Domingo 16.06.2019

Valle Inclán y el esperpento de los simios de ‘2001 odisea espacial’

Desde los tiempos en que Blas Piñar era diputado de Fuerza Nueva, y también desde el golpe de estado de Tejero, nunca había planeado la sombra de Franco. Lo ha hecho este martes en el Parlamento

Este martes, el protagonista del Congreso de los Diputados ha sido Don Ramón María del Valle-Inclán, encarnado en su clon, el presidente de la Mesa de Edad del Congreso, el socialista Agustín Javier Zamarrón, auténtica estrella de la jornada y testigo de excepción del homenaje al esperpento en que se ha convertido una sesión donde, algunos diputados electos han prometido o jurado por la República acatar la Constitución, y lo han hecho derrochando libertad de expresión del mismo modo que una novia daría el “sí quiero” ante el cura, llevando como padrino a su amante y regodeándose al anunciar que esa noche se acostaría con él y no con su marido.

Mientras esto sucedía, cuatro presuntos presos políticos (que para otros no eran más que presuntos políticos presos) se sentaban —buen aspecto, bien trajeados— en su escaño del Parlamento del mismo país presuntamente fascista y opresor que los mantiene encarcelados. Delirante y esperpéntica situación.

En la segunda fila y cercanías, 24 energúmenos emulaban a los simios de la primera escena de “2001, Odisea espacial”, profiriendo gruñidos acompañados de patadas y agitando los brazos para que nadie escuchara jurar o prometer a ciertos diputados bastardos, de esos que hablan lenguas distintas a la de la España grande y libre que ellos tanto añoran.

Desde los tiempos en que Blas Piñar era diputado de Fuerza Nueva, y también desde el golpe de estado de Tejero, nunca había planeado la sombra de Franco. Lo ha hecho este martes en el Parlamento. Y lo preocupante es que es algo que volverá a suceder, al menos durante los próximos cuatro años que, un cuatrienio que en algunos aspectos tal vez se nos hagan muy largos.

En lo que respecta al flamante estreno como presidenta del Congreso de Meritxel Batet, la exministra socialista se ha visto ante la primera situación difícil de las muchas que sin duda le esperan como tercera autoridad en el Reino de España. A título personal, quiero dejar constancia de que aún no tengo claro si la señora Batet ha salido airosa o no del envite. En cualquier caso, confío que ante la previsible reincidencia con que la ultraderecha promete amenizar las sesiones de la XIII legislatura, la presidenta del Congreso sepa actuar con autoridad y aplique las expulsiones pertinentes ante cualquier comportamiento bronco de los diputados más indisciplinados, y que lo haga antes de que se le escape de las manos el control, evitando así que las Cortes se conviertan en un planeta de simios nostálgicos, de esos que lanzan un hueso al cielo y profieren gruñidos a la espera de que un monolito anuncie la Resurrección del Generalísimo, mientras otros diputados bailan sardanas y sueñan con su república, al mismo tiempo que Albert Rivera protesta a gritos, en busca de protagonismo, con la cara roja y atiborrada de tics faciales.

Ay señor, señor, la que nos espera.

Valle Inclán y el esperpento de los simios de ‘2001 odisea espacial’