jueves 23/9/21

El sujeto histórico en la 4ª revolución industrial

¿Está la izquierda preparada para la aparición de un nuevo actor político? ¿Cómo serán los conflictos obreros a mediados del siglo XXI cuando ya no haya obreros?

¿Está la izquierda preparada para la aparición de un nuevo actor político? ¿Cómo serán los conflictos obreros a mediados del siglo XXI cuando ya no haya obreros? ¿qué consecuencias tendrá en las organizaciones representativas de los diferentes intereses en juego? ¿Cómo y quién hará la historia a partir de estos cambios? ¿Soñarán, definitivamente, los robots con ovejas mecánicas?. Eric Hobswand en su libro “Age of Extremes” escribió: “Por qué los brillantes diseñadores de moda, una raza notoria por no ser analítica, en ocasiones anticipan mejor la forma de las cosas por venir que los profesionales de la predicción es una de las cuestiones más oscuras de la historia y, para el historiador de las artes, una de las más fundamentales”. Posteriormente en su obra póstuma “Fractured Times. Culture and Society in the 20th Century” continuó preguntándose sobre eso y se respondió

“Aún no sé la respuesta. Al examinar las artes de la década anterior a 1914, podemos observar que había en ellas muchas cosas que anticipaban la caída de la civilización burguesa después de esa fecha. El Pop Art de las décadas de 1950 y 1960 reconocía las consecuencias que la economía fordista y la sociedad de consumo de masas implican y, de este modo, la abdicación de la antigua obra de arte visual. ¿Quién sabe? Quizá un historiador que escriba de aquí a cincuenta años diga lo mismo de lo que sucede en las artes, o lo que se hace bajo el nombre de arte, en nuestro momento de crisis capitalista, y se retire a las ricas civilizaciones de Occidente. (…) ¿Qué anticipaciones leerá el historiador de 2060 en las producciones culturales de los últimos treinta años?. No lo sé ni puedo saberlo, pero mientras tanto se habrán proclamado unos cuantos manifiestos.”

Es una pregunta, aparentemente simple y curiosa, pero cargada de ideas que conviene tener presente. Un punto de vista sorprendente de un pensador marxista del que algunos, perfectamente compatible con análisis sobre las causas estructurales y objetivas del cambio social. ¿Podemos avanzar lo que será la forma de vivir, producir, enfrentarse a los problemas, articular la participación política, los conflictos sociales u organizar las instituciones mirando el arte actual? ¿Podemos anticipar el futuro mirando una sala de exposiciones de las ferias internacionales de arte de vanguardia? ¿Podemos intuir cómo será la industria viendo una performance, un video o una escultura del artista chino Ai Weiwei o las obras efímeras de Cai Guo-Qiang?. Si nuestra economía está dominada por la ideología del nihilismo transmitida eficazmente por el capitalismo financiero sostenido, a su vez, sobre el convencimiento generalizado de que el dinero lo puede todo, en cualquier lugar y de manera inmediata, el arte, en sus múltiples formas de expresarse, ha anticipado este desarrollo con la aterradora potencia de internet.

El arte, como la política, es interdependiente del resto de acciones humanas, pero ya no se remite a esferas culturales coherentes, cerradas – interconectadas pero con coherencia interna de sus “categorías cerradas” según el término acuñado por Gustavo Bueno – sino que se remite a un todo en cualquier lugar y momento. Igualmente esa interdependencia, ese incremento de la complejidad, al combinarse con la urgencia del “aquí y ahora” del capitalismo financiero, retrasa la capacidad de decisión, incrementa la incertidumbre de la política y nos somete al destino marcado por la única certidumbre posible, por aquello que puede ser mesurable de forma simple e inmediata. Una certidumbre que no nace porque sea buscada y menos deseable, sino que se hace deseable por ser posible, por ser brutalmente eficaz: el beneficio, la productividad, el PIB, la riqueza, en definitiva, el mercado se convierte en una tabla de salvación para resolver la complejidad y la incertidumbre de nuestro tiempo.

