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martes 24/5/22

El mensaje de los hambrientos de España

Mi madre, como tantas, padeció hambre en su infancia. Nunca se sintió estigmatizada por ello. Ser de Madrid y sufrir hambre, con secuelas de por vida, en guerra y posguerra, significaba que eras honrado. Significaba que no eras estraperlista, ni habías participado en la Quinta Columna tiroteando, precisamente, en aquellas “colas de hambre” de cartilla de racionamiento.

Mi madre, como tantas, no fue “vulnerable”. Si acaso fue vulnerable antes del 18 de julio de 1936 por ser una niña de Madrid. Siguiendo a Alex Grijelmo, mi madre fue “vulnerada”. En la actualidad, los medios de comunicación han picado el anzuelo político y han popularizado el eufemismo “vulnerable” cuando se está hablando de desatendidos, desamparados, indigentes, desvalidos, hambrientos, marginados…

Hambre1El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid quieren estigmatizar a base de circunloquio a quienes acuden a las actuales “colas del hambre”. Próceres de la derecha madrileña insisten en esconderlas en el interior de las viviendas o infraviviendas con la excusa de que las personas hambrientas pueden sentirse estigmatizadas. Aunque no todas las personas honradas están en las colas del hambre, ningún corrupto, parásito o estafador de tramas como Púnica o Gürtel están en las colas del hambre de la pandemia.

Mi madre recomendaba la novela Hambre, del que fuera premio Nobel de Literatura en 1920, el danés Knut Hamsun. Andaba por casa el librito en esa colección Aguilar de ediciones en miniatura donde el protagonista, trasunto del autor, explica de un modo bastante galdosiano la sensación de hambre: “había observado claramente que, cuando ayunaba durante un periodo bastante largo, mi cerebro parecía desprenderse dulcemente de mi cabeza y lanzarse al vacío. Mi cabeza se aligeraba y, como si no existiera, no sentía su peso sobre mis hombros; y cuando yo miraba a alguien me parecía que mis ojos estaban fijos y desmesuradamente abiertos”.

Sólo quien ha pasado o pasa hambre sabe lo que es el hambre. A veces nuestros representantes políticos, empresariales y tertulianos de toda calaña parecen obispos aconsejando sobre matrimonio y familia. Al menos, como también narraba Almudena Grandes, algunos seguimos besando un trozo de pan duro cuando hay que tirarlo.

Y si alguien sabe hoy día lo que es el hambre, intentar vivir al día y ni siquiera pensar en mañana son fundamentalmente las mujeres. Mujeres que continúan en su rol de cuidadoras, mujeres que desbordan el paro y los ERTE, mujeres que inundan las “colas del hambre” y serán quienes más se beneficien del Salario Mínimo Vital recién aprobado.

Mientras la exclusión estructural aumenta, “siempre se van los empresarios de rositas, que ahora parecen unos santos…, quizá es el momento de que tengan menos beneficios”, tal como exponía Pilar Morales, secretaria de Mujeres de CCOO de Madrid.

Antes de la pandemia estaba sobre la mesa un interesante debate: la democratización de las empresas. Lo preocupante en la actualidad es que les empresariado está aprovechando a la perfección la actual crisis para martillear con sus consignas e intereses. Desde la unidad que produce la ambición de dividendos comenzaron por incluir publicidad en los medios de comunicación con ese moderno alma de responsabilidad social corporativa. Con mucha mas inteligencia que la derecha política y más experiencia negociadora se abrieron a acuerdos con los sindicatos y el Gobierno. Y en estas dos últimas semanas no paran de aparecer permanentemente en profundas entrevistas o en cada informativo a cuento del foro de la CEOE.

Indudablemente este foro de la CEOE es una gran idea, además de barata, ya que es telemática y eso que se ahorran en viajes, hoteles, almuerzos, etcétera, que estas personas no se conforman con un hostal y un menú del día. El cometido comunicativo es redondo: Ana Botín, manteniendo el rojo parece Pasionaria, en algunas de sus declaraciones al tiempo que se refuerza en el FMI como asesora y en el nuevo Grupo Prisa a pesar de su pequeño porcentaje accionarial. Rafael del Pino, el hombre más rico de la Comunidad de Madrid, continúa haciendo negocios con el gobierno de la región gracias al aroma privatizador de la sanidad…

Cada sector empresarial va haciendo sus microcampañas sectoriales (automóvil, energía, construccion, banca…) mientras colocan en el centro del tablero sus argumentos contra la derogación de la reforma laboral. Hablan de “reconstruir” como si hubiera habido bombardeos cuando deberían hablar de “construir” un empresariado nuevo, con las ventanas abiertas, democrático y que aporte beneficios evidentes a la sociedad y no a los paraísos fiscales. Hay que construir infraestructuras nuevas, sin que existan sustanciosas comisiones; hay que crear un nuevo modelo de vida para los más mayores siguiendo los dictados constitucionales. En todas las administraciones vemos comisiones del expertos repletas de empresarios a la vieja usanza con ansia de “reconstruir”. Incluso el propio Gobierno de España tiene a cien economistas variopintos pensando para “reconstruir”, donde parece que van ganando posiciones no muy progresistas.

Hace poco más de cien días el objetivo era acabar con la desigualdad. Hoy hay hambre en nuestras calles y peligrosos argumentos en los medios de comunicación, cuando no aplicación urgente de políticas extremadamente neoliberales, como hace Isabel Díaz Ayuso, basadas en la liberalización del suelo.

Antes de la pandemia resonaban en el mundo y en España los nombres de Piketty, Krugman, Stiglitz, Zucman, Milanovic los Nobel de Economía de este año: Banerjee, Duflo y Kremer… Todos ellos con seguidores, en más o menos grado, en nuestro país, en organizaciones diversas y en sindicatos de clase. Más allá de magníficos manifiestos, ¿no es la hora de colocar las necesidades de los hambrientos,  de las mujeres excluidas, de los parados en el centro del debate?; ¿no pueden los sindicatos de clase coger el toro por los cuernos para lanzar sus mensajes en un foro con expertos de izquierdas que deje claro que el problema del mundo es la desigualdad creciente?; ¿habría que avanzar en la línea de una renta universal teniendo en cuenta el posible surgimiento de clases ociosas debido a la digitalización y robotización?; por contra ¿hay que apostar por el pleno empleo como abogan voces del Partido Demócrata estadounidense?

Se puede vivir sin certezas, pero no se puede vivir con hambre. 

El mensaje de los hambrientos de España