domingo 25/10/20

Quiero votar a Biden

Comisaría del Bronx | Alfonso Roldán
Comisaría del Bronx | Alfonso Roldán

Donald Trump está desestabilizando el mundo a su antojo, por eso deberíamos tener derecho a votar al presidente del país que a día de hoy sigue liderando el planeta. Sin duda, lo menos malo para Estados Unidos y para el mundo es que las próximas elecciones presidenciales las gane el demócrata Joe Biden. El reciente asesinato de George Floyd a manos de la policía ha generado  una serie de acciones y reacciones que sí parece están aislando a Trump, aunque no sabemos si también a su camarilla.

A principios de semana, la Fundación Alternativas organizó un interesante debate (vía zoom) sobre Estados Unidos. En él, la corresponsal de El País en Washington, Amanda Mars, no tenía tan clara la derrota de Trump. Mars da por seguro que sus bases no se van a quedar en el sofá  y, además, “falta una eternidad” hasta noviembre en un escenario extremadamente volátil. Sí evidenciaba que “la participación será la clave”.

En el mismo acto, el periodista Carlos Franganillo, que en su día fue corresponsal de TVE en Washington, lanzó dos mensaje relevantes. Primero, que “EEUU tiene un problema de raíces profundas que lo impregna todo: las armas”; y en segundo lugar, que  Donald Trump “ha dado un puñetazo en la mesa para moldear el mundo a su gusto”.

Esta última línea es en la que profundizaba recientemente el profesor de Harvard, Joseph S. Nye en el artículo “El excepcionalismo de EEUU en la era Trump”. En él argumentaba que Trump cuestionó con éxito en 2016, el orden internacional que surgió después de 1945 liderado por EEUU y “el desdén por sus alianzas e instituciones”, que viene defendiendo su presidencia.

El presidente norteamericano no deja de sorprender en su desprecio al mundo con ese puñetazo permanente a la mesa, también a golpe de tuit. Su última ocurrencia ha sido aprobar sanciones contra miembros de la Corte Penal Internacional (CPI) para impedir que se investigue a las tropas estadounidenses desplegadas en Afganistán. Pero llueve sobre muy mojado porque se ha retirado de los acuerdos del Clima de París; del acuerdo nuclear con Irán y de dos tratados para el control de armas con Rusia. Se marchó de la UNESCO y ahora, en plena pandemia, retira su aportación a la Organización Mundial de la Salud en una actitud inmoral, pues hablamos de proyectos que van afectar a países que padecen una creciente desertización y graves problemas de agua.

De una u otra forma los movimientos que hace EEUU nos afectan directamente. En España hemos de tener muy claro que algunos problemas del campo derivan de los aranceles impuestos a nuestro aceite y nuestro vino, a pesar de que los “patriotas” hispanos de turno callen a la hora de denunciarlos.

Lo que los simples seguidores de la información que viene de Estado Unidos no terminamos de conocer es si Donald Trump es el único monstruo o simplemente es un “tonto útil” para tantos intereses y para esos grupos del aparato del Partido Republicano. Este partido controla tres de los cuatro órganos con capacidad de veto: la Presidencia, el Senado y el Tribunal Supremo. Es decir, que el conservadurismo está bien arraigado en su degeneración.

El premio Nobel de Economía, Paul Krugman, afirmaba hace algo más de una semana en el artículo “Trump no es Nixon, es mucho peor” algo verdaderamente preocupante: “el Partido Republicano de nuestros días no se opondría a una toma trumpiana del poder aunque equivaliera a un golpe militar”. A pesar de esta afirmación, o quizá por ella, en los últimos días se está extendiendo la idea entre líderes republicanos de que Trump ha ido demasiado lejos. Así, hemos podido ver en los medios de comunicación al propio expresidente George Bush criticar a Trump. O a la senadora republicana por Alaska, Lisa Murkowski asegurar que “tiene dudas sobre apoyar a Trump en noviembre”. Y muy relevante ha sido la actitud del secretario de Defensa (similar a un ministro), Mark Esper, contrario a sacar al ejército a las calles.

El neoliberalismo de Reagan se ha desbordado y el mundo ya no puede soportar esa ideología que ha fracasado en el mundo y que insisten en imponernos en lugares como la Comunidad de Madrid. EEUU tiene el mayor gasto sanitario per capita del mundo, pero unos 28 millones de estadounidenses carecen de seguro médico y el 90 por ciento que sí lo tienen, no cuentan con una cobertura suficiente para dejar de trabajar en caso de enfermedad.

Parar estas cosas en los Estados Unidos es también pararlas en el planeta. En Brasil, Reino Unido, Hungría… en España y Madrid con una presidenta que parece el trasunto de Trump con esa camarilla ultra de Vox que la mantiene y jalea. Sin duda, deberíamos tener derecho a voto en las presidenciales norteamericanas.

Quiero votar a Biden