sábado 11.07.2020

¿Qué pretende Obama al negociar con Raúl Castro?

Tal vez la intención de los EEUU sea que el pueblo cubano se familiarice con un nuevo modo de vivir...

Sorpresiva, simultánea y casi sincrónicamente, Cuba y EEUU anunciaron el pasado miércoles día 17 la reanudación de unas relaciones diplomáticas inexistentes desde hace más de medio siglo. Hubo además gestos trascendentes como un canje de presos acusados de espionaje por ambas partes, así como el anticipo de futuros acuerdos que dejan entrever negociaciones previas.

De ciencia ficción habríamos considerado hace unos días las declaraciones de Raúl Castro autorizando «de manera unilateral […] la excarcelación de personas sobre las que el Gobierno de los EEUU había mostrado interés», y que un día antes, Obama hubiera mantenido una larga conversación telefónica con el dirigente cubano (con bromas incluidas) con la que se reanudaba la relación entre ambos países tras casi sesenta años de hostilidades y bloqueo. Aunque tras la larga plática telefónica Obama dijera que era «demasiado pronto» para programar una visita a La Habana (o para invitar a Castro a Washington), lo importante es que llegara a plantearse un encuentro entre ambos dirigentes.

Sin haberme repuesto aun de la sorpresa, me atrevo a analizar los posibles porqués del anuncio del derribo de ese simbólico muro de noventa millas de mar que separan a la isla caribeña del continente americano.

La primera conclusión a la que he llegado es que, tras el fracaso del proyecto cubano que durante décadas ha seguido a la Revolución castrista (en buena parte como consecuencia del bloqueo estadounidense), la administración Obama ha optado por la taimada solución de ofrecer gestos de buena voluntad a los desabastecidos isleños, en principio haciéndoles llegar los dólares que aporten el medio millón de norteamericanos que podrán viajar a Cuba como turistas en una especie de invasión pacífica, y además –según se ha pactado– ofrecer unas mejores telecomunicaciones que incluirían una conexión libre a Internet.

Analizado en frío, es previsible que el objetivo de Obama sea sustituir la animadversión contra el castrismo por la implantación de un consumismo que contamine a los cubanos implantándoles nuevos hábitos, una nueva forma de vida y unas necesidades de las que difícilmente podrán prescindir una vez se hayan acostumbrado al libre acceso a bienes de consumo hasta ahora vetados para ellos.

Parece evidente que el acercamiento entre ambos países es un hecho milimétricamente diseñado que, en breve, se podría materializar con la reapertura de sendas embajadas y la instauración de un intercambio comercial que pusiera punto y final al bloqueo. De hecho, la liberación de 53 presos políticos ha sido un gesto que presagia cambios favorables que, no obstante, en nada agradan a los republicanos ni a los cubanos anticastristas de Miami, problema interno que la administración Obama deberá resolver conforme mejor sepan  se les permita.

En los futuros pactos, es de pura lógica que el objetivo de los EEUU será exigir a Cuba que reconozca a la oposición anticastrista, que legalice partidos políticos y que convoque elecciones democráticas, algo que, aunque tarde en llegar, Obama y quienes le sucedan deberán negociar dejando de financiar a la resistencia cubana exiliada en Miami, al tiempo que se implantan nuevas empresas en Cuba, se abren las fronteras al turismo y se conceder créditos a la importación de productos procedentes de Norteamérica.

Tal vez la intención de los EEUU sea que el pueblo cubano se familiarice con un nuevo modo de vivir y acceda a bienes de consumo hasta ahora vetados. O lo que es lo mismo, poner un dulce en la boca de los cubanos para que luego, ni Raúl Castro ni cualquier otro dirigente vestido de guerrillero sea capaz de hacerlos retroceder a la miseria. Muy sibilino y rebuscado parece ser el plan pergeñado por los norteamericanos, y si no, al tiempo.

¿Qué pretende Obama al negociar con Raúl Castro?