martes 26.05.2020

Cumbres borrascosas o la iconoclastia climática

Greta Thunberg en la COP25. Foto: Flickr
Greta Thunberg en la COP25. Foto: Flickr

Si decimos que vivimos tiempos de iconodulia e idolatría, es decir veneración a imágenes y culto a ídolos, nos llamarían pedantes e híper cultos. Seriamos “irreverentes sociales”,  nos situarían cercanos a ser antisistema, populistas negacionistas.

Predicar la iconoclastia medioambiental, climática o ecologista no es de recibo, es colocarse a contracorriente. Para evitarlo hay que acotar de lo que hablamos, no vendría mal, sobre todo para evitar desengaños irreparables.  

No hay nada nuevo. Los datos que nos han llevado a la emergencia climática empezaron a ponerse encima de la mesa hace muchísimo tiempo.  El accidente en la Central Nuclear de Three Mile Island en 1979 puso de manifiesto que la energía nuclear no era una alternativa segura a los combustibles sólidos. Chernóbil evidenció todos los riesgos, Fukushima en 2011 lo corroboró. Dicho esto, España, sigue teniendo paralizada la construcción de la ATC (Almacén temporal centralizado) para residuos nucleares de alta actividad. Las decisiones no parecen caminar junto con las preocupaciones.

La primera gran conferencia de la ONU sobre cuestiones ambientales internacionales fue en Estocolmo en 1972, pasaron 20 años para que se celebrarse la siguiente Cumbre de la Tierra, en el 92 del siglo pasado, la muy renombrada Conferencia de Río. Esta Cumbre fue el inicio de una gran esperanza. Aquel encuentro sí pareció ser la toma de conciencia real por parte de gobiernos e instituciones de que había que reaccionar y comenzar a cambiar “el modelo”.  Fue el momento de las Agendas Locales XXI, de que sólo había desarrollo si era compatible con la sostenibilidad ambiental del Planeta.

El icono creado del “desarrollo sostenible” albergaba una creencia con la fortaleza suficiente como para cambiar progresivamente el rumbo y el mundo. Un viento limpio podría sustituir al carbono atmosférico y a la lluvia ácida. Científicos y ecologistas alcanzarían el reconocimiento que les había sido negado, dejarían de ser considerados antisistema por poner en cuestión el sistema económico capitalista y el modelo de vida consumista. Superaban la fase de populismo ambiental

En 1985, los servicios de inteligencia franceses pretendieron hundir el Rainbow Warrior de la Organización GreenPeace, para evitar que impidieran las pruebas nucleares francesas en el Atolón de Mururoa.

El primer informe sobre el cambio del clima data de 1988. Se alertaba sobre el problema del calentamiento y cambio climático de manera no muy distinta a como se hace hoy, eso sí, con menos datos de los que hoy tenemos para dar certidumbre de la gravedad. En 1995 se celebró la primera Cumbre en Berlín, desde entonces 25. La emergencia climática y las Cumbres han ido creciendo a la par. Las Cumbres deberían ser el instrumento para cambiar las políticas de los Estados y con ello y fruto de la acción gubernamental, transformar las actitudes de empresas y ciudadanos. En las últimas décadas se han celebrado multitud de reuniones del más alto nivel teniendo como objeto central la salud del Planeta, en todas ha habido acuerdos para hacerle transfusiones de vida. Pero no.

¿Esta porque no va ser una más? ¿Estamos ahora más convencidos de que el Mundo se nos muere, que le estamos matando? Los jóvenes han levantado su voz de protesta, pero ¿serán ellos capaces de poner en marcha la revolución necesaria? Nadie pensará que es porque ahora hay políticos más convencidos, ni porque Gretta nos ha despertado y ha hecho ver lo que no veíamos.  

Lo grave, patético, triste… es convertir el problema del medio ambiente terráqueo, como la paz mundial o el hambre en el mundo, en meros elementos iconográficos de lo bueno y lo malo. Es una obviedad que los datos científicos son cada día más alarmantes, cada uno más convierte el drama en tragedia. La declaración de emergencia climática y medioambiental adoptada por el Parlamento Europeo a instancia de la nueva Comisión Europea es un punto de inflexión que ahora se tendrá que ver corroborado por compromisos. Los compromisos solos no valen, la frustración seguirá creciendo.

Revertir la situación requiere de mucha valentía política y de liderazgo y no parece que existan condiciones en este momento. Falta la esencial unanimidad, dentro de la Unión, necesaria para pasar de las musas al teatro, sino las convicciones manifestadas estos días se desmoronarán como ídolos de barro. Macron está viendo como su intención de la subida del precio del gasóleo encuentra resistencias desproporcionadas, complejas de conducir y se va enredando una cuestión con otra, ¡nadie está dispuesto a cambiar su modelo de vida!

No estamos en “tiempos” de debatir, sino de “actuar”. El convencimiento de que hay que hacer algo concreto está generalizado mayoritariamente en la población, no puede demorarse más. Hay que hacer que el discurso político este lleno de claridad y la práctica de coherencia. Asumir el coste de convencer que hay que cambiar el absurdo modo de vida al que hemos llegado. Volver al Planeta, como eslogan está bien pero actuar es regular y ejecutar. Incentivando la descarbonización de la industria, aprovechando los procesos de digitalización para innovar los sistemas de producción; modificar radicalmente los modelos de consumo que paulatinamente se han adquirido y hacer primar los planteamientos científicos sobre los voluntarismos políticos en el camino a seguir.

No solo pasa por terminar con las ayudas del Estado a los combustibles fósiles sino también incentivar fiscalmente el uso industrial de energías limpias, incrementar la financiación pública industrial buscando nuevos instrumentos y actuar globalmente modificando los comportamientos ciudadanos, los individuales, en sus hábitos cotidianos.

Sin dudas, el impulso de los más jóvenes, los que más tienen que perder va a ser esencial, la conciencia crítica y persistente para ganar el tiempo al clima. Por ello, no tienen que ser manipulados ni iconizados frívolamente y los dirigentes políticos deben ser el ejemplo incontestable y pedagógico de la voluntad de cambio.

¡La emergencia ambiental ha quedado fuera de cualquier agenda electoral!  ¿O no?

Cumbres borrascosas o la iconoclastia climática