Ya se sabe que a los psicópatas no se les suele notar su condición, tanto que incluso a mí que soy profesional de la medicina, me han llegado a marcar algún gol de credibilidad que el tiempo y sus hechos acabaron poniendo al descubierto

Si dijera algo parecido a «¿Cómo es posible que una Bestia que ha asesinado a 40 personas salga de la cárcel sin nunca haberse arrepentido?», estoy convencido de que muchos de los que insisten en lo dura que es nuestra legislación penal me dirían de todo.

Pero, vamos a ver, si nos encontramos ante un individuo que ha cumplido 31 años de reclusión después de que le condenaran a 3000 por ser el responsable inductor de 40 de los más sanguinarios asesinatos de una banda terrorista, ¿es censurable mi curiosidad de dividir 31 entre 40 para saber a que fracción de año le ha salido la pena por cada víctima?

Nos guste o no, el histórico etarra -para muchos un héroe- ha salido de la prisión a las ocho y cuarto de la mañana de este domingo 5 de agosto acompañado por tres sonrientes familiares, y ataviado con un atildado atuendo más propio de un pacífico runner dominguero que no de un psicópata asesino. Aunque, ya se sabe que a los psicópatas no se les suele notar su condición, tanto que incluso a mí que soy profesional de la medicina, me han llegado a marcar algún gol de credibilidad -mi equivocada credibilidad en la honorabilidad del tipejo en cuestión- que el tiempo y sus hechos acabaron poniendo al descubierto.

Si bien es cierto que este sanguinario ciudadano ha cumplido en el régimen penitenciario más duro toda su estancia española en prisión -primer grado-, y también que nunca ha disfrutado de permisos por su extrema peligrosidad, y que además ha pasado veinte horas al día recluido en su celda, no puedo dejar de plantearme otra pregunta: ¿Si el señor Potros ha superado con nota su experiencia carcelaria, y ha salido ideológicamente igual que entró, por qué no le damos por cumplida su pena por la muerte de la primera de sus cuarenta víctimas y -doctrina Parot aparte- se le invita a iniciar la redención de su segundo asesinato, y así hasta cuarenta? También podría aplicársele (para que no se diga que nuestro sistema penitenciario no es benévolo) un beneficio acumulable de cinco minutos diarios fuera de su celda por cada pena de muerte que vaya cumpliendo con buena conducta. 

Voy terminando, pero antes permítanme que deje constancia de mi deseo de que la sensatez imponga, y el Gobierno no permita ningún atisbo de homenaje a este responsable de los comandos etarras mas malignos y feroces (Hipercor, 21 muertos cuatro de ellos niños; plaza de la República Dominicana 12 muertos), y que los medios de comunicación no le hagan el caldo gordo a este asesino, que jamás se le permita lanzar panfletos a través de entrevistas que dulcifiquen su imagen, y que en cualquier información que se difunda sobre Potros a través de prensa, radio o televisión se le otorguen los mismos elogios que generalmente se aplican a otros ilustres con apodo como son Billy el Niño o los prendas de la Manada.