miércoles 21.08.2019

Eutanasia y sufrimiento psicológico

Noa Pothoven era una joven de 17 años que ayer marcó un paréntesis informativo en medio del hartazgo de noticias políticas que venimos soportando. Noa falleció en Holanda el pasado domingo tras varios años de sufrir las secuelas psicológicas de unos abusos sexuales —incluso violación— que marcaron su tortuosa  infancia y principio de la adolescencia. Hacía tiempo que la joven había tomado la decisión de morir porque la vida le resultaba insufrible, y aparentemente lo consiguió a través de una eutanasia que hizo posible la legislación holandesa.

La noticia de la eutanasia de Noa dio ayer la vuelta al mundo y suscitó gran conmoción y polémica. Tanto que a las pocas horas de darse la noticia, los mismos medios que la difundieron rectificaron informando de que la muerte no fue por eutanasia sino un suicidio como resultado de la negativa de Noa a comer y ser alimentada por sonda nasogástrica. En resumidas cuentas, un suicidio asistido por cuidados paliativos destinados a que la joven no sufriera dolor ni angustia mientras su cuerpo se apagaba al no ingerir líquidos ni alimentos.

Mi primera impresión fue que a la legislación holandesa se le había ido de las manos un caso clínico que, como médico que soy, me habría apetecido tratar, aunque algo dentro de mí se alegrara de no haberlo hecho por lo incómodas que a veces nos resultan ciertas patologías cuya meta final es el reconocimiento de que todo esfuerzo ha sido inútil.

Matizaré que soy ferviente defensor del derecho a una muerte digna, pero cuando vi en prensa el titular de eutanasia, me pareció un despropósito que la legislación de un país civilizado como Holanda concediera rango de eutanasia a un suicidio acaecido en el contexto de una depresión crónica, en este caso, reactiva a abusos y violación en la infancia, con el agravante de las complicaciones consiguientes como el estrés postraumático que también sufría la paciente.

Antes de que se rectificara la información y se descartara la eutanasia, reflexionaba sobre el caso y me preguntaba qué tipo de terapia habría recibido Noa, qué recursos farmacológicos se habrían empleado para tratarla durante tantos años de dolor, y también con qué criterios decidieron los profesionales tirar la toalla para concluir que la muerte era la única solución para que una enfermedad que no era mortal, dejara de hacer sufrir a quien ya no podía aguantar más.

El dolor psíquico puede ser peor que el físico, aunque muchas veces se vea estigmatizado por la incredulidad ajena, debido a que las heridas de la psique no son evidentes como pueda serlo una pierna con varias fracturas abiertas

Está claro que a pesar de ser tan joven, Noa había sufrido múltiples agresiones que deterioraron su psique hasta hacerle desear la muerte. Por mi experiencia profesional, y por lo que observo y escucho decir a mis pacientes, me consta que el dolor psíquico puede ser peor que el físico, aunque muchas veces se vea estigmatizado por la incredulidad ajena, debido a que las heridas de la psique no son evidentes como pueda serlo una pierna con varias fracturas abiertas.

Es un hecho que la intensidad del sufrimiento psíquico es capaz de inducir al suicidio, pero no es menos cierto que en la mayoría de los casos esto se puede evitar con una intervención oportuna y eficaz a base de medicación y psicoterapia. También es cierto que muchas personas que han sufrido terribles injurias tanto físicas como psicológicas (por ejemplo, supervivientes del holocausto nazi que consiguieron rehacer sus vida tras ser liberados)  lograron renacer al verse libres de la tortura que les hizo desear la muerte.

No me importan las críticas que pueda suscitar mi postura, pero cuestiono si con Noa hubo o no precipitación. También si falló o no el sistema. Si tal vez se debió luchar aun más por su vida antes de permitir el suicidio. A lo largo de mi ejercicio profesional, si todos los pacientes que me confesaron su deseo de morir se hubieran suicidado, hoy me consideraría un fracasado y tal vez sería yo quien deseara desearía muerto.

Como decía al inicio, defiendo la eutanasia y el derecho a una muerte digna, pero hasta ahora sólo he contemplado este tipo de intervenciones para aquellos casos en los que la muerte es inevitable y forma parte del proceso natural de una enfermedad que lentamente hace sufrir y va matando al paciente, algo que no consigo ver en el caso de Noa.

Eutanasia y sufrimiento psicológico