sábado 23/1/21

Felipe, Guerra, Cebrián, los jarrones y las fotos

Hasta Dios ha muerto en este 2020 con la desaparición de Maradona, el último mito popular planetario. Aquí en España tuvimos otro dios, que se convirtió en jarrón chino y que ahora quiere renacer de sus cenizas como Ave Fénix. Paradójicamente en ese renacer parece acompañado por quien fuera su escudero. Y con pluma, más de “agitpro” que de reflexivo académico, un casi octogenario periodista se une en la conformación del trío, sin dejar muy claro quién es el Padre, quién el Hijo y quién el Espíritu Santo.

Ni Pablo Casado, ni Isabel Díaz Ayuso suponen un verdadero peligro a corto plazo para el Gobierno de PSOE-UP. El griterío de las tres derechas son tormentas de superficie por mucho que crispen la atmósfera. Tormentas que, por otra parte, ciertamente terminarán erosionando las instituciones democráticas. El verdadero mar de fondo de la temperatura política viene de la vuelta a la actualidad de Felipe González, Alfonso Guerra y la retahíla de artículos de Juan Luis Cebrián.

Al inicio de los noventa, los primitivos teléfonos móviles empezaron a jugar malas pasadas y el 26 de abril de 1991 nos enteramos que para Txiki Benegas, secretario de organización del PSOE, Felipe González era “Dios”, aunque no a nivel Maradona, se ve que era uno de los motes que le daban al presidente los más destacados militantes del PSOE. Con el tiempo, este Dios local que indudablemente lideró su partido y España acabaría perdiendo unas elecciones frente a José María Aznar, víctima de su propia soberbia. En ese instante hizo mutis por el foro y reconoció que los expresidentes son como un jarrón chino en un apartamento pequeño, que aunque tengan valor, puede terminar en el suelo fácilmente.

Alfonso Guerra, el mejor “poli malo” que pueda existir en política, siempre tuvo una lengua de morderse y envenenarse. Era la suya mano de hierro en la disciplina del PSOE, haciendo famosa aquella máxima de “quién se mueve no sale en la foto”. Máxima que desde luego en la actualidad no se aplica porque quien más se mueve es él mismo y el propio González en permanentes ataques a Pedro Sánchez y al Gobierno de coalición.

Se equivoca e ministro Ábalos al considerar a González “referente histórico” del PSOE. Fue un gran “líder” porque supo concitar multitud de adhesiones traicionando algunos principios del socialismo. Tuvo quizá la misma prisa que el actual Pablo Iglesias en alcanzar el poder, por lo que abandonó el marxismo, al tiempo que era azote permanente de UCD y Adolfo Suárez. Era un gran líder porque sus principios flexibles sabía argumentarlos y llevar a la militancia, primero, y a la sociedad después por donde quería. Abandonó el marxismo, metió a España en la OTAN, olvidó las políticas sociales y la complicidad con el sindicalismo de clase, lo que llevó a romper directamente con la UGT de Nicolás Redondo…

Efectivamente, con su experiencia podría haberse convertido en un referente pero se autoproclamó “jarrón chino” que había que dejar escondido. Ahora también ha traicionado ese principio. El problema es que ahora no tiene lo que hay que tener. Es decir, ni un club de fans aunque posea la capacidad de generar mar de fondo uniéndose a la matraca anti Gobierno. Mientras, González y Guerra se convierten referencias tuiteras para la derecha, que hasta el alcalde de la capital y portavoz nacional del PP se encarga de utilizar declaraciones del segundo para agitar más el panorama.

Por supuesto que tienen toda la libertad para expresar sus opiniones, pero cuando lo hacen saben que generan perplejidad en muchos al verlos defendiendo lo mismo que el PP, Vox y Ciudadanos. Saben que en el PSOE de hoy quien se mueve sale en la foto. Ahora bien, la foto que habría gustado ver es la de Felipe González y Alfonso Guerra junto a la escultura de Indalecio Prieto en Nuevos Ministerios y junto a la placa de Francisco Largo Caballero en la plaza de Chamberí, defendiendo esos símbolos que los son de todo el PSOE, de todo el movimiento obrero y de todo Madrid. Defender a Largo Caballero y a Prieto es implicarse contra la deriva ultraderechista que padece España. En esa defensa sí hay un referente del PSOE, Manuel de la Rocha, que está coordinando la acción jurídica contra el Ayuntamiento de la capital. Ni Felipe González es un referente histórico, ni Alfonso Guerra es Antonio Machado, ni Cebrián es Ortega y Gasset.

Es interesante en el escenario actual repasar el libro “El futuro no es lo que era” (Aguilar). En el año 2001, Cebrián y González tuvieron una larga conversación que dio como resultado ese volumen de más de 250 páginas. En el primer capítulo, quien fuera presidente del Gobierno asegura que, en España “el espíritu de consenso se mantiene hasta el comienzo de los años noventa, cuando Alianza Popular se convierte en PP y sus nuevos dirigentes reinstauran la política del rencor. Iniciaron una oposición crispada, una política de ruptura de los acuerdos básicos, incluidos los referidos a terrorismo y política exterior”. La estrategia de Aznar sigue viva en Pablo Casado y Santiago Abascal aunque la España de hoy no es la de 1982.

El bipartidismo se ha evaporado, aunque no es descartable que las precipitaciones lo hagan retornar. El PSOE de hoy tampoco es el de entonces, aunque quizá ha aprendido sus peores vicios y como muestra, Madrid, manejada por los hilos de Moncloa. Con un partido descabezado, ejerciendo la oposición más triste en el Ayuntamiento de la capital y en la Asamblea regional por personas que no son afiliadas y no pertenecen a ninguna Agrupación.

“No voy a permitir que me manden callar”, ha proclamado con enfado Felipe González. Tiene razón. Es bueno que hable. Incluso sería deseable que se organizara en el PSOE, en un ala derecha junto a Alfonso Guerra y de la dialéctica con la necesaria Izquierda Socialista surgieran buenas ideas y no burdas ocurrencias.

Felipe, Guerra, Cebrián, los jarrones y las fotos