domingo 23.02.2020

La viciosa derecha española

Ludwig Feuerbach (28 de julio de 1804, Landschut, Baviera — 13 de septiembre de 1872, Nürenberg)
Ludwig Feuerbach (28 de julio de 1804, Landschut, Baviera — 13 de septiembre de 1872, Nürenberg)

Las sumas y las restas de lo que está pasando estos días, solo se harán cuando los ciudadanos vuelvan a las urnas. Por el bien de España esperemos que dentro de cuatro años. Lo urgente es que paulatinamente, sin prisa ni pausa, se vuelva a la normalidad institucional. En estos momentos nos parece imposible.

Un ciudadano corriente, de esos sin muchas aspiraciones y esperanzas sobre el valor de la política, de esos que determinados creadores de opinión dentro de la política y en sus entornos quieren que proliferen, y que se pretende que perezcan entre el aturdimiento y el barullo, puede que esté en ese minuto fatídico de no entender nada, y lo que es peor, puede empezar a sentir vértigo. Están faltando explicaciones, sin duda,  y sobra escenografía, pero el que haya gobierno ya, es lo mejor que le puede suceder a España.

Hoy los motivos vuelven a ser indiferentes. Desde una reforma fiscal, siempre aplazada, a lo más injusto de la reforma laboral. ¡Qué más da!, “la izquierda es ilegítima” y eso hace que cualquier Gobierno, sea de la mayoría que sea, la composición, o la política que desarrolle sea ilegítimo

Es evidente que el mejor enfoque o desenfoque varía en función de donde se esté posicionado. En la izquierda, crítica de sí misma y de sus alianzas, o en la derecha mesiánica aventurando catástrofes si ella no está.  Viene pasando hace más de un siglo.

La derecha española en lugar de asumir la tradición democrática de sus homólogos alemanes optó, y no ha abandonado, el pobre acervo ideológico del militarismo africanista español: los problemas de España son dos, la izquierda y “el regionalismo”. Eso les conduce directamente, como principio esencial de su razón de ser, a aborrecer que exista un gobierno con “los podemitas”. Al Partido Socialista lo pueden aceptar como el mal menor (no queda otra) para no ser tildados de antidemócratas. Evidentemente el miedo queda a beneficio de inventario.

Los socialdemócratas han gobernado por más tiempo en los Estados europeos desde la II Guerra Mundial que los liberal-conservadores. Habría que explicarles ya que eso es lo que tiene la democracia. Todo aquel (sin exclusiones) que se presenta a unas elecciones y es elegido (preferido) por los ciudadanos tiene abierta la posibilidad de gobernar, la única condición que a todos afecta (por igual) es respetar las reglas, todas, e incluso las que permiten que estas sean cambiadas.

Esto vale para UP, para el PSOE, PP, VOX e incluso para ERC, ¡todos! Advertirles también, para que dejen de intoxicar, que la actuación política hay que evaluarla como un conjunto no con mero nominalismo (rojos, comunistas, vende patrias ) y el programa pactado para formar el gobierno de coalición no son las “Tesis sobre Feuerbach”. Nadie tomará el Palacio de Invierno, ni los revolucionarios ocuparán campos y fábricas, ni los Comités obreros están preparados para sustituir los Consejos de Administración, algunos de cuyos componentes, por cierto ya de edad, pasaron de ser dirigentes del franquismo y post-franquismo a dirigir algunas de las grandes corporaciones económicas del país.

La abstención de ERC, para muchos, es un rechinar dental después de lo sucedido. Hubiera sido tal vez mejor no tener que contar con ellos, ¿sin duda?, para posibilitar la constitución de un gobierno. Dicho esto, aquellos que parecen haberse convertido en defensores de las esencias (una cosa es el constitucionalismo y otra el esencialismo) podían haber evitado, en la legislatura non nata y en la actual, que ese apoyo fuera necesario. Si no lo han hecho es porque institucionalmente no lo deben de ver tan grave. Como españoles, es recomendable también, aprender a centrifugar las responsabilidades. No lo han evitado apoyando un gobierno socialista en solitario y al ¨tema catalán solo ofrecen no diálogo, esto es cárcel y violencia con fin en si mismo.

En todo caso, el denominado Acuerdo para la creación de una mesa entre el Gobierno de España y del Govern Generalitat de Cataluña para la resolución del conflicto político, si es la claudicación de algo es de la vía unilateral a la independencia. Por lo demás, en su literalidad, es totalmente asumible en el marco constitucional.

Es un obsesión por producir ruido con la intención de calentar ¡y calientan! a todos aquellos que se quedan en la superficie de los problemas o solo se ponen erguidos ante el sonar de clarines y trompetas. Esto no significa que todo vaya a ser correr por la verde pradera con las campanas del convento de fondo y cantando como si el gobierno fuera Julie Andrews. Habrá Sonrisas y Lágrimas, que dependerán de los aciertos de gestión del Gobierno, su pedagogía en la explicación de lo que vaya sucediendo y la capacidad de las fuerzas políticas parlamentarias para consensuar los grandes temas que ocupan a España. El catalán es uno más.

La papeleta del Gobierno no es fácil, ni en su gestión interna ante la cohabitación de la coalición constituida, la inexperiencia habrá que vencerla con voluntad y respeto; ni tampoco, en la lealtad institucional que va a tener de la oposición de la derecha y de los propios republicanos catalanes, que una vez propiciada  la investidura ocuparán su posición, que no es la de coaligado.

En todo caso estamos ante lecciones ya aprendidas. La derecha nadie puede llamarse a engaño, no está actuando de forma distinta a como lo ha hecho desde el 1982. La oposición a los gobiernos de Felipe González fue descarnada, todo valía, desde la coaliciones mediáticas-empresariales, capaces de convertir las teorías de la conspiración en una cruda y vergonzante realidad antidemocratica, hasta hacer de la lucha antiterrorista un desgarro que no permitió diferenciar lo limpio de lo sucio pues se buscaba el barullo, no inocente,  que sirviera para borrar la connivencia de la derecha con los orígenes de la represión política violenta.

Los gobiernos de Zapatero estuvieron acompañados de manifestaciones semanales por las calles de Madrid, el motivo era indiferente. Y ya fuera del gobierno Zapatero, pasó a ser el responsable de todos los males patrios, incluida la muerte de Manolete (en 1947).

Hoy los motivos vuelven a ser indiferentes. Desde una reforma fiscal, siempre aplazada, a lo más injusto de la reforma laboral. ¡Qué más da!, “la izquierda es ilegítima” y eso hace que cualquier Gobierno, sea de la mayoría que sea, la composición, o la política que desarrolle sea ilegítimo.

España, el interés general, los españoles, los principios democráticos, el respeto a los electores…es irrelevante, lo importante es que se van a usurpar las esencias de su patria, suya y de nadie más.

El gobierno puede fracasar y eso será malo para los españoles y debemos evitarlo, pero a los que les gusta comer carne podrida tienen vicio en ello y eso les viene de lejos.

La viciosa derecha española