La mayor confianza que genera el mercado en el sentido común de la ciudadanía no procede de su mayor conocimiento o de la constatación de su mayor eficacia para darnos felicidad sino, precisamente, porque existe una idea vaga de su funcionamiento y porque se la sustrae, incluso en épocas de crisis económica, a simples pruebas de su eficacia. La política – ese otro sujeto de control de nuestra vida social – por el contrario es más conocida, es más permeable, está más expuesta al debate público y se le aplican directamente mecanismos de evaluación que pretenden demostrar su ineficacia aun en aquellos casos en los que es evidente su mayor eficacia frente al mercado. Este, sin lugar a dudas, ha sido uno de los grandes logros del liberalismo económico, conseguir que las personas corrientes depositen su confianza en el mercado antes que en la política. La ciencia y sobre todo la ciencia aplicada, ha ayudado mucho a esta asimilación del mercado como el gran instrumento de verificación de la eficacia en la conciencia de la gente. La ciencia aplicada que se transforma y se concreta en los inventos y en los bienes de consumo, aparece como algo neutral, separado del mercado, beneficioso per se para nuestra vida. Pocas personas se plantean si esos inventos nacen por necesidades reales o si es la necesidad la que nace del invento. El contrargumento a la visión crítica (esto es, es antes el invento que la necesidad) son las tasas de ventas de los inventos convertidos en productos. Nada más sencillo para converncer a la población de la necesidad de algo acudiendo a los resultados de las ventas de dichos productos, es decir, si algo se vende es porque era necesario y la ciencia, simplemente, utiliza toda la cadena del mercado (producir, transportar, comerciar, vender) para satisfacer dicha necesidad, pervirtiendo así, el circuito real del devenir de las cosas.

El arte como anticipador del futuro

Parece descabellado y seguramente una idea poco sugerente a priori – si no fuera por quién la plantea – considerar que podemos analizar el futuro mirando esa parte tan superficial de la existencia humana como es el arte aunque, por otra parte, tan presente desde que el ser humano puede considerarse así. Sin embargo hay que abrir la perspectiva. Primero sobre qué es arte en la sociedad actual. El arte en sus expresiones clásicas (pintura, escultura, teatro, música) ha dado paso a otras formas de expresión (fotografía, cine). Todas ellas excepto la arquitectura, que era considerada por los griegos clásicos como una de las seis artes, no están relacionadas con aspectos utilitaristas de la vida humana ni con la perpetuación de los seres humanos, son por así decirlo útiles para el espíritu pero no para la supervivencia de las personas. La única relación aparente entre las artes y los modos de producción existentes en cada momento (y con ellos las instituciones, la política, las relaciones sociales) está en el ser humanos que es único nexo de unión. Será siempre el ser humano, al menos hasta que los robots tomen el poder, el sujeto que construya la historia, pero no podemos dejar de pensar que la conducta humana está condicionada por la realidad física (objetiva) y que, a medida que construimos esa realidad física, modificamos las condiciones de vida a partir de las cuales tomamos nuevas decisiones que condicionan nuestra existencia.  Pero es en ese devenir, en el que el propio ser humano el que se ha ido construyendo una realidad que le coloca al margen de la propia historia. Los cambios históricos trascendentes se han producido porque cambian las condiciones, aparecen nuevos sujetos políticos y cambian los temas prioritarios. Han de combinarse y de hecho se combinan los tres elementos (condiciones, sujetos y prioridades) para dar pie a momentos de ruptura pero la combinación de esos tres elementos, aparentemente simple, es en realidad muy compleja.

Hoy, si hay una afirmación en la que todos estamos de acuerdo, es que vivimos en una época de incertidumbre en cuyo interior, el sujeto histórico, se diluye. Una disolución propiciada por su multiplicación, por la fragmentación del sujeto, por el reforzamiento del “narcisismo de las pequeñas diferencias” en un término acuñado por Freud, que ha desvirtuado, en primer lugar, la pretensión de una historia universal, común al ser humano. A pesar de los logros de la historia científica, el liberalismo ha logrado revivir los viejos ídolos, causantes de la deformación voluntaria de la verdad histórica, entre ellos, el nacionalismo, los particularismos étnico-culturales, los sujetos colectivos separados por sexo (género), raza, etnia, credos, o cualquier otro argumento que nos diferencie.

