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jueves. 30.06.2022

En defensa de la profesión de enfermería

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Soy médico y he manifestado en muchas ocasiones que sin la enfermería, los facultativos no podríamos llevar a cabo nuestra labor, pues la sanidad requiere de un trabajo en equipo y para nada individualista

Los médicos, ingenieros, arquitectos y abogados son los profesionales mejor valorados por los valencianos, según los datos ofrecidos por el Ayuntamiento de Valencia en su último Infobarómetro municipal. Llama mi atención que la encuesta otorgue a los médicos un 72,5% de preferencias ciudadanas, mientras que el segundo lugar de la lista (ingenieros y arquitectos) sólo obtenga un 27,7%. Sorprende igualmente que en el listado no aparezca la profesión de enfermería, incluida y no mencionada en el antepenúltimo lugar (“otros profesionales de la salud”) con un raquítico 4,2% global.

Una vez más la profesión de enfermería queda relegada a un segundo nivel, y los méritos de los éxitos sanitarios recaen casi en exclusiva sobre los médicos, una visión retrógrada e incompatible con el carácter multidisciplinar que define a la moderna sanidad, y que descarta cualquier subordinación del enfermero al médico por el distinto perfil y responsabilidades de ambas profesionales.

Soy médico y he manifestado en muchas ocasiones que sin la enfermería, los facultativos no podríamos llevar a cabo nuestra labor, pues la sanidad requiere de un trabajo en equipo y para nada individualista. En cualquier intervención sanitaria, la unidad básica la constituyen el médico(a) y el enfermero(a), aunque obviamente, son también importantes otros profesionales que abarcan responsabilidades dispares que van desde los fisioterapeutas a los celadores y personal administrativo, pasando por los psicólogos clínicos, técnicos radiológicos y muchos más.

Resulta pues penoso que la enfermería quede infravalorada en esta encuesta del infobarómetro valenciano. ¿Cómo se explica que la población valenciana valore con más de un 70% a los médicos y menos de un 5% a los enfermeros y enfermeras? Es evidente que la opinión pública no es conocedora de la evolución que ha experimentado la enfermería en las dos últimas décadas, situándola en un puesto relevante a nivel mundial, una realidad que no admiten las mentes prehistóricas que, en pleno siglo XXI, consideran que la profesión enfermera está al servicio de la médica, cuando ambas son independientes en responsabilidades y competencias, y ninguna de ellas debe estar al servicio de nada ni de nadie que no sea el paciente y la sociedad.

Medicina y enfermería requieren una convivencia colaborativa -no jerárquica- en sus respectivas actividades, respetando el ámbito competencial de cada una de ellas. No deben considerarse  como una carrera mayor y otra menor, sino dos titulaciones académicas que, en la actualidad, comparten sus niveles de grado y posgrado. De hecho, cada vez son más los enfermeros que realizan su doctorado, y es frecuente la paradoja de que en muchos centros trabajen conjuntamente un médico que no es doctor (no todos los médicos han sentido la necesidad de realizar un trabajo de investigación para ser unos excelentes especialistas en clínica o cirugía) junto a un enfermero o enfermera que sí que tiene su doctorado.

A lo largo de mis más de treinta años ejerciendo como médico, he acopiado conocimientos y experiencia adquiridos por mi formación y mi experiencia, pero también aprendidos del buen hacer de muchos de los enfermeros y enfermeras con los que he trabajado, tanto en lo concerniente a su ámbito de actuación como en el arte de interactuar en proximidad y empatía con el paciente. A título personal, he disfrutado de un fructífero tándem con una excelente enfermera durante más de veinte años, y tanto por ella como por todos los profesionales de enfermería que han colaborado conmigo en mi carera profesional, considero de justicia reivindicar su trabajo.   

En defensa de la profesión de enfermería