martes 1/12/20

ETA fue derrotada y el PP lo sabe

En primera persona comentaré que anduve más de un año, a mediados de los ochenta, teniendo que mirar debajo del coche a ver si había alguna bomba lapa. Incluso un tiempo llevé una pistolita, que no sabía utilizar, en el bolsillo derecho de la chaqueta. Fueron los interminables meses de una mili madrileña como conductor del jefe de comunicaciones del EME. “Alfonso, muévete, deja distancia, cambia rutinas que van a por mí van y a por ti”, me decía el militar. Más de un soldado conductor fue asesinado en esos días. Y en Madrid, en la misma semana podías ser objetivo de ETA si conducías un coche militar y sospechoso etarra para la policía si conducías un coche civil y viajabas a Burgos. El terrorismo etarra se metió en medio de muchas vidas provocando dolor. Pero ese tiempo pasó.

El Partido Popular, con FAES a la cabeza, lleva diez años impidiendo que en España disfrutemos del final de ETA. Son ya dos lustros sin atentados, sin amenazas, sin extorsiones…, “fue una derrota en toda regla, una victoria de la democracia con la que los terroristas pretendían acabar”, escribía en 2015 Alfredo Pérez Rubalcaba.

En la actualidad con Pablo Casado sigue viva la estrategia de Aznar contraria a la celebración de la victoria de la democracia sobre ETA. La victoria de la policía, de la guardia civil, de jueces y fiscales. La victoria de la sociedad vasca, de toda la sociedad, porque “el triunfo sobre ETA es una empresa colectiva, un éxito de nuestra democracia del que debemos estar legítimamente orgullosos”, tal como también escribió Rubalcaba.

Las derechas españolas siguen sacando a pasear las siglas de la banda terrorista en plena pandemia para criticar el apoyo de cinco diputados de Bildu en el Congreso a los Presupuestos Generales del Estado. Ni siquiera para criticar unos presupuestos que son tan criticables en su fondo, como claves para superar la crisis económica que padecemos y padeceremos.

Y es que el Partido Popular no trabaja el fondo de los asuntos porque es cansado y da pocos réditos partidistas a corto plazo. Prefiere el jaleo y esa violencia de los símbolos en la que tan bien se desenvuelven los populismos. Prefiere poner en el debate la relevancia de las banderas, su patético concepto de Libertad (la de quien tiene dinero para pagar cualquier cosa) o insistir con resucitar a ETA a través de Bildu, siguiendo los dictados de Aznar, que rompió con la estrategia de Estado a la que sí se apunto Manuel Fraga. Increíble, pero cierto.

El periodista Luis R. Aizpeolea, que lleva más de cuarenta años investigando sobre ETA y su mundo, argumenta esta tesis, por ejemplo, en un breve artículo (“La batalla de la opinión”) publicado en enero de 2019. En él recuerda como en las conversaciones de Argel mantenidas por el Gobierno de Felipe González, Manuel Fraga respaldó al Gobierno socialista de España. Y explica: “desde que José María Aznar fue elegido presidente del PP, en 1990, rompió la unidad antiterrorista existente con Fraga al desplazarla a las políticas partidarias de oposición al Gobierno socialista. Rajoy, en la oposición mantuvo la pauta”.

A mediados de enero de 2014 tuve la fortuna de poder acudir a la presentación, en la librería Blanquerna de Madrid, del libro “Los entresijos del final de ETA. Un intento de recuperar una historia manipulada”, también de Aizpeolea. Entre el público estaban Rubalcaba, José María Calleja, Iñaki Gabilondo… y como maestro de ceremonia José María Izquierdo. El periodista, experto en prensa ultra, explicó que el PP ha venido haciendo una “política obscena. Que el PP ha utilizado el terrorismo como ariete cuando ha estado en la oposición”.

RAJOY LEGALIZÓ BILDU

También esta tesis, esta “obscenidad” del PP es argumentada por Aizpeolea en su artículo “El último asesinato”, donde explica que estas derechas “han cambiado, a posteriori, las reglas del juego establecidas en los Pactos contra el terrorismo”. Esas reglas, a las que se apuntó primero AP y después el PP, establecían “que ETA desapareciera y su brazo político, hoy Bildu, aflorara legalmente como expresión no violenta del independentismo”.

Es decir, el PP es un evidente corresponsable de que Bildu ocupe cinco escaños en el Congreso de los Diputados. Rajoy legalizó a Bildu, pero cada vez que estos diputados apoyan algo que no le gusta al PP, renacen las siglas de ETA, que cometió su último y extraño atentado el 16 de marzo de 2010 en París, asesinando a un gendarme. Aznar no tuvo problema en negociar con ETA , a quien llegó a calificar de “Movimiento Vasco de Liberación” cuando fue presidente del Gobierno. El PP ha pactado centenares de veces con EH-Bildu. Entre 2016 y 2017, en ciento veintisiete ocasiones y decenas de veces más en ayuntamientos, como en Vitoria bajo el impulso del popular Javier Maroto porque  como aseguraba, “excluir no está en la agenda”, en su agenda que rebosa pocos principios y además flexibles.

En este escenario, con el que Casado evidencia que su viaje al centro era retórica de andar por casa, las víctimas de ETA ya están cansadas de que ser “manoseadas” para fines partidistas. En 2012 pude entrevistar al periodista Gorka Landaburu y lo decía muy claramente : “Yo estoy dispuesto a pasar página, pero después de leer la página. He perdido la movilidad de mi mano, la visión de un ojo y he seguido aquí. Me quedé en este país a luchar por la paz, por la libertad de expresión y por los derechos humanos. Luchamos durante cuarenta años contra la dictadura de Franco y después contra la dictadura de ETA. Yo pienso que la reinserción sí nos permite avanzar, porque tenemos que convivir".

Tres años después, en 2015, gracias a las Comisiones Obreras de Euskadi, pude asistir, en el teatro Campos de Bilbao, a la autodisolución de Lokarri, la red ciudadana por el acuerdo y la consulta. Su existencia perdió sentido porque su lucha pacífica de diez años también perdió sentido al dejar de existir ETA. Por el escenario del Campos, pasó Brian Currin, abogado surafricano, “facilitador” y líder del Grupo Internacional de Contacto (GIC). Este grupo fue públicamente presentado el 15 de febrero de 2011 tras un tiempo de trabajo discreto. Periodo en que hubo contactos con todos los partidos políticos excepto el PP. Prácticamente todo el mundo estaba dispuesto a colaborar, incluida la Iglesia. El empresariado incluso hizo pública la carta por la que ETA anunciaba su decisión de acabar con el llamado “impuesto revolucionario”.

Currin quiso llevar a Bilbao algunas reflexiones de Nelson Mandela, a quien no pudo llevar en su momento al País Vasco. Citando a Mandela, habló Currin del cambio: “el cambio no es cambiar a los demás, sino cambiarse a uno mismo. Esa es la parte difícil del cambio”; de lo maligno: “lo maligno no son las personas, sino las políticas”; y la reconciliación, “algo más que un marco legal. Algo que tiene que surgir de las propias personas”. También recuerdo que concluyó proclamando que el acercamiento de los presos “no es política, son puros derechos humanos”.

ETA fue derrotada y el PP lo sabe