viernes. 14.06.2024

La metamorfosis de Adolfo Suárez: de hombre a mito

Al saberse que Suárez se moría, el subconsciente colectivo lo rescató del poso de sus recuerdos y lo convirtió en mito...

Apenas se supo que la muerte de Adolfo Suárez era cuestión de horas, la sociedad española convirtió al hombre en mito y recuperó su figura como paradigma del político que a todos les gustaría tener al timón de una nave que zozobra en las procelosas aguas de una crisis tanto económica como de valores. Tras el anuncio de la inminencia del desenlace, los españoles desempolvaron los recuerdos de Suárez, olvidaron cualquier actuación censurable en su pasado y pusieron de manifiesto el alto listón que el expresidente dejó tras de sí, a años luz de la mediocridad de los políticos actuales tan incapaces de consensuar una salida a la crisis como de erradicar algo tan sencillo de resolver como la epidemia de corrupción que a casi todos salpica y entre todos encubren.

Comparar a los políticos actuales con Suárez, Carrillo, González, Fraga, Peces-Barba, Gabriel Cisneros y tantos otros, pone en evidencia el déficit de líderes que padecemos y la desconfianza que nos inspiran quienes ahora ofrecen una imagen de casta privilegiada y ajena a la realidad con el agravante de su presunta corrupción. Tal parece como si al consolidarse la democracia, la clase política se hubiera confiado y convertido en personajillos de talante despótico, mentiroso y prepotente que se expresan con eufemismos (mas coartadas que sinceras explicaciones) y promueven animadversión en los ciudadanos de quienes se ríen al justificar con falacias tanto errores como actos de ética reprobable que, por ser presuntos, quedan impunes hasta que prescriben.

Es por ello que, en medio de tan deplorable panorama, al saberse que Adolfo Suárez se moría, el subconsciente colectivo lo rescató del poso de sus recuerdos y convirtió en mito a un anciano enfermo de Alzheimer, focalizando en él la perentoria necesidad de disponer de un líder a quien seguir. Y así, en pocas horas la imagen de Suárez experimentó una metamorfosis que sociológicamente se explicaría por concurrir en él ciertas cualidades que sólo coinciden en personajes extraordinarios (reales o imaginarios) de la historia de la humanidad. En primer lugar su valentía (no se tiró al suelo ante la amenaza de un teniente coronel golpista). También el altruismo y la limpieza moral que todos le reconocen (pagó los tratamientos contra el cáncer de su mujer y su hija hipotecando su casa de Ávila hasta que Banesto ejecutó la hipoteca cuando ya no pudo hacer frente al pago). En tercer lugar el carisma de Adolfo Suárez y la entereza con que hizo su personal transición desde la fama al olvido con un aura de fascinación propia de un héroe solitario aferrado a sus convicciones, uno de esos líderes naturales a quienes sus mas próximos acaban traicionando y abandonando.

Si a todo ello añadimos el desencanto que impregna a nuestra sociedad, huérfana de referentes éticos, harta de corrupción, víctima de los peores índices de desempleo de su historia reciente y con la mayor desconfianza jamás conocida hacia sus políticos (hoy se les considera uno de los tres grandes problemas que azotan al país), es comprensible que incluso los menos proclives a la mitomanía se hayan apuntado al suarismo como quien se agarra a un clavo ardiendo. Por ejemplo quien esto escribe y que,  transcurrida la preceptiva semana de tregua para que las ideas se enfríen, puede reconocer y reconoce que echa también en falta a políticos de talla como fuera Adolfo Suárez González. 

La metamorfosis de Adolfo Suárez: de hombre a mito