalorización de las pensiones  no constituye un objetivo específico del programa en la carta del Presidente del Gobierno salvo en una alusión genérica a la importancia del crecimiento para “aumentar” las mismas. Dos ausencias muy llamativas, ciertamente, para quienes han hecho de estos elementos de las políticas de austeridad su bandera, a través de la reformulación del marco normativo de las relaciones laborales y el equilibrio presupuestario,  la reducción del gasto social y el “factor de sostenibilidad” de las pensiones, y en un contexto en el que los otros partidos inciden precisamente, desde diferentes perspectivas (derogación de la reforma laboral, implantación del contrato único, etc.), en estos temas.

Los otros contenidos destacados por Rajoy son ya sabidos: la “deriva secesionista” que combatirá “con firmeza y proporcionalidad, diálogo y escrupuloso cumplimiento de la ley”, y “acabar con la sinrazón del terrorismo yihadista” que nos amenaza. El último de los ítems abordados es aquel del que el Presidente “no hay día que no lo lamente”, como afirma expresamente, y es el de la corrupción en su propio partido, porque enumerar los casos que se dan en los otros “sería decirte lo que tu ya sabes”. Todo se reduce, como es lógico a una equivocación, al dar la confianza a personas que no lo merecían, que están ya fuera de la vida pública y que “ya no pueden hacer más daño”. Al decir de la carta Rajoy es el adalid de la anti-corrupción, que le repugna.

El discurso negacionista es simple y lo conocemos reduplicado por todos los lugares, mezclado con las imputaciones continuas a la corrupción de los otros como un mal generalizado, pero me parece que no puede tener mucho éxito si se recuerda lo que se ha sabido desde hace tanto tiempo y con tanto detalle. La intervención de Pablo Iglesias en el “debate del siglo” incitando al recuerdo y a la memoria es mucho más efectiva y coloca las mentiras que nos cuenta el Presidente en su carta ante su propio espejo, que le devuelve un panorama de corrupción como forma de financiación permanente del Partido Popular y como estilo de gobierno a través de la estrategia privatizadora de los servicios y espacios públicos.

Tras la carta del PP siempre se recibe de mejor humor la que me envía Pedro Sánchez desde el PSOE. Con su fotografía destacada en el borde izquierdo del folio, un logotipo del partido discretamente situado a la derecha del mismo, el lema de la campaña aparece al final, colocado también a la derecha de la firma del líder socialista: Un futuro para la mayoría. La carta está personalizada, y la que me dirige a mí es diferente a la que ha recibido mi mujer, más joven. Sánchez reconoce y agradece los esfuerzos de los de mi generación en construir un país mejor, y me asegura que las nuevas generaciones recogerán mi legado y lo harán continuar. A partir de ese momento, la carta me sitúa en la posición honorable de quien ha hecho mucho por la democracia y la modernización del país y que ahora debe ayudar a que otros, las nuevas generaciones, prosigan con la obra iniciada antaño. El legado es la cosa material o inmaterial que se deja en testamento o se transmite de padres a hijos, de generación en generación. Votar al PSOE el 20 de diciembre es el acto de transmisión requerido, el paso del testigo a una nueva generación que sabrá continuarlo. Emocionado, no quiero seguir leyendo y me refugio en la discreta morada de mis recuerdos heroicos sobre los hechos sin duda imprescindibles que he realizado para construir esta democracia. Me siento un poco como Felipe González respecto de la democracia venezolana, de manera que no sigo adelante porque me basta el mensaje que ya he captado. Me es suficiente saber que hay un equipo fuerte liderado por Sánchez que será el protagonista del cambio al que yo, desde mi situación de antecesor, podré apoyar mediante mi voto. 

Luego leo la papeleta y veo a un viejo y gran amigo en el número 9, alguien al que desde luego se le podría aplicar las consideraciones que el líder del PSOE me hace en la carta. Mentalmente le deseo suerte y que pueda ser otra vez diputado en estas elecciones generales. Y extraño en el número cuatro de la lista a Mari Luz Rodríguez, como se anunció en su momento. Claro que las cosas cambian rápido en estos tiempos. Ella si que previsiblemente estará en el Congreso como diputada por Guadalajara, pero quizá de otra manera que como lo había previsto.

Y al final, me llega el envío postal de IU-UP, “por un nuevo país”. No viene en sobre, sino en un curioso montaje que duplica la papeleta –sólo la del congreso, no la del Senado, que tiene otro formato -  y que adelgaza y agiliza el envío. La carta la firma Alberto Garzón, y me manda un abrazo (frente al saludo de Sánchez y al “Muchas gracias”, sin signo de afectividad específico, de nuestro presidente del gobierno), aunque me trata correctamente de usted. El mensaje es claro, de un lado menciona el incremento brutal del desempleo, la precariedad, la miseria, la incertidumbre y la desigualdad como responsabilidad de los gobiernos y los poderes económicos; de otro explica que IU lleva luchando frente a la injusticia, la guerra o la insolidaridad desde hace mucho tiempo, defendiendo la sanidad, la educación, las pensiones públicas y los derechos laborales. Me pide el voto porque quiere un nuevo país en el que cada hombre y cada mujer puedan construir sus propios proyectos con dignidad.

Es un mensaje breve pero sincero. Y además el candidato Garzón me cae bien. No me parece correcta la exclusión sistemática que la privatización del debate público a través de las cadenas privadas de televisión ha efectuado respecto de su persona y la opción política que representa. Al margen de la confluencia evidente con muchas de las propuestas de reforma que sostiene ahora Podemos, y del neo-anguitismo que en muchos momentos aparece en el discurso de Garzón, creo que no es admisible cebarse contra una opción política que tiene un largo pasado de lucha y de construcción democrática y que cuenta aún con una significativa representación parlamentaria. La decisión privada de ignorarla es una muestra de la gran necesidad de restauración política una vez decaído el intenso ciclo de luchas que de manera ininterrumpida se ha llevado en nuestro país desde 2010 hasta 2014. Y es extraño que para afirmar esa presencia Garzón esté tan solo, sin que muchos de sus compañeros y camaradas alcen su voz contra este hecho, sino que, al revés, proclaman de forma imprudente que se declaran insumisos y  que no participarán en la campaña. Una forma rara de reivindicar las viejas banderas.

Personalmente me molesta que el envío postal no acompañe la papeleta del Senado, aunque comprendo los motivos y el ahorro que supone. Pero es que quiero votar a Jaldía Abuabarka, la candidata palestina que IU-UP propone como senadora por Madrid, que Israel retiene en Gaza. ¿No les parece una buena idea votar a Abuabarka, dado que seguramente los tres senadores primeros por Madrid irán encabezados por Pío García Escudero, como forma de expresar la solidaridad activa con esta persona y a su través, con la causa palestina? Dicho sea con perdón del momento histórico, claro está.

Reflexión personal sobre los envíos de propaganda electoral