sábado 15/8/20

Paraísos ultras

No hace falta ser un portento de conocimientos económicos para saber que la situación de España y el mundo es extremadamente complicada. Con todo, sí hay espacio para el optimismo y la esperanza cuando se están adoptando medidas contrarias al inservible dogmatismo ultraliberal. Parece que algo sí se aprendió de los errores de la Gran Recesión y la Unión Europea y el Banco Central Europeo están reaccionando a veces hasta sorprendentemente.

La historia no se repite pero nos ofrece lecciones. Tras la Segunda Guerra Mundial se instauró un nuevo orden económico global a través de los acuerdos de Bretton Woods. Acuerdos que situaron a los Estados Unidos, hasta la llegada de Trump, como país líder mundial. Los acuerdos adoptaron tesis con un alma bastante progresista y funcionaron hasta la llegada de Nixon y la Guerra de Vietnam.

A partir de ahí, el neoliberalismo atacó incesantemente. Milton Freadman y sus “chicago boys” utilizaron el Chile de Pinochet y la Argentina de Videla como laboratorios para asentar su ideología económica. Reagan y Tatcher la impondrían en el mundo contagiando incluso a la socialdemocracia. En España, Aznar, y en Madrid, Esperanza Aguirre, serían aventajados alumnos.

Pero la Gran Recesión que se inició en 2007 mostró que el neoliberalismo no funciona para la mayoría. La actual crisis, surgida de la pandemia, debería ser la estocada final pese a las posiciones ultras que intentan mantener el estandarte que levantaron Friedman y Pinochet.

Tras el desastre de la Segunda Guerra Mundial, en Bretton Woods los más ricos parecieron entender algo de solidaridad y equidad, pero la ambición de la minoría volvió con fuerza. En el artículo “El triunfo de la injusticia”, Joaquín Estefanía explicaba que por primera vez en el último siglo, las 400 personas más ricas de EEUU (el 0,001 por ciento de la población) pagaron en 2018 un tipo efectivo real de impuestos inferior al de la clase trabajadora. En EEUU, las sucesivas reformas fiscales republicanas (Reagan, Bush y Trump) han logrado que ese tipo pasase del 70 por ciento, al 50 por ciento en los años ochenta y al 23 por ciento actual.

Este es el rumbo seguido en el particular laboratorio ultra hispano: la Comunidad de Madrid, oasis fiscal de España. Según apuntaba recientemente Jaime Cedrún, secretario general de CCOO de Madrid en una entrevista en Cuarto Poder, la Comunidad de Madrid “ha regalado 1.400 millones de euros en el impuesto de patrimonio y en el impuesto de sucesiones a los 15.000 multimillonarios de la región”. Y es que el 70 por ciento de las grandes fortunas de España se refugian en Madrid por el impuesto de patrimonio.

Emparentado con el neoliberalismo y una fiscalidad injusta está el fraude fiscal. El gran investigador de los paraísos fiscales, Gabriel Zucman, en La riqueza oculta de las naciones, “contabilizó” en 2013, 5,8 billones de euros fuera de control (el 5 por ciento del patrimonio financiero mundial). Sin tomar el camino de la demagogia, la Unión Europea ha aprobado un plan de reconstrucción con 750.000 euros y 1,1 billones de euros del Marco Financiero Plurianual…

Volviendo a los 5,8 billones descontrolados, de ellos, un billón estarían en lo que Zucman llama “depósitos durmientes” y 4,8 billones en acciones, obligaciones y sicav (acrónimo de Sociedades de Inversiones de Capital Variable). Echando un ojo a quién anda en nuestro país en esto de las sicav, aparece (al menos en 2009, en plena recesión) la familia del Pino. Rafael del Pino es el dueño de Ferrovial, el hombre más rico de la Comunidad de Madrid.

Pues bien, según FORBES, desde la pandemia (el 18 de marzo) del Pino ha mejorado su patrimonio bursátil en un 40 por ciento. No en vano ha sido de los agraciados por el Gobierno madrileño de Díaz-Ayuso. Hasta donde permite el portal de transparencia de la Comunidad de Madrid, Ferrovial, siempre presente en la privatización sanitaria madrileña,  cobró 176.225,56 euros por el montaje del hospital del IFEMA y por el “desconocido mantenimiento” del edificio, 395.429,21 euros. Pero no pensemos mal, que Torra en Cataluña, sin contar con los sanitarios de la región, acaba de externalizar el rastreo de casos de covid por 18 millones de euros a Ferroser Servicios Auxiliares, empresa de la división de servicios de… ¡Ferrovial!

Evidentemente el dinero no entiende de banderas en la patria de la ambición desmesurada. También por eso PP y Vox viven en su propio paraíso. De la escisión en diferido del PP surgió Vox. Cuando navegaban bajo el paraguas de las mismas siglas las finanzas estaban en manos de extesorero Bárcenas, que aunque se acogió a la amnistía fiscal de Montoro, sólo Dios sabe lo que anda repartido en paraísos fiscales.

Ahora, con la excusa de su patriotismo medieval, PP y Vox han votado en contra del tratado que combate el fraude fiscal en Gibraltar, “paraíso fiscal”, que puede perder esa calificación gracias al acuerdo. La hipocresía en el asunto de los paraísos fiscales no tiene límite. Hay que tomar medidas urgentes y contundentes. Mientras algunos de los países más reacios a aportar liquidez a la reconstrucción critican a España o Italia, los socios de la UE están perdiendo al año 25.000 millones de euros por la desviación de impuestos a Países Bajos o Luxemburgo, siendo la merma para España de 2.300 millones, según publicaba el pasado viernes El País. No estamos hablando de pequeñas islas perdidas en el Pacífico, el dinero vuela en territorios de Reino Unido, Irlanda, Países Bajos e, increíblemente, Luxemburgo. El propio Parlamento Europeo denunció en 2017 prácticas de paraísos fiscales en Irlanda, Luxemburgo, Holanda, Bélgica, Chipre, Hungría y Malta.

Es tiempo de arrimar el hombro y ser verdaderos patriotas. Según el Consejo General de Economistas REAF España pierde cada año 11.000 millones en paraísos fiscales por las grandes fortunas y la elusión de impuestos por los grandes grupos. Por su parte, para los técnicos de Hacienda (Gestha), la economía sumergida en nuestro país supone unas pérdidas de ingresos de 70.000 millones de euros, un 25 por ciento del PIB. Si tenemos en cuenta que la estimación de la caída del PIB en 2020 puede ser mayor al 9 por ciento, la cuenta está clara.

Hay que luchar contra el fraude. Incluso invertir contra el fraude. Por cada euro invertido en luchar contra la economía sumergida, se logran más de diez euros de recaudación adicional. Y a los paraísos ultras se los huele a distancia. Es el momento de acabar con ellos.

Alfonso Roldán Panadero

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