jueves 05.12.2019

Pedro, no nos falles

La negativa del presidente Sánchez a hacer pública la lista de beneficiarios de la amnistía fiscal de Montoro (aprobada en 2012, casi coincidiendo con la llegada de Rajoy al poder),  y la falta de apoyo para que el Congreso investigue las grabaciones de la presunta amante del rey emérito aludiendo a los presuntos chanchullos económicos del anterior monarca (las grabaciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, vinculan a Juan Carlos I con un patrimonio oculto, cuentas en paraísos fiscales e incluso con la amnistía fiscal del PP), son dos puntos conflictivos que debería corregir y neutralizar de inmediato el actual Gobierno presidido por Pedro Sánchez a quien todos los partidos del hemiciclo, excepto el PP y Ciudadanos, exigen que se publiquen los nombres de quienes regularizaron su dinero negro pagando a las arcas públicas la módica cantidad de un 10% , y que se constituya una comisión de investigación parlamentaria sobre las revelaciones de Corinna quien asegura que Juan Carlos I se acogió a la amnistía fiscal.

La razón que esgrime el ejecutivo de Sánchez para incumplir su promesa electoral de hacer pública esa lista («lo primero que haré como presidente del Gobierno será publicar la lista de amnistiados fiscalmente por el PP»), es la falta de maniobrabilidad debida al carácter reservado de estos nombres según la Ley General Tributaria, lo que exigiría una modificación —con su correspondiente trámite parlamentario— que, de llevarse a cabo, tendría efectividad en el futuro pero no sería retroactiva.

Por otro lado, ante la exigencia de investigar al rey emérito por parte de los partidos que junto al PSOE permitieron sacar a Mariano Rajoy de La Moncloa, Sánchez, aun con el perjuicio que le supondría alinearse con la postura de PP y Ciudadanos, insiste en la prioridad de esperar a que se pronuncie el director del CNI en el Congreso y «a partir de ahí, lógicamente actuaremos».

Está claro que el presidente de Gobierno se encuentra ante un doble problema: el derivado de la publicación de la lista de amnistiados fiscalmente por el PP, y la comisión parlamentaria que sus socios le demandan para investigar al rey emérito, un tema con especial resonancia en la sensibilidad ciudadana por los privilegios que benefician a una familia (los borbones) tradicionalmente caracterizada —a los libros de historia me remito— por hacer un alarde de los valores tradicionalistas y conservadores en lo público, mientras en lo privado se prodigaban en un modelo de vida libertino —incluso escandaloso— hasta límites abusivos y haciendo honor a la frase de Maquiavelo «No importa quiénes seamos, sino solo aquello que aparentamos». 

Expuesto lo precedente, y a título personal, le sugeriría al señor Sánchez que fuera lo más coherente posible con las ofertas que repitió hasta la saciedad cuando se encontraba en la oposición. Y si desde su perspectiva como presidente no considera viable que le dejen hacer pública lo que él llama lista de la vergüenza, que aun pese al riesgo de que el Tribunal Constitucional le tumbara dicha publicación, que iniciara a pesar de ello el trámite pertinente como un alarde de coherencia que sería bien recibido por quienes confiaron en él. Además, siempre será más digno y defendible un «lo intenté pero no me lo permitieron» que no un «donde dije digo en la oposición, digo diego como presidente»

El efecto Sánchez en la intención de voto ha supuesto uno de los cambios de tendencia en la intención de voto más rápidos y espectaculares en la historia de la democracia. A estas alturas aun no sé si Pedro Sánchez es o no un buen estadista, entre otras cosas porque no ha tenido tiempo ni ocasión de demostrarlo, pero sí que me consta que es un hombre tocado por la suerte y con un sexto sentido muy bien afinado para superar las adversidades. Si Pedro Sánchez sabe jugar sus cartas, negociar honestamente con quienes le han aupado a la presidencia y demuestra con la práctica que más allá del bipartidismo hay otras formas de hacer política, estoy convencido de que los indicadores demoscópicos se seguirán portando tan bien con él como con su partido.

Estoy seguro de que muchos socialistas (y no socialistas) confían en la baraka de Sánchez y mentalmente entonan un esperanzado «Pedro, no nos falles». En sus manos está señor Sánchez. Y si finalmente les falla porque no es capaz de hacer una política fresca y adaptada a las necesidades actuales, aténgase a las consecuencias porque, en democracia, la última palabra la tienen siempre las urnas.

Pedro, no nos falles