sábado 20.07.2019

El fiasco del tripartito

Muchas veces, tras la euforia de unas expectativas ilusorias sobreviene un baño de realidad como el que han recibido el PP, Ciudadanos y Vox

Muy a pesar del flete de autobuses por parte del PP para acudir a la Plaza de Colón el domingo 10 de febrero, la derecha sólo ha logrado convocar a 45.000 personas (según la Delegación de Gobierno de Madrid), mientras que los organizadores aseguran que han sido 200.000 y casi todos los medios omiten cifras o hablan de decenas de miles. Para hacerse una idea del fiasco que supone esta cifra, bastaría considerar los 750.000 participantes en el Orgullo Gay de 2018, o los 200.000 del Día de la Mujer Trabajadora de ese mismo año. 

Y es que, muchas veces, tras la euforia de unas expectativas ilusorias (como es presidir la Junta de Andalucía) sobreviene un baño de realidad como el que han recibido el PP, Ciudadanos y Vox, cuando estaban seguros de que demostrarían su poder en las calles de Madrid, y no han logrado más que un modesto resultado que queda a años luz de las cifras de otras convocatorias, como aquella multitudinaria manifestación de 2017 convocada en Barcelona por la Societat Civil Catalana (a la que también concurrieron el PP, C’s y Vox) que reunió a un millón de personas, o la de Madrid de 2005 —contra Zapatero— que acogió a 240.000 participantes.

Reconozco mi preocupación previa a la convocatoria de este domingo, no desde una perspectiva ideológica sino por el odio que percibí en los convocantes, y el llamamiento a la violencia de un Pablo Casado con propensión a insultos barriobajeros que dejaban en un sutil reproche aquél «usted no es decente» de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy. A priori, habría constituido un éxito alcanzar el medio millón de participantes en la convocatoria del domingo. Una cifra inferior a 250.000 habría sido decepcionante para el tripartito. Y menos de 100.000, todo un fracaso. Por ello, la cifra de 45.000 estimada por la Policía Nacional es sin duda una decepción que los convocantes no reconocerán.

En el otro lado de la moneda nos encontramos con las siete vidas que tiene ese gato llamado Pedro Sánchez, una de las cuales acaba de consumir aunque posiblemente salga indemne. Siempre he creído en la baraka del actual presidente de Gobierno quien, al igual que Lázaro (así le llamaba Borrell en la intimidad), resucitó de entre los muertos cuando su propio partido lo mató. No obstante, y considerando que la derecha es poco proclive a manifestarse en las calles pero fiel ante las urnas, nadie en la izquierda debería cantar victoria cuando no hay ninguna suerte echada y su único remedio para evitar otro gobierno de derechas (esta vez lo sería más que nunca) es impedir la abstención por el desencanto. Andalucía es una prueba palpable.

Ya como colofón, me quedo con la foto de familia que ya tiene el tripartito. Una instantánea con un Rivera que sonríe con cara de sufrimiento y mira al lado contrario a donde posa el líder de Vox. En el centro, Casado exhibiendo un rictus de bobalicona satisfacción, y a su derecha, un Abascal circunspecto mira al frente con un crispamiento severo y casi iracundo.

El fiasco del tripartito