Nuevatribuna

Lola, Nacho y Pepe Pérez, su truco y trato

El expediente Villarejo ya no sorprende a nadie a medida que se van pasando las hojas del audio-libro. No se sabe dónde puede llegar este paranoico personaje en su intención de debilitar al Estado. Es loable que el Gobierno no entre al trapo exacerbando la cuestión; las entregas están por sí descalificadas por su procedencia. Hay que valorar, también, positivamente que el propio PSOE y los demás grupos políticos no se empecinen en hacer de ello un mono tema. No tiene sentido hacer leña del árbol caído, el PP ahoga su futuro estrechando  lazos con un pasado que no tiene por dónde cogerlo.

Dicho esto, es difícil que los medios de comunicación puedan sustraerse a profundizar en el tema, pues la cuestión no solo es grave por sí, es grave al sacar a la luz que la gobernación del Estado ha estado expuesta a un uso vergonzoso del poder político.

Las grabaciones conocidas estos días y las realizadas a fiscales no son comparables. Son tan ilegales unas como otras. En las segundas, el felón se han prevalido de relaciones de amistad y compañerismo, en un contexto privado, durante una comida, muy a la usanza española, con mucho alcohol y lenguaraz actitud. Tienen el reproche de no saber discriminar con quién se junta uno a comer, es complicado saber con certeza previa el percal de nuestras relaciones. En todo caso ya sabemos, todos somos acreedores de nuestros silencios y deudores de nuestras palabras, pero inasumible que se introduzcan en la esfera íntima de nuestra privacidad.

La diferencia estriba en que no es lo mismo cuando lo que conocemos, ilegítimamente también, insisto, es una trama político-policial con un determinado efecto concreto. Trama es, aunque sea un solo político y un solo policía, ambos pertrechados de autoridad. Que se acuerde un trato de servicios de manipulación y eliminación de pruebas de escandalosos casos de corrupción política,… y ya me pagáis los gastos, no puede dejarse pasar por alto.

Si desde la cúpula del Partido Popular, se ha promovido, auspiciado y por tanto, consentido la obstrucción a la justicia…; si posteriormente este partido ha gobernado durante largo tiempo; si la persona que parece haber sido autora principal, pero seguro que no única, de tan execrables actos se ha sentado en la mesa del Consejo de Ministros ostentando además la alta responsabilidad de ser Ministra de Defensa, en cuyas manos ponemos nuestra seguridad, es imprescindible que la responsabilidad política se ejerza, pues esta no se termina con el abandono del cargo ministerial o partidario. Por cierto… ¡ahora todo esto da mayor sentido a una moción de censura, no ya solo para dignificar, sino para cortar la gangrena!

María Dolores de Cospedal García, señora de López del Hierro, ha sido de todo, además de Ministra de Defensa, en la vida institucional española: Consejera, Senadora, Presidenta Autonómica, Diputada, cargo que ocupa actualmente siendo también Presidenta de la Comisión de Asuntos Exteriores. Además de los cargos orgánicos desempeñados en el Partido Popular siendo la número dos durante muchos años y recientemente candidata a presidirlo. Ello obliga, sin paliativos, a comparecer en sede parlamentaria a explicar la veracidad, o no, de las grabaciones aireadas y siendo así no tiene otro camino que la dimisión como diputada.

Por otra parte, los órganos del poder judicial no deberían demorarse mucho en proceder a tomar declaración a  Cospedal sobre elementos que parecen esenciales en causas aún abiertas en los tribunales.

Dejar esto en un compadreo de motes chuscos, de vistas guiadas por el cada vez más casa de los horrores de la calle Génova, entrando camuflado en un coche para acordar graves hechos delictivos, no es asumible democráticamente. La única alternativa que hay para fortalecer la democracia es hacer transparencia del pasado para poder construir un futuro que merezca la pena.

Desde hace tiempo cae una lluvia fina que no esconde la finalidad de debilitar al Estado, con una estrategia del “todos son iguales”. Dista mucho de ser así. No es una cuestión de afinidades políticas, de filias y fobias, es empezar a poner punto final exigiendo responsabilidades a quien tantos cargos ostento. Los puestos públicos no son solo para lucir palmito.

Sin duda, en la vida política ha existido o existe un espacio oscuro y tenebroso que actúa por intereses manejados, que el normal entendimiento ciudadano no acierta a comprender. Las vinculaciones entre maridos, políticos y pseudo servidores del Estado que operan a espaldas del interés público no son inocuas. Los que dan a conocer todas estas historias por ello lo hacen. Pretenden que el miedo opere como condicionante de todo para que los asuntos públicos queden mediatizados, pero como bien sabemos los problemas de ataques a la democracia solo se combaten con más democracia.

Mirar para otro lado, o ser lasos a la hora de enjuiciar lo que está pasando, lo único que asegura es una mayor desafección a las instituciones democráticas y ello es lo que conduce a que la ciudadanía vaya acogiendo en su pensamiento soluciones extremas que rompen la seguridad, estabilidad y convicción del valor cívico que fundamenta la convivencia.

Esto no se resuelve con ¡elecciones ya!, ni con un 155 más duro, sacar los ERES a pasear o invocar a Venezuela. Cada cuestión debe resolverse en su perímetro y este requiere que exista una exigencia insoslayable de dar cuentas de lo sucedido.

En una fecha tan señalada, es un momento ideal para exigir que saquen los muertos que tienen dentro del armario.