jueves 09.04.2020

La dificultad del viraje a la izquierda del socialismo ibérico

La posición que ocupen los socialistas españoles será garantía de una política democrática en la que se deben integrar...

La crisis ideológica y de proyecto de la socialdemocracia europea es un hecho conocido. La aceptación del ideario social-liberal como seña de identidad del partido socialista francés y el giro antisindical del Partido Democrático en Italia, que ha provocado el enfrentamiento directo con la CGIL no augura buenas perspectivas para replanteamientos en clave socialdemócrata de las formaciones políticas socialistas del sur de Europa. Con el agravante de que los pequeños matices introducidos en Francia e Italia a través de la negociación de aspectos financieros e impositivos para evitar la aplicación estricta de la prohibición del déficit presupuestario, han sido considerados por Alemania y su canciller de manera negativa, de forma que ambos países deben “profundizar en sus reformas”, especialmente en la legislación laboral y en el desmantelamiento del Estado social. Enfrentarse a esa deriva parece ser la única alternativa posible en la península ibérica si se quiere evitar el progresivo debilitamiento de estas opciones en términos electorales.

Esto sucede con el PSOE a partir de la elección del nuevo secretario general y de su equipo de dirección. Se ha iniciado un viraje político que se manifiesta en su compromiso de no gobernar con la derecha y la extrema derecha – aunque si a llegar a acuerdos sobre puntos concretos con esta formación – y en la asunción de una serie de compromisos políticos importantes. El más significativo, por su carácter simbólico, la derogación del art. 135 de la Constitución -aunque se habla de la reforma del precepto, el objetivo es depurarlo de los elementos que imposibilitan el endeudamiento para incrementar el gasto social, como ha recordado oportunamente Javier Doz- y a continuación la derogación de la reforma laboral, a través de la propuesta de un nuevo Estatuto de los Trabajadores cuya concreción todavía se desconoce.

Se trata de un compromiso difícil que contraría a las viejas guardias del Partido y a sus centros de referencia para fijar las líneas políticas en materia de política económica, que son las grandes empresas de la información y de las comunicaciones y la energía, grupos mediáticos afines, la tecno estructura del Banco de España y algunos centros de creación ideológica como FEDEA. El proyecto de estos grupos, que reiteran con más insistencia, es el de la “gran coalición” con la derecha y extrema derecha española, invirtiendo el ejemplo alemán, donde la CDU-CSU pactó con el SPD. En esa “dogmática” se ventila el futuro, como ha explicado muy bien José Luis López Bulla en su blog hermano, lo que dificulta la seguridad en que el proyecto presentado pueda ser viable (internamente) y lo hace difícilmente creíble para amplios segmentos de población que tienen muy próxima la política desplegada por el PSOE con Zapatero y Rubalcaba, y explican su apuesta programática como electoralismo para evitar el desbordamiento por la izquierda a partir de Podemos con el apoyo de Izquierda Unida.

Esta es también la situación en Portugal, aunque no se hable de ella, dada la ignorancia tradicional de nuestra cultura política respecto de la que se desenvuelve en el país vecino. El próximo congreso del Partido Socialista Portugués tiene como objetivo la aprobación de un claro viraje a la izquierda. Antonio Costa, el líder del PS, ha dejado claro cuáles son sus prioridades. Los compromisos del Estado respecto de la deuda son menos importantes que las responsabilidades del Estado con sus ciudadanos, de forma que rechaza la lógica del empobrecimiento propio de la política de austeridad. Enfatiza la necesidad de considerar al Estado como agente económico, cuya actividad es esencial para garantizar crecimiento y empleo, dando prioridad a la lucha contra las desigualdades y la pobreza, revalorizando a su vez el trabajo y la concertación social. Afirma asimismo que el PS no hará una coalición con los partidos de la derecha, con los que declara que hay un desencuentro ideológico e incluso generacional muy importante, propiciando por el contrario, un diálogo con la izquierda. También declara que el Estado no puede tener un modelo de familia y debe luchar contra la violencia doméstica. Hacía mucho tiempo que el PS –ahora afectado además por la detención y encarcelamiento de su ex secretario general y presidente del Gobierno, José Sócrates– no establecía este diagnóstico y elaboraba un proyecto de manera tan clara como vehemente.

Sin embargo no es fácil dar ese giro. En el Partido Socialista pervive un discurso anticomunista que se define como anti-izquierdista, que lleva a una lógica de exclusión de toda formación política que cuestione críticamente el sistema económico en vigor y pueda alterar el sistema bipartidista que alterna los gobiernos. El vicepresidente del grupo parlamentario socialista promete que “no se izquierdizará el PS” y un relevante eurodiputado del partido preconiza “un entendimiento de régimen” con el PSD si el PS no alcanza la mayoría absoluta.

La apertura del programa del PS a los agentes de la izquierda social y política- principalmente al PCP, pero también al Bloco de Esquerdas, hoy muy en crisis- es un elemento muy importante en el diseño de un cierto frente de resistencia a las políticas financieras de austeridad, a la renegociación de la deuda y al cambio de los planteamientos neoliberales de la troika por una acción europea federal que reforme de manera efectiva las estructuras políticas y financieras de la región sobre la base de una política de participación democrática de la ciudadanía europea.

Lo mismo sucedería si el socialismo español es capaz de articular una propuesta abierta a los grupos de izquierda que se enfrentara a la insoportable autoridad económico financiera que insiste en el empobrecimiento masivo, la desigualdad como regla y la pérdida de los derechos laborales en nuestros países. Para ello es necesario explicitar un programa común que pueda ser compartido desde las posiciones de izquierda, sin exclusiones, enunciado con la radicalidad democrática que los tiempos requieren. En ese diseño ideal, la posición que ocupen los socialistas españoles será determinante de su supervivencia, pero asimismo de la garantía de una política democrática en la que se deben necesariamente integrar.

La dificultad del viraje a la izquierda del socialismo ibérico