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lunes. 26.09.2022

Puigdemont y su quimera de humo

puchi

Estoy harto del Puigdemont que falta el respeto a quienes han sido coherentes y purgan en la cárcel (innecesaria y tal vez injustamente) su lealtad al procés

Hace algún tiempo que dejé de publicar en mi muro de Facebook posts de contenido político, una tarea que he relegado tan sólo a los artículos de prensa que, dicho sea de paso, escribo cada vez con menos frecuencia.

La razón de esta  aparente desidia es el desencanto que me invade desde que el procésindependentista ha monopolizado la información a través de un circo mediático que, si bien en un principio me interesó por su trascendencia y sus posibles y graves consecuencias, hoy sólo me produce el hartazgo de estar malviviendo en medio de un cansino día de la marmota.

Justo ahora estoy escuchando la radio con auriculares y leyendo la prensa mientras aguardo pacientemente en la sala de espera a que me atienda el especialista para una de mis revisiones rutinarias de salud, y conforme leo y escucho, compruebo cómo van cobrando más y más protagonismo las astracanadas de un Puigdemont que sobreactúa al interpretar su papel de heroico líder de una república imaginaria cuando, en realidad, sólo es un prófugo de la justicia que cada vez les resulta más molesto e incómodo a los 124 miembros de la Cámara del Parlamento belga (vaya marrón le ha caído a Bruselas con su exilio a la fuga) con la excepción de los seis diputados de la extrema derecha independentista que están encantados con su representación cada vez más tragicómica y patética.

Me aburre el Puigdemont que juega al escondite y publicó ayer en Instagram una foto de las inmediaciones del Parlament catalán para hacer creer que tal vez estaba en Barcelona. ¿De que vas Carles? ¿A que juegas?

Me cansa ese Puigdemont que se ríe de España y de la mitad del electorado catalán que rechaza la independencia.

Estoy harto del Puigdemont que falta el respeto a quienes han sido coherentes y purgan en la cárcel (innecesaria y tal vez injustamente) su lealtad al procés

Y afinando un poco más, me extenúa y empacha ese Puigdemont  de trasnochada sonrisa y dispersa mirada que también se mofa -a los hechos me remito- de la otra mitad de Cataluña qué aun sueña con que sea el president de la república que les prometió como algo posible, aunque sólo sea desde su kafkiana realidad  paralela, un fantasioso delirio y una quimera de humo que tarda ya demasiado en desaparecer.

Conforme tecleo en mi iPhone soy consciente de que este artículo me hará perder aún más amigos de esos que -ahora lo sé- nunca lo fueron. También reflexiono sobre el absurdo de que tantas veces se me haya llamado ‘catalanista’ por mi simpatía hacia el independentismo catalán (que siempre he respetado con la condición de que utilizara cauces legales), y ahora, desde el sector más fanático del procés se me considere un fascista porque veo más conveniente y urgente reformar la Constitución que incumplirla.

Esto es de locos.

Puigdemont y su quimera de humo