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jueves. 11.08.2022

La deuda griega

Si no nos ponemos de acuerdo con las cifras, difícilmente podremos encontrar una solución de pago de la deuda...

Si no nos ponemos de acuerdo con las cifras, difícilmente podremos encontrar una solución de pago de la deuda. Las afirmaciones del gobierno español respecto a lo que nos debe Grecia a España son una muestra de mala contabilidad y una presión innecesaria al gobierno griego que, desde luego, no querríamos de estar en su situación.

Pero al margen de valoraciones y actitudes más o menos propagandísticas, lo que es objetivo es que Grecia no debe a España 26.000 millones. Hagamos las cuentas.

El gobierno griego dirigido por el primer ministro por Papandreu pactó un primer paquete de rescate que finalizó en 2010 por una cantidad de 110.000 millones de euros. De esta cantidad 80 mil millones se entregarían como créditos bilaterales concedidos por los Estados Miembros de la Unión Europea a través del Banco Central Europeo y 30 mil millones le corresponden al Fondo Monetario Internacional en créditos propios.

Dado el acuerdo de participación de los estados miembros de la UE/BCE, a España le corresponde un 8,3% de los créditos bilaterales y dado que hasta la fecha se han entregado a Grecia, siguiendo el acuerdo de entregas, el equivalente al 65% de la cantidad comprometida (53.000 millones) las cuentas son sencillas incluso para el ministro de economía. España ha aportado 4.400 millones de los 6.650 a los que se ha comprometido.

Por tanto ya tenemos una primera cifra: 4.400 millones hasta el 1 de enero de 2011.

Posteriormente ya con el gobierno de coalición de Samarás formado por Nueva Democracia, PASOK y DIMAR, se acordó un segundo rescate por un importe de 130.000 millones (finalmente 141.000 millones) adoptando una fórmula diferente y más costosa, el EFSF.

El Mecanismo Europeo para la Estabilidad Financiera o European Financial Stability Facility (EFSF) continuador del Fondo Europeo de Rescate) supone que en lugar de aportar dinero los estados directamente, la UE toma prestado dinero de los mercados financieros sirviendo de avalistas los estados y haciendo de intermediario entre aquellos y Grecia. Es decir, un papel muy poco digno para una institución europea que se convierte así en un agente comercial entre dos actores.

En esta nueva entrega a España le corresponde un 12,7% pero no en dinero sino en garantías de pago a los mercados financieros privados por tanto no son recursos que se hayan detraído de ninguna partida, sino que son meros compromisos en caso de que Grecia no devuelva esos préstamos. Así pues de España se ha comprometido por valor de 17.000 millones pero, insisto, son compromisos, avales, por lo que no se ha detraído de inversiones o de partidas de gasto alguna.

Sin embargo, aún sumando estas cantidades como recursos que de una forma u otra son aportados por España para el rescate financiero griego, la suma son 21.400 millones pero, como en toda contabilidad, hay un “debe” y un “haber” y el gobierno español se ha olvidado de que desde hace cinco años ha estado recibiendo determinadas cantidades por los intereses de la deuda porque, no hay que olvidarse de que los préstamos no eran a fondo perdido sino a cambio de determinadas actuaciones políticas y del pago de los intereses cuyo tipo se situaban entre el 5 y el 7% que es, como todo el mundo sabe, un tipo muy superior al que le cuesta financiarse al estado español en el mercado financiero.

Es decir, el gobierno español recibió una cantidad anual que rondaba los 200 millones por prestar dinero o por avalar a Grecia en los primeros años, saldo positivo incluso restando lo que pagamos por nuestra deuda en esos mismos mercados financieros. Si tan inseguro es comprar deuda griega qué más da el tipo de interés que nos paguen salvo que el objetivo sea pasarles la cuenta si las cosas se tuercen. Como es el caso.

Finalmente, cuando se prestó ese dinero a Papandreu y Samarás, se indicó que buena parte de esos recursos debían ir destinados a enjugar el principal de la deuda y los intereses generados, por lo que más de la mitad de los 240.000 millones prestados desde 2010 han acabado en los balances de resultados y pago de dividendos de la banca europea pero incrementando la deuda pública griega, la cual podría ser un lastre para Europa si se les sigue presionando.

La deuda financiera tiene dos partes, el deudor y el acreedor, y esa vinculación es, el caso de los países europeos, tan indisoluble como lo es una cordada en la montaña. Si tiras a tu compañero al abismo puedes estar seguro que acabarás yendo detrás porque ambos están colgando de un mismo punto. Un punto que vincula hasta el 2054 esos préstamos. La estrategia de cortar la cuerda y empujar a Grecia hacia el abismo es una mala estrategia. Lo que se debería hacer es fijar bien el punto de apoyo y conversar para ver dónde están los agarres más seguros para todos.

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