martes 1/12/20

¿Un Congreso con voto directo de los militantes?

Desde hace años, el PSOE viene sufriendo vaivenes emocionales en función de los resultados electorales...

Desde hace años, el PSOE viene sufriendo vaivenes emocionales en función de los resultados electorales. Pero nunca hay ocasión para analizar con profundidad qué está pasando, pues los “tiempos” (que son importantísimos) no los está marcando el PSOE sino que su agenda la marcan los acontecimientos políticos, mientras que el PSOE se queda ensimismado sin capacidad de reaccionar, generando una “resistencia conservadora” que cada vez lo hunde más.

¿Es un problema de liderazgo, de programa, de organización, de empatía? Un poco de todo, mezclado y agitado. Porque sobre todo es un problema de adocenamiento, de acomodamiento, de conformismo, y de adaptación de las personas que componen la organización al sistema actual.

El PSOE ha ido perdiendo paulatinamente el apoyo de los ciudadanos, en primer lugar, y más tarde, de muchos militantes, que ve de forma frustrada y desesperada como el partido en el que han militado durante muchos años es incapaz de ver más allá de su propio ombligo.

Se abre un debate nuevo en el PSOE: ¿Un congreso extraordinario con votación directa de los militantes?

Eduardo Madina sabe bien por qué lo dice. El problema de la organización del PSOE es su propia organización: son los capitanes y sargentos que llevan años y años ocupando las mismas plazas (o intercambiándolas) que son quienes siempre asisten a los congresos como delegados y que, una vez más, están ya maniobrando para estar en los asientos de ese Congreso Extraordinario como delegados.

Dice Jauregui que los delegados son la representación de los militantes. ¿De verdad lo cree? Quizás habría que levantar pancartas diciendo “No nos representan”. La estructura del PSOE está compuesta por personas que han hecho del aparato del partido su modus vivendi. Una vez más, irán al Congreso dispuestos a culpar al caballo de la carrera y hacer su apuesta por uno nuevo, al que luego lo atarán de pies y manos a cambio del apoyo prestado en votos. Y así sucesivamente.

La representación de los delegados es tan democrática como el voto directo de los militantes, pero cuando lleva tantos años bajo la misma forma y estructura, acaba lógicamente viciada. Y eso es lo que ocurre.

Hay quienes dicen que los Estatutos no permiten un congreso de voto directo, ¡pues que se cambien los estatutos! porque lo que está en juego es el futuro del partido, y al PSOE le quedan pocas opciones para reaccionar a tiempo. Ha tenido demasiados avisos de la ciudadanía progresista como para que le permitan nuevos errores, producidos por el pánico a desmontar una carcasa vieja y oxidada que ya no da respuestas reales ni ilusionantes.

Y si hay miedo a los cambios porque desde hace 30 años las cosas se han hecho así, entonces es que el PSOE es incapaz de representar un nuevo modelo alternativo político y social. Si el PSOE pretende ilusionar como lo hizo en 1982 (con Felipe) o en el 2004 (con Zapatero), debe desmontar lo que no funciona. Y cada vez, la obstrucción es mayor y los ciudadanos están más alejados, entre otras cosas, porque al PSOE ya le está surgiendo la competencia política.

El PSOE gana cuando despierta la ilusión del votante progresista y socialdemócrata, capaz de volver a confiar en la política y considerar al PSOE un instrumento útil (recordemos las elecciones del 2004 y la expectativa e ilusión en torno al socialismo); y pierde cuando sus votantes se sienten defraudados, engañados o no entienden la incoherencia de los mensajes. Empeñado en buscar el voto “caliente” de la zona centro, como el único posible de desempatar entre uno y otro partido, sin darse cuenta que ello lo sitúa en la franja de indefinición, ambigüedad, y poca nitidez de las propuestas.

Sí, el PSOE tiene un problema de liderazgo, no sólo en la persona de Rubalcaba, sino en muchas de sus organizaciones territoriales. Rubalcaba hizo un papel esencial cuando Zapatero convocó elecciones en un corto periodo de tiempo; ahora bien, y también lo dije entonces, era un error que Rubalcaba se presentara a la Secretaría General. Su plazo había concluido con la pérdida electoral, cuando aún mantenía intacta su credibilidad y prestigio. Continuar al frente suponía un desgaste innecesario e inservible.

