domingo 27/9/20

Almeida, el bluf

Almeida, que durante unos días parecía el trasunto castizo del neoyorkino Giuliani ha resultado ser un bluf

Madrid ciudad, la capital, el foro tiene un grave problema, un histórico problema: nadie se preocupa de ella. Sólo Carlos III y Tierno Galván pusieron a Madrid en su sitio. En Madrid, cuando hay políticos que destacan, o se les roba para la política nacional o se les corta la cabeza (en sentido figurado), independientemente de las siglas del partido al que pertenezcan.

España entera habla de Madrid, de las decisiones que se toman “en Madrid”, es decir en el Gobierno estatal, central o federal; pero nadie sabe las penurias de Madrid, de sus barrios periféricos y del mismo centro, antaño un barrio más; antes de la pandemia, una especie de parque temático para turistas y ahora un espacio medio muerto, repleto de carencias y olvidado por la Comunidad y el Ayuntamiento.

Quien esto firma lleva el ADN de la calle Atocha en sus genes, frontera de Lavapiés, barrio de las Letras, Retiro y Sol. Hubo un tiempo, no tan lejano, en que ese centro de Madrid bullicioso, de acogida, de bienvenida a la ciudad vía Estación de Atocha tenía pequeño comercio: lecherías, panaderías, librerías, mercerías, jugueterías, heladerías. Hasta teatros y cines de barrio, además de los majestuosos de Gran Vía. Claro…, había bares, cafeterías y restaurantes de menú del día.

Pero cuando la derecha empezó a gobernar, comenzó a sentar las bases de un centro turístico basado en la especulación, en la creación de hoteles, centros comerciales… Las franquicias desplazaron a los cines, los apartamentos de lujo a las viejas edificaciones, los hoteles de lujo a otras viejas edificaciones, las paellas para turistas a precios desorbitados desplazaron a los menús del día… Los viejos vecinos fueron desplazados, expulsados a otros barrios y cuando llegó la pandemia en el centro no hay nadie. Sin turistas, el centro, se ha quedado en los huesos.

Gracias al actual alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida he descubierto que la Real Academia de la Lengua, incluye la palabra “bluf” en su diccionario, pensando yo que era un anglicismo. En su primera y segunda acepciones encontramos el significado requerido: “1. Montaje propagandístico destinado a crear un prestigio que posteriormente se revela falso. 2. Persona o cosa revestida de un prestigio falto de fundamento”.

Efectivamente, Almeida, que durante unos días parecía el trasunto castizo del neoyorkino Giuliani ha resultado ser un bluf. Mientras España y Bolsonaro, que le ha premiado vía embajada, lo consideran un adalid del diálogo y el consenso, quienes vivimos en Madrid padecemos un desgobierno sólo tapado por la nefasta y mediática gestión de la presidenta de la Comunidad Isabel Díaz Ayuso.

Almeida, el dialogante, es incapaz de llegar a un acuerdo con los comerciantes del Rastro, a quienes no permite abrir y que llevan manifestándose once domingos. El alcalde, premiado por su capacidad de dialogo al estilo Bolsonaro,  y su Gobierno impiden que las asociaciones vecinales participen en los plenos de las Juntas de Distrito como denuncia la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM).

El capítulo de incumplimientos de Almeida también ocupa un largo listado. En el capítulo educación, la única escuela infantil municipal y pública del distrito Centro, que iba a comenzar a funcionar en septiembre, no lo ha hecho a pesar de la promesa del “munícipe por antonomasia” y a pesar de estar formalizadas las matrículas por más de cien familias. En el capítulo sanidad, el prometido centro de salud en el edificio de la “Ingobernable”, pues tampoco será un centro de salud a pesar de la urgente necesidad que existe.

En el capítulo deporte, surge el PP en estado puro. La historia ha sido viralizada en twitter por Chema Dávila, exconcejal socialista (uno de esos casos de cabeza cortada en sentido figurado), actual secretario general de la Agrupación Socialista de Centro y protagonista en la pasada legislatura de lo que iba a ser un nuevo Polideportivo en la plaza de la Cebada, histórica reivindicación vecinal del distrito. Según narra Dávila en un hilo imprescindible, “el proyecto se financió exclusivamente con fondos públicos, iniciándose la construcción que todavía sigue en marcha. La gestión iba a ser pública, encargándose el ayuntamiento de la misma. Hubo cambio de gobierno y ¡SORPRESA! han decidido privatizar la gestión”. Claro…, si hay negocio.

En el capítulo desigualdad social, pobreza y hambre, algo de lo que saben tantas asociaciones de Tetuán, Vallecas, Usera, Villaverde… la llamada “tarjeta monedero” iba a implantarse el 1 de septiembre para que quienes padecen pobreza pudieran utilizarla y evitar las “colas del hambre”, pero la falta de trabajadores para su puesta en marcha hará que hasta que el invierno asome no pueda ser utilizada.

La lista de penurias capitalinas es enorme: falta de medios para los bomberos municipales, suciedad en aceras y paredes, nuevos carriles bici que ni son carriles, ni son para bicis y promueven los accidentes…

Almeida es un bluf porque quieren vender que tiene liderazgo y no es cierto. Se ha puesto a la cabeza de la rebelión en la Federación Española de Municipios y Provincias, donde durante 30 años ha habitado el consenso, para arremeter contra el Gobierno de España. Comprendiendo las razones de los ayuntamientos, que llevan una década ahorrando, estos han preferido quedarse sin nada que ingresar 5.000 euros a fondo perdido. ¿Eso es liderar un revuelta? Dejar a los ayuntamientos sin un euro y no presentar alternativas es ser muy poco patriota.

Por contra, el alcalde de Fuenlabrada, Javier Ayala explicaba claramente la jugada de bloqueo: “supone que los ayuntamientos no podremos invertir nuestros ahorros y deberán seguir en el banco, al que además tendremos que pagar los intereses correspondientes a cargo de las arcas públicas”. Su municipio dejará de percibir por la gracia, 40 millones de euros.

Almeida, ahora portavoz nacional del PP, es listo y lo ha venido demostrando. Como todos, incluidos sus socios de gobierno y la triste oposición. Con un Más Madrid que quiere pero no puede, discutiendo si son un partido o un movimiento; y un PSOE en “tiempo muerto” desde que el entrenador de baloncesto ganó aquellas extrañas primarias.

Almeida, el bluf