A pesar de que el concepto sujeto histórico tiene acepciones variadas que van desde la pura vulgaridad a la fundamentación de toda una escuela historiográfica prácticamente, todas se definen por la concepción del sujeto. Está en la vulgarización del concepto que convierte cualquier hecho en “sujeto histórico” donde se encuentra a menudo las grandes sorpresas para los pensadores pero en la que no encontraremos explicación alguna. Desde luego, no puedo pensar que sea internet, o la nanotecnología, o la genética el “sujeto histórico” en la cuarta revolución industrial pero sí que esa son condiciones en las que surge y crece. Como afirmó Giambattista Vico, hemos de creer que el sujeto histórico será siempre un sujeto humano, siempre el ser humano – el ser social aristotélico – , que es el fundamento de la corriente reiniciada en el Renacimiento frente a la concepción del hombre conducido por Dios – la historia teleológica, con un fin, un objetivo-, o al contrario, por el azar, o por el fatum de la biología, la economía, o la tecnología. Siendo como son los caminos de Dios inescrutables al pensador le está prohibido, por principio racional, conocer la última intención y la  causa del devenir de la humanidad. Se reduce así a aquel, a ser origen y fin que propicia la salvación. En medio, sólo un valle de lágrimas. ¿Cómo podemos, entonces, vislumbrar hacia dónde vamos, cuáles son las señales que nos dicen cómo será nuestra vida en el futuro? Quizás en el arte.

Después de siglos de definir las artes en grandes categorías, en 2011 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos equiparó los videojuegos a otras expresiones artísticas tradicionales al afirmar que “al igual que los libros, las obras de teatro y las películas que les han precedido como objetos de protección, los videojuegos comunican ideas, e incluso mensajes sociales, mediante instrumentos literarios conocidos (como por ejemplo los personajes, los diálogos, el argumento y la música) y características distintivas de esa expresión (como la interacción del jugador con el mundo virtual)”. En 2012, el Museo de Arte Norteamericano del Instituto Smithsonian albergó la exposición denominada “The Art of Video Games“, en la que se celebra la evolución artística experimentada por los videojuegos en los cuarenta años transcurridos desde que traspasaron las fronteras de las salas de juegos para adentrarse en nuestros hogares.

¿Por qué no considerar que, junto al cine, debamos incorporar como expresiones artísticas los videojuegos, la producción televisiva o la publicidad y valorar su impacto como lo fue la moda en el siglo pasado.? ¿Puede ser que la cuarta revolución industrial se anticipara con el diseño industrial, los videojuegos, el intercambio/manipulación de imágenes en las redes sociales o la capacidad de producir arte a partir de una impresora laser personal? ¿Qué anticipan las impresoras en 3D?.¿Qué anticipa todo eso junto en la formación académica, educación, la producción científica, la propiedad industrial, la producción de bienes?. Estos cambio parecen referidos al ámbito del ocio y por tanto menores, pero por un lado el ocio es cada vez más un sector económico que mueve miles de millones de euros y por otro, el salto de este sector a otros como puede ser la producción en casa de partes o de todas las piezas de bienes de consumo, es un salto muy pequeño para las empresas pero muy grande para la humanidad. Imaginemos cómo cambiaría la industria, el comercio, la publicidad y con ella toda la estructura económica, si nos vendieran sólo los esquemas y la materia prima en tubos como se vende ahora la tinta de las impresoras laser, para hacer nuestras neveras, nuestras televisiones, piezas de recambio de nuestros coches, bicicletas, muebles, ...por qué no nuestra ropa y todos los bienes de consumo los pudiéramos fabricar en nuestra casa. Es decir, el modelo Ikea aplicado a otros sectores.

La ciencia avanza por la imaginación de capitalistas que encuentran en este proceso de digitalización, robotización inteligente y nanoproducción la esperanza de producir bienes sin tener que cargar con gastos fijos en personal, distribución,  almacenaje, marketing, puntos de venta, dando a los clientes la “libertad” de producir ellos mismos sus propios bienes. Sólo dependerían de una adecuada financiación e ideas brillantes de unas pocas personas emprendedoras, ideas que se encontrarán disponibles en la red (y que las colgamos gratis) y serán aprovechadas por aquellos que disponen del capital para convertirlas en bienes consumibles, cerrando un círculo perfecto de acumulación de capital. Recientemente Instagram ha premiado a un niño de diez años con 10.000 dólares por descubrir un fallo en sus sistema de seguridad pero el arreglo de ese fallo le ha supuesto beneficios ingentes a los propietarios de Instagram, es decir, a Facebook, es decir, a Mark Zuckerberg.

