miércoles 25/11/20

Parecerse a Izquierda Unida

No es costumbre de este blog realizar muchos análisis electorales, y menos cuando se refieren a realidades nacionales que no se conocen. Una regla de oro que no se debe trasgredir es hablar fundamentalmente de lo que se cree saber, aunque se debe ser siempre consciente de que muchas veces esa percepción que da seguridad al juicio emitido no se corresponde con la realidad. Así que dejando de lado los muy modestos resultados del PSOE y la noche triste para Unidos Podemos en Galicia y en Euskadi, lo que sitúa al bloque del gobierno central en esos territorios en una situación subalterna a la izquierda soberanista, esta entrada se quiere centrar en alguno de los comentarios más recurrentes sobre estos resultados electorales.

En efecto, para glosar el resultado de ambos procesos electorales, se afirma que Unidas Podemos ha acabado pareciéndose a Izquierda Unida, y en esa comparación se resume sin necesidad de mayor explicación la crítica a la actuación política del grupo dirigente de Podemos, las escisiones y peleas internas y en fin, todo el contenido negativo de la imagen dividida que ha dado este grupo y su difícil estructuración territorial como partido que parece ha sido la causa de su descalabro electoral en Galicia y del importante retroceso en el País Vasco. En un periódico digital serio, como Infolibre, ese era el resumen de la crónica de Yolanda González: “Desaparición en Galicia y bajón en Euskadi: ¿De Podemos a Unidas Podemos para acabar pareciéndose a Izquierda Unida?”. Una reflexión en la que abundan algunos expertos citados en esta noticia, como Iván Serrano, que afirma que es muy posible que Podemos "haya modernizado, por una cuestión generacional, lo que era el espacio de Izquierda Unida" y ello por tanto sea la explicación de estos resultados. Con mayor contundencia, Íñigo Errejón ha incidido en la misma idea en un tuit muy reproducido por todos los medios de comunicación, señalando que Podemos ya no existía, “existe una cosa que ahora se llama Unidas Podemos y tiene los resultados de siempre de IU”. Para este político y dirigente de Más País, estos son “unos resultados pre15M, que indican un cierre de ciclo. No era "unir a la izquierda", era más ambicioso: construir pueblo”.

Se trata de una narrativa de la que se desprende que Izquierda Unida es a la vez la imagen de una formación de izquierda que personifica la derrota electoral y la inanidad política, el epítome del análisis político desenfocado y superado a partir del revulsivo fundamental de la política destituyente que impone el 15-M. Parecerse a Izquierda Unida es situarse en el espacio de la estrategia equivocada, de una ideología que la sociedad española no reconoce como digna de consideración ni relevancia, condenada de antemano al fracaso.

El desvalor que incorpora esta equiparación no es aceptable. Izquierda Unida surge en 1986 tras la crisis del PCE, incorporando a su ideario el caudal político democrático de este partido y la necesidad de coaligar fuerzas de izquierda como respuesta al alineamiento con el unilateralismo norteamericano mediante la entrada en la OTAN de España, apartándose de un neutralismo activo y comprometido con el pacifismo como señas de identidad de los partidos políticos de tradición democrática y antiautoritaria del antifranquismo. No llegó nunca a romper el bipartidismo instalado firmemente tras la victoria del PSOE en 1982, pero siempre se mantuvo como tercera fuerza nacional, castigada en su representación parlamentaria por el sistema electoral basado en la provincia y en el sistema D’Hondt, y osciló entre casi un millón de votos en sus momentos más bajos hasta los dos millones y medio de 1993, con Julio Anguita como coordinador general. Un número considerable de apoyo popular que no parece despreciable.

Izquierda Unida ha sido además la formación política de la resistencia a la consolidación de un modelo de sociedad desigual y a la remercantilización de las necesidades sociales, que hablaba del respeto a las libertades básicas fundamentales, individuales y colectivas, y que mantenía una tensión sobre la necesidad de un marco territorial plurinacional federado en la unidad del Estado español, sobre un pensamiento fundamentalmente republicano respecto de la forma de gobierno. Pero ante todo, para Izquierda Unida el trabajo era el eje de la subalternidad económica y social y de la dominación política, y en torno a este elemento central en la cohesión social de la comunidad nacional se estructuraba un discurso de emancipación y de libertad sustancial.

No es muy seguro datar el ingreso de la renovación democrática del sistema de partidos en el 15M, como una experiencia que eclipsa e invisibiliza el caudal de resistencia colectiva y de proyecto social y político que ha mantenido durante muchos años primero el PCE y luego Izquierda Unida para un sector importante de la población. Asociar esa cultura resistente y propositiva, con fuerte inserción en organizaciones sociales indispensables como los sindicatos, a la derrota y la insignificancia política, es equivocado y produce una mistificación inaceptable  de la narración histórica. Lo que significa Izquierda Unida en la cultura política y ciudadana de este país está asociado por el contrario a la consecución de numerosos espacios de libertad y de respeto a los derechos ciudadanos, a la capacidad de acción colectiva de las personas que trabajan, a la seguridad de la existencia y la mejora de las condiciones de vida. Una potente corriente ideológica que piensa la organización del mundo de manera alternativa a su configuración actual, injusta y desigual.

Rescatar ese significado político es importante en una etapa en la que el curso de las cosas hace que el pasado se desvanezca como el resto diurno de una pesadilla.


Artículo publicado en el blog 'Según Antonio Baylos...' al que hace alusión el autor al comienzo de estas líneas

Parecerse a Izquierda Unida