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sábado. 25.06.2022

Un consejo al PSOE, gratuito y sin acritud

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Como preámbulo al consejo que ofrezco al PSOE en el párrafo final de este escrito, previamente sugeriría a la cúpula socialista que actuase con sensatez considerando que no es éste un buen momento para manifestar discrepancias, ni tampoco para sacar trapos sucios y con interés fratricida, anteponiendo el beneficio personal al significado y el respeto que merecen unas siglas más que centenarias.

Tras un segundo fracaso electoral (exceptuando la victoria pírrica que aun les permite seguir a flote tras el susto de un sorpasso que parecía inminente), no me parece oportuno airear diferencias ni reproches, cuando lo imperativo es que, de una vez por todas, los responsables del partido socialista hablen con claridad y asuman con determinación que sólo disponen de tres opciones para salir del peor momento de su historia.

La primera sería asumir con dignidad cuatro años de permanencia en la oposición que les ayuden a regenerar todo aquello que los más decepcionados militantes desean que se regenere. Son muchos los ex votantes socialistas que querrían confiar de nuevo en un enmendado y renovado PSOE, antes que hacer una revolución con diputados proclives a levantar el puño en las sesiones parlamentarias, algo que en pleno siglo XXI resulta anacrónico y habría sido innecesario si la izquierda que siempre representó el PSOE no se hubiera dormido en los laureles o muchos de sus políticos no se hubieran profesionalizado y claudicado ante las placenteras prebendas que confiere pertenecer al establishment.

La segunda opción sería que los socialistas apoyaran esa gran coalición que tantos militantes niegan como posible, quien sabe si por un miedo subliminal a que finalmente se produzca. Y la tercera, y última opción, es la de intentar formar gobierno con una imposible asociación que  una al PSOE con Ciudadanos y ese tutti frutti de partidos que Podemos aglutina bajo su seno.

Es indudable que si hasta ahora no se ha conseguido llegar a ningún pacto de gobierno, es porque no se ha sabido, porque no se ha podido o porque no se ha querido, tres supuestos sobre los que cada uno de los cuatro partidos aspirantes debería reflexionar para llegar a la conclusión de cual de ellos se ajusta más a lo que ha sido su estrategia negociadora durante los últimos seis meses.

Recordemos que hace poco, el tándem Podemos-IU (antes de convertirse en Unidos Podemos) aventuraba que su asociación les podría otorgar más de cien diputados, con lo que el PSOE pasaría a ser la tercera fuerza política, o tal vez la cuarta si Ciudadanos conseguía crecer a costa de los desencantados del PP.  Sin embargo, lo que finalmente han decidido las urnas ha sido lanzar un tiro por la culata que ha chamuscado las ilusiones y la sonrisa a más de uno, tanto de Ciudadanos como de quienes aspiraban a tomar el cielo por asalto y no por consenso.

En lo referente al PSOE, además de obtener dos récords consecutivos al peor resultado electoral de su historia, hemos asistido a una feroz campaña de acoso y derribo, a expensas de fuego amigo, que ha dejado a Pedro Sánchez sólo ante el peligro como Gary Cooper en la película de Fred Zinnermann. Así, a la espera de lo que decida el Comité Federal socialista el próximo sábado 9 de julio, el secretario general del PSOE tiene que soportar el hostigamiento de algunos barones (como el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara o el de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page) y también los consejos —casi órdenes— de históricas viejas glorias (González, Corcuera, Guerra, Bono…) que sin recato piden un acuerdo con los populares que, a juicio de los sectores más progresistas del partido, podría acabar con el PSOE.

Del PP nada diré porque, desde la noche electoral del pasado 20 de diciembre, su estrategia ha sido contemplativa, pasiva e inerte, una técnica a considerar habida cuenta de los excelentes resultados que su inacción les ha reportado.

Pero, dejémonos de rodeos y vayamos ya al consejo, una exhortación que intentaré sea concisa y breve:

"Barones, baronesas y todos quienes formáis parte del Comité Federal socialista, haced caso de una puñetera vez a las voces de quienes, aunque ya no os voten, todavía podrían creer en vosotros y en vuestra capacidad de regenerar con dignidad al partido. No os dejéis influenciar por los berridos discrepantes de las corrientes internas ya que no es este un buen momento para antagónicas divergencias sino mas bien para concordia y lealtades. No sigáis atando de pies y manos al secretario general que democráticamente elegisteis, y os lo digo yo que, sin pertenecer a vuestro partido —ni a ningún otro— manifesté en su día mis preferencias por Madina y Tapias antes que por Sánchez. Considerad que mi consejo es gratuito, desinteresado y que lo formulo desde la objetividad de quien puede ver las cosas desde afuera y tiene la convicción de que corréis el riesgo de que un partido histórico se vaya al garete.”

Un consejo al PSOE, gratuito y sin acritud