El arte ha estado íntimamente relacionado con los avances tecnológicos y estos, con la forma de producir bienes. Los descubrimientos e inventos en el manejo de los materiales, desde los más ligeros como las arcillas a los más pesados como los metales, han hecho evolucionar una y otra. Al igual que las “nuevas artes” (fotografía, cine, moda) están directamente relacionadas con la evolución de técnica y la ciencia, las nuevas formas de expresión artística son un anticipo de los cambios que vendrán. Ahí avanza la sociedad de mediados de siglo XXI. ¿Es un avance de la forma de producir y de consumir información los cambios en los canales por los que accedemos a ella, canales que parecían inalterables?. Si cambian los canales y la forma de consumir este producto, cambia la función social del trabajador – en este caso el periodista – y desaparece un sujeto hasta ahora primordial de la cadena de producir información que modifica, a su vez, todo el contexto de relaciones sociales. Este argumento es aplicable a cualquier cadena de producción de bienes o servicios.

La cuarta fase de la revolución industrial o Industria 4.0 se caracteriza por la industria inteligente o Ciber-industria y el futuro se relaciona con a una nueva manera de organizar los medios de producción. Existirían un gran número de «fábricas inteligentes» adaptadas a las necesidades y a los procesos de producción, logrando una asignación más eficaz de los recursos. Pero este objetivo necesita de unas bases tecnológicas como son el internet de las cosas; sistemas ciberfísicos, implantación de la cultura maker "Hágalo usted mismo"; Fábrica 4.0 sostenida esta última en la digitalización total y coordinación cooperativa en todas las unidades productivas de la economía,  interconexión directa de máquinas y de sistemas en el propio emplazamiento de producción, y por un inmediato intercambio de información con el exterior (con el nivel de oferta y demanda de los mercados, y/o con los clientes, y/o los competidores, y/o con otras fábricas inteligentes, etc). Después del desarrollo de la máquina de vapor y de la mecanización (segunda mitad del siglo XVIII), después del desarrollo de la electricidad con fines domésticos e industriales (fin del siglo XIX), y después de la automatización (siglo XX), viene la nueva etapa es la transformación industrial con esas características. A nadie se le escapa que cada una de estas etapas de desarrollo industrial ha tenido consecuencias sociales, medioambientales y políticas y no precisamente hacia mejor.

Si tenemos ya un desempleo duro de soportar, ¿qué pasará cuando las máquinas no necesiten ser manejadas por los seres humanos o por lo menos por tantos seres humanos?. Estos temores ya existieron en el pasado también, por ejemplo cuando aparecieron las cadenas de montaje en serie de las fábricas de automóviles y en otras industrias, cuando nació la informática y los ordenadores. Es posible que las organizaciones pueden ser incapaces de adaptarse, que puedan fallar en el uso y la regulación de las nuevas tecnologías para captar sus beneficios, que el cambio de poder puede crear nuevas preocupaciones de seguridad, que puede aumentar la desigualdad o que puede fragmentar las sociedades.

Lo que sí es evidente es que estos cambios requerirán otra clase de mano de obra… cada vez más capacitada. Una capacitación humana inteligente para saber manejar una tecnología inteligente. El World Economic Found (WEF) acaba de editar un informe: "The Future of Jobs”. Según este informe “La 4ª Revolución Industrial está interactuando con otros factores socioeconómicos y demográficos para crear una tempestad perfecta de un cambio de modelo de las empresas en todas las industrias, que resultará en grandes desarreglos en los mercados de trabajo. Emergerán nuevas categorías de empleos que desplazarán parcialmente o totalmente a otros. Los conjuntos de aptitudes cambiarán en la mayoría de las industrias tanto en puestos de trabajo antiguos como nuevos, y transformarán la manera de cómo y donde trabaja la gente. También puede afectar a las mujeres y hombres trabajadores de forma diferente y transformar la dinámica de la brecha de género en la industria.”. Esta es una combinación nueva de los tres factores mencionados antes (condiciones, sujetos y prioridades) que dan carta de naturaleza a la aparición de un sujeto histórico.

Estos cambios requerirán otra clase de mano de obra cada vez más capacitada, crean unas condiciones muy diferentes a las existentes hasta ahora y reordenan las prioridades de la gente. Y todo empezó con un videojuego de ping-pong para la televisión en 1972 y una impresora 3D para hacer muñequitos para los niños una década después y que ya es capaz de imprimir tejido orgánico. ¿Esta la izquierda atenta a la aparición de un nuevo sujeto histórico?

El sujeto histórico en la 4ª revolución industrial