martes 19/1/21

Esos irresponsables que creen que la pandemia no va con ellos

Conforme aparecen rebrotes puntuales de Covid-19 en diversos lugares de nuestra geografía, mayor es el temor a una segunda ola de contagios que nos haga retroceder al inicio de una situación de la que aun no hemos salido por más que muchos celebren haber entrado en la nueva normalidad.

Hemos superado todas las fases del estado de alarma, pero no ha pasado el peligro aunque flota en el ambiente una sensación de euforia que incita a los más irresponsables a relajar las normas de seguridad y actuar como si el virus ya no estuviera entre nosotros. Aunque se tiende a considerar al SARS-CoV-2 como un virus estacional y algunos prevén una segunda oleada cuando bajen las temperaturas, el riesgo de un segundo brote no depende del frío ni del el calor, sino sólo de la cantidad de población que sea inmune. Según datos del datos del Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III, al día de hoy sólo es inmune en nuestro pais  (o sea, poseen anticuerpos) un 5,2 % de la población, y en algunas zonas como la Comunitat Valenciana este porcentaje apenas llega 3%. Esto significa que 95 de cada cien españoles son susceptibles de contraer la Covid-19, y la situación se mantendrá hasta que no dispongamos de una vacuna que consiga elevar la inmunidad de grupo hasta un 60-75%. Protegernos hasta que llegue la vacuna es algo que depende solo de nosotros y el cumplimiento de tres medidas tan sencillas como respetar la distancia social, el lavado frecuente de manos y el uso de mascarilla.

No se trata de vivir con miedo sino de ser realistas. Avanzamos hacia una nueva realidad (prefiero este termino al de nueva normalidad) que sentará las bases de un nuevo modo de comportarnos en nuestro ámbito relacional, tanto con los demás como con el medio ambiente. No encontramos en el inicio de una nueva era para la humanidad, una etapa en la que mostrarse confiados, creer que todo ha pasado tras el confinamiento, y hacer caso omiso a las normas de prevención es una actuación irresponsable, sobre todo q no disponemos de un tratamiento específico ni de una vacuna preventiva. 

Es necesario y urgente que el peso de la ley caiga sobre quienes incumplan las normas de prevención necesarias para combatir la grave situación de alarma sanitaria que aun seguimos viviendo

Me sacan de mis casillas esas personas que no utilizan mascarilla sencillamente porque no quieren, porque yo estoy sano, porque me da calor, porque se me empañan las gafas, o porque reniegan de ser unos borregos a las órdenes de un gobierno incompetente. Me enervan cuando veo a grupos de irresponsables que al encontrarse por la calle se abrazan, se besan, obstruyen la acera y me impiden guardar la distancia de seguridad al cruzarme con ellos. Me encoleriza que ese comportamiento incívico repercuta en la salud de quienes hacemos el esfuerzo de adaptarnos a la nueva anormalidad, y que si por culpa de  éstos necios hubiera un rebrote, lo primero que haría esa cohorte de cerriles sería culpabilizar al gobierno mientras ellos seguirían luciendo su mascarilla en la manga (nunca tapando la boca y la nariz) como si fuera el brazalete identificativo de una secta de entes asociales convencidos de que la pandemia no va con ellos.

Abomino de quienes hace pocos meses aplaudían a las ocho de la tarde desde sus ventanas y balcones, y ahora, tras perder la memoria y la vergüenza, sólo les importa hacer su vida normal, salir a la calle, tomar una cervecita en la terraza de cualquier bar, los más jóvenes hacer botellones, y todos en general planificar su veraneo. Para ellos aquí ya no pasa nada, pero su comportamiento podría provocar una segunda ola de contagios que supondría de nuevo miles de muertes. Es necesario y urgente que el peso de la ley caiga sobre quienes incumplan las normas de prevención necesarias para combatir la grave situación de alarma sanitaria que aun seguimos viviendo.

Esos irresponsables que creen que la pandemia no va con ellos