Nuevatribuna

Casado y el Mio Cid Abascal

Modérese señor Casado, relájese por favor, pues de nada le servirá instalarse en una cadena de insultos para hacer frente a la desesperación que siente al ver fraccionada en tres aquella ínclita derecha con más raíces en la Alianza Popular de Fraga que en el centro de Suárez

Me preocupa la obstinación de rocinante terco con que Casado avanza en línea recta hacia la Moncloa, caiga quien caiga, sin respetar las más básicas normas de educación, y lo que es peor, sin acatar las reglas de un juego limpio y democrático. 

Y si me preocupa es porque este personajillo de sonrisa perenne e impostada, no aspira a ser el director general de una multinacional sino a algo tan serio como presidir el gobierno de una nación, un noble cometido desde el que tendría que asegurar el bienestar incluso de quienes no comulgan con sus ideas, una responsabilidad que a la luz de los hechos no casa con el carácter pendenciero, mendaz, libelista y hasta felón del líder popular.

Por no respetar, Pablo Casado no respeta ni siquiera algo tan sagrado, (algo que debería mantener unidas a las dos Españas) como es la lucha antiterrorista. ¿Quién asesora a Casado? ¿A nadie se le ocurrió aconsejarle que no dijera que «Sánchez prefiere manos manchadas de sangre que manos pintadas de blanco»?

El desenfreno verbal del aspirante del PP a la Moncloa es tal que no hace muchos días, en el más puro estilo de un bocazas incontenible vaticinó que «Pablo Iglesias, Arnaldo Otegi y Carles Puigdemont serán ministros si Pedro Sánchez gana las elecciones». ¿En que datos se basa este espitoso e hiperventilado politiquillo para hacer tan gruesa y esperpéntica afirmación? Insisto: ¿Quién asesora a Casado?

Modérese señor Casado, relájese por favor (uno, dos, tres... respire), pues de nada le servirá instalarse en una cadena de insultos (vituperios, baldones, denuestos o escarnios como usted los llamaría en ese lenguaje felón que tanto le gusta emplear) para hacer frente a la desesperación que siente al ver fraccionada en tres aquella ínclita derecha con más raíces en la Alianza Popular de Fraga que en el centro de Suárez.  

En cualquier caso, y lo digo para su tranquilidad, nada debería usted temer si algún día el destino o la voluntad de quien sea, convirtiera en ministros a esos tres sarracenos que tanto le preocupan, pues si el Malvado de la Coleta, el Sanguinario Arnaldo o el Golpista Fugado consiguieran sendas carteras ministeriales, no dude que raudo acudiría El Mío Cid Abascal montado en su Babieca, y decapitaría a los tres con su Tizona. 

Tranquilícese amigo, pues no habrá moros ni peligro alguno en la costa mientras las huestes cristianas estén prestas para tantas reconquistas como haga falta. Y si pese a todo, su trastorno de ansiedad le impele a hiperventilar al tiempo que desacredita a aquellos a quienes desprecia o envidia, ya sabe bien lo que debe hacer: uno, dos tres... y luego, lentamente respire.