domingo 05.07.2020

Pepe Mújica, un cambiador del mundo

José Alberto Mujica, o Pepe Mujica como todos le conocemos, ha estado en Valencia. Ha sido invitado por la Fundación por la Justicia (FxJ) y el Consejo Valenciano de Colegios de Abogados (CVCA) que le han entregado el Premio Derechos Humanos 2019.

Ha aprovechado su estancia dejándose llevar de una a otra conferencia: con el President de la Generalitat, en el acto de entrega del premio, y en una charla abierta con el público valenciano. Porque su visita ha desbordado las previsiones de afecto, cariño, interés, y público que ha acudido a escucharle.

Viejito, como él dice, teme que este sea su último viaje a España, a la patria grande, pues ya le resulta difícil resistir tantas horas de vuelo. Además, la vejez hace, según él, que ya no te guste salir de la casa propia, y más cuando se vive en una casa tan portentosa como la suya. Porque, aunque muchos piensen que es modesta y humilde, su casa está llena “de árboles, pájaros, tierra, hormigas, …” ¡qué más se puede pedir!

Mujica no ha defraudado. Sencillo pero firme, sin pretensiones, ajeno al protocolo pero respetuoso y educado, habla con esa voz envolvente, con frases poéticas y humanas, cargadas de ideología y compromiso, para reivindicar su pasión por la vida, por nuestro planeta, y por la condición humana, pues apuesta por la juventud y sus capacidades, a quienes aconseja que tomen riendas, “porque no se puede abdicar de nuestro tiempo”, porque tenemos compromiso con nuestra existencia y la de nuestros semejantes. Sobre todo, les aconseja que no malgasten su tiempo, que no malgasten su vida, que se pasa volando, que la vida es algo maravilloso, pero al ser cotidiana no le damos valor, y cuando queremos vivirla ya no tenemos fuerza ni tiempo. Y, aunque la inercia, el mercado, el ambiente, el sistema nos enseña a consumir de forma incontrolada, no hay ningún supermercado que venda años de vida.

Sigue hablando sin más guión que su propia razón que le va dictando el mensaje que quiere dejarnos. ¡Ayyy, la vida! La mayor injusticia que se avecina será poner precio a la vida. Porque aquellos que tengan dinero, podrán prolongarla, vivir mejor, con mayor salud.

El dilema de las nuevas generaciones estará en torno al papel de la ciencia. Pensamos que podemos romper cualquier cosa que la ciencia lo arreglará. Y no nos detenemos ni siquiera ante el colapso ecológico que tenemos encima de nosotros mismos.

El capitalismo no es solo un sistema económico. Se ha transformado en una civilización, con sus modos de hacer, con sus formas de pensar, con sus sistemas y relaciones. Y eso es mucho peor porque ni siquiera somos conscientes de esa realidad ni somos críticos para denunciarla. “Hay que hacer algo”, cada uno de nosotros ha de ser coherente y comprometido, debe actuar, no mirar hacia otro lado, ni dejar pasar las cosas, porque “ningún cordero se salvó balando”.

Y la vida es maravillosa, dice una y otra vez, pero la malgastamos, no la disfrutamos, no la vivimos, porque estamos pendientes de ganar y gastar en cosas que no nos dan la felicidad.  Pero no nos creamos tan generosos, no lo somos. El motor de la historia es el egoísmo, y ese es nuestro problema: que no somos capaces de sujetar nuestra codicia. En cambio, no somos capaces tampoco de aceptar y entender que no somos nada sin los afectos.

Paradójicamente lo que debería ser un discurso normal se convierte en extraordinario, nos inunda, nos satisface, nos conmueve. Encontramos en sus palabras, términos nuevos, conceptos tantas veces repetidos pero que suenan diferentes, veraces, creíbles. Y lo vemos viejo, pequeño, humilde, sencillo, al mismo tiempo que su figura se engrandece, su respeto es mayúsculo, y congrega frente a él una ola de admiración y de cariño.

Seguramente porque estamos muy necesitados de referentes, de líderes que lo sean por ellos mismos, de personas sabias, de coherencia.

¿Y quién es Mujica? Pues como él mismo se definió, “un campesino que se convirtió en un cambiador del mundo”.

Pepe Mújica, un cambiador del mundo