jueves 09.04.2020

De los delitos y las penas

Al problema catalán, o se le da cauce en una mesa de negociación o no tendrá solución, salvo que se piense que la acción violenta es solución

Cuando un líder político dice sin rubor que: “¿Qué otro país puede decir que un nuevo mundo fue descubierto por ellos?”; "Junto a la romanización, la Hispanidad es el hito más importante de la humanidad" o que las tres carabelas fueron un esfuerzo público privado; es, sencillamente, una palmaria manifestación de ignorancia supina y un mausoleo a la simplicidad política.

Más le valiera al líder Popular haberse dado un paseo lector por la Ilustración, en todos los sentidos del término y reparar en el Siglo de las Luces; la era de la razón; hojear, aunque fuera un resumen, las obras de MontesquieuRousseau Voltaire o incluso John Locke y Adam Smith, los grandes teóricos del liberalismo que a veces tanto preconizan. Si sus sesudos análisis calan puede a llegar el máximo exponente del Siglo de la Mediocridad, la era de la ignorancia. 

Después de oír esto se explican algunas cosas, como por ejemplo, que la derecha española tiene una incapacidad genética para entender el problema catalán, el mayor que esta generación política tiene en España, y hasta que este no entre en vía de solución todos los demás, por importantes que sean, quedan en segundo plano.

En la estrategia del ruido y con una sociedad saturada por una política en la que ha visto que de esta no ha llegado la solución a su crisis vital, generada por la crisis económica, no es desdeñable pensar que haya ciudadanos, bien intencionados, que terminen por no entender nada y en el pernicioso juego político mediático, los mensajes racionales y sosegados terminen quedando diluidos en el concierto de notas graves con el volumen a tope.

El Gobierno de España, que ahora conduce los destinos políticos de nuestro país, debería hacer más sencillo su discurso, más entendible y contundente, visualizando cuáles son los caminos posibles de transitar y explicar aquellos que ya han quedado intransitables, por infructuosos o por significar pasos para atrás que sabemos a donde nos conducen.

Al problema catalán, o se le da cauce en una mesa de negociación o no tendrá solución, salvo que se piense que la acción violenta es solución. ¿Lo tenemos claro? Se han avivado sentimientos fundados en maniqueos de fácil compra por sociedades frustradas y hastiadas, que solo es posible llevar a una senda positiva si se les muestra cuál puede ser el buen camino, en donde el destino es ganar y no perder.

Alcanzar el acuerdo favorable del voto a los Presupuestos de los hoy secesionistas unilateralistas, no es vender España a la secesión

Alcanzar el acuerdo favorable del voto a los Presupuestos, de los hoy secesionistas unilateralistas, ayer nacionalistas o independentistas (posturas que son legítimas aunque no se compartan), no es vender España a la secesión, es acercar a estos a las soluciones posibles y no arrinconarlos en la estantería de los problemas irresolubles.

Es cierto que los líderes del unilateralismo secesionista no son para nada, nada, el paradigma de la racionalidad. Ellos solos se han metido en un cuello de botella cada vez más angosto pero, o se abren vías para que salgan de él, o todos moriremos por asfixia. Son conscientes de que el Gobierno no puede instruir, condicionar y menos forzar a que la fiscalía tome la medida de excarcelación de los presos, eso está dicho y asumido. Ahora bien, las fuerzas políticas, sociales, económicas, intelectuales y mediáticas no se han dado cuenta aún de que, continuar manteniendo a los líderes del procés en prisión sin juicio después de un año, lo único que hace es alejar más la solución. Si la pena con el delito cometido están lejanos en el tiempo, aquella no cumple su fin, y el encarcelamiento sin juicio hace que lo justo termine siendo injusto. Esto no lo digo yo, lo decía Beccaria en el Siglo XVIII (1). Las leyes no resisten a la fuerza de las pasiones si no existe un estable monumento del pacto social. También decía el ilustrado jurista italiano.

La ceguera de los autollamados partidos constitucionalistas está negando, en su actuar, la propia esencia de la Constitución, pues esta fija el marco en el cual debe moverse la política, pero tiene que poder actuar para resolver los conflictos, y la solución debe encontrarse dentro de la ley, pero dejando que la negociación y el acuerdo fundamenten el pacto social. En esto caben dos opciones, o levantar el hacha de guerra, ¡no es metáfora!, o tender la mano al que dirige el proceso en busca del acuerdo, por dificultoso que este sea. ¡Es lucidez!

Los jueces y fiscales, en uso de sus prerrogativas, no pueden impedir que la política cumpla su función. Se está vulnerando el principio de independencia entre poderes (judicial y ejecutivo) y saben que con los dirigentes catalanes encarcelados el conflicto sigue creciendo. Un miembro del Poder Judicial tiene sin duda su credo, ideología, opiniones, pero el sentido común y la racionalidad también son jurídicamente relevantes. Un año de prisión preventiva no lo entienden los catalanes, pero dentro de poco tampoco lo entenderán los gaditanos.

Los problemas existen, aunque se piense que no, y la negación de los mismos es solo una prueba de ignorancia o de irresponsabilidad. La permanencia en prisión está hondando el problema catalán y va a terminar convirtiendo lo legal en ilegitimo. La perseverancia del camino unilateralista e irreductible de perseverar en una secesión imposible profundiza en la división de la sociedad catalana, que terminará un día u otro en un enfrentamiento cívico cruento. Considerar que la fuerza legal primero, y luego un ya veremos (no se ofrecen otras respuestas), es alejar definitivamente que la imbricación de Cataluña en España sea posible. El camino iniciado por el Gobierno es tortuosa, lenta y enfrentar lo racional con lo emocional es complejísimo, pero llegados a este punto… ¿tiene alguien alguna alternativa distinta?


(1) Dei delitti e delle pene  ensayo jurídico escrito por el italiano Cesare Beccaria en 1764

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