Lo único que hemos hecho durante estos dos años es perder el tiempo, alargar la agonía, perder más credibilidad, agrandar la brecha con los ciudadanos, y permitir que surjan nuevas y legítimas opciones políticas. Es decir, un error estratégico con gravísimas consecuencias.

El problema real del PSOE es la dificultad para que surjan voces y liderazgos nuevos para unos tiempos nuevos. Unos porque tienen miedo a los cambios que no controlan, pues siente que “el partido es de su propiedad”; otros porque se consideran con la sabiduría y la verdad más absoluta que proporcionan los años y la experiencia, sin darse cuenta de que se han “mimetizado” con el sistema y eso los deja inmovilizados; otros porque pretenden seguir agazapados en segundos y terceros puestos, donde “se vive mejor” y se controla mucho más, son aquéllos que votaran en los congresos extraordinarios después de haber controlado las asambleas, haber anulado las voces más críticas, y exigir luego su puesto en la lista a cambio del voto al nuevo Secretario General, en definitiva, son los que viven de las triquiñuelas que permite la legalidad estatutaria.

Ya sé que el aparato de un partido es necesario, pero no puede convertirse en la razón del partido por encima de sus militantes o sus votantes. Porque mantener intacto ese aparato de partido ha tenido consecuencias ideológicas muy graves, como por ejemplo, la connivencia con el sistema de poder que durante estos años se ha desarrollado en Europa y en España que ha permitido tanto la desigualdad social como la estafa y la inmoralidad. 

Quienes dicen que “un problema de partido” se resuelve en los órganos del partido se equivoca, porque de nuevo supone mirarse el ombligo que cada vez es más grande en un cuerpo más pequeño. Las cuestiones congresuales sólo han servido para que se reproduzcan movimientos internos territoriales. Apoyar o no una opción de liderazgo se realiza normalmente en función de qué compañeros de viaje acompañan en el territorio; primero se tejen las alianzas, y luego se realizan los apoyos. Suele ser extraño que se produzcan apoyos sinceros y desinteresados, más bien responde a las luchas de poder internas. La cultura de “partido”, en el sentido orgánico y férreo del concepto, ha funcionado como un anestesiante.

Las primarias tampoco son la panacea, porque su resultado no supone elegir necesariamente “al mejor”, y porque su práctica requiere también frescura, dinamismo y convicción, y hasta pueden ser manipulables porque a la hora de votar se intentará controlar el voto. Además, cada vez existe menos militancia que participe, muchos se han ido cansados de esperar que el PSOE reaccione, o arrinconados porque sus opiniones críticas no gustaban a los aparatos. Ahora bien, lo que sí supone es quitar el tapón que impide que las cosas se regeneren, abrir el grifo para que empiece a circular agua limpia aunque al principio se mezcle con la sucia, y supone la posibilidad de que se elimine del poder orgánico a quienes últimamente lo han ejercido sin principios ideológicos, con un pragmatismo interesado y personalista.

Probablemente, Eduardo Madina ha entendido que él puede ser Secretario General de cualquier manera, pero que no es lo mismo cómo se le elija. Porque si surge en un congreso con los delegados de siempre, su andadura comenzará con el peaje obligatorio al aparato de mandos intermedios que no le dejarán actuar. En cambio, si es nombrado por la militancia, sus manos estarán libres para rehacer la estructura como considere o necesite.

La regeneración vendrá de abajo a arriba, y sobre todo, desmontando los mandos intermedios que han evitado durante años que la sangre, el debate real, la participación circulara en el partido como algo normal.

Hoy por hoy, el PSOE todavía es un partido necesario para gobernar España desde un proyecto de izquierdas. Pero ya no es el único partido. Y si sigue perdiendo tiempo porque le importan más sus Estatutos, su aparato, su “cambiar las cosas” para que sigan controlando los mismos, pasará de ser un partido de gobierno necesario, a un partido absolutamente prescindible, al que se le recordará con nostalgia.

¿Un Congreso con voto directo de los militantes?