martes 18.02.2020

Carta abierta a Joan Baldoví

Estimado y respetado Joan: No negaré la simpatía que me inspiras, no ya por las afinidades políticas que nos une,  aunque no soy votante del partido al que representas, sino sobre todo por tu talante educado, afable, conciliador y tu manifiesto sentido común basado en la lógica y la racionalidad, unos atributos que desgraciadamente son difíciles de encontrar en la clase política. 

Te escribo esta breve carta en primer lugar para felicitarte por tus sensatas intervenciones en el Parlamento previas a la votación de la investidura de Pedro Sánchez, pero sobre todo para manifestarte y hacer público mi desprecio por las risas descalificadoras que sonaron en las bancadas de la derecha cuando anunciaste tu condición de maestro de escuela al censurar a los parlamentarios conservadores por su «falta de educación y clasicismo». ¿De que se estarán riendo estos clasistas descerebrados?, me pregunté cuando reclamabas educación desde la tribuna apoyándote en tu experiencia docente. 

Estoy completamente de acuerdo contigo en la falta de educación que enfanga las sesiones parlamentarias. Tengo aun fresca en la retina y en la memoria la imagen de los hooligans de la derechona cuando el segundo día de la sesión de investidura se pusieron a berrerar golpeando sus mesas y profiriendo gritos de 'asesinos'

Me enervó la respuesta de desdén que recibiste tras decir que eras maestro de escuela y también profesor de educación física, un menosprecio plasmado en risas dirigidas a infravalorar tu noble origen laboral. Una hilaridad grosera que no venía a cuento y sólo confirmaban la mezquindad y la mala educación de los destinatarios de tu recriminación. Risas fatuas, fachendosas y, permíteme el juego de palabras, fachosas hasta la médula, que rezumaban un orgullo de casta de esos que se maman desde la infancia por quienes se creen superiores al resto de los mortales sólo porque una pátina de fatuidad impregna sus genes. 

Pero también una risas que -ellos lo ignoraban- ponían de manifiesto su envidia a un ser humano mentalmente sano, decente y normal  como tú. Tan normal como pueda serlo el taxista que les lleva a casa después de una cena, el camarero que les pone el cortado cada mañana en el bar o el portero que les saluda cuando entran y salen del edificio en donde viven. Gente normal a la que en el fondo ignoran cuando no desprecian. Unas risas que -insisto, ellos lo ignoraban- no reflejaban más que frustración y una ruin y corrosiva envidia al comprobar que el político mejor valorado en todas las encuestas de este país que ellos consideran de su propiedad en patriótica exclusiva, no era uno de los suyos ni ellos serán jamás como él.

Estoy completamente de acuerdo contigo en la falta de educación que enfanga las sesiones parlamentarias. Tengo aun fresca en la retina y en la memoria la imagen de los hooligans de la derechona cuando el segundo día de la sesión de investidura se pusieron a berrerar golpeando sus mesas y profiriendo gritos de «asesinos», «viva el rey» y «viva España» durante la intervención de la diputada Aizpuru por mucho que esté -y lo estoy- en las antípodas ideológicas de esta parlamentaria.

Mucho trabajo le espera a Meritxell Batet en esta XIV legislatura si la Coalición del Apocalipsis de la oposición de la derecha sigue en su línea de crispación, motivo por el cual creo que debería endurecer su actuación como Presidenta del Congreso. Se impone adoptar medidas enérgicas como  cierres de micrófono y expulsiones de la Cámara hasta que se implante una disciplina efectiva. Como dijo Gabriel Rufián, portavoz de ERC, «lo más suave que le han dicho a Mertxe Aizpurua es asesina. Tienen barra libre, y a mi me echaron de este Congreso por mucho menos».

En fin Joan, no me extenderé más de lo necesario, pues sólo quería manifestarte mi apoyo moral, y creo que lo he hecho con la suficiente brevedad y concisión. Mencionaré como colofón un vídeo que has colgado en las redes sociales donde reivindicas la figura del maestro de escuela pública y censuras el «tufillo clasista» de la derecha al preguntarte su «hubiesen dicho lo mismo si hubiera dicho que soy banquero o representante de una gran multinacional». Añadiré únicamente que no me consta que nadie en el parlamento sueco se haya reído nunca de Kjell Stefan Löfven porque fuera soldador de profesión antes de dedicarse de pleno a la política, convertirse en presidente del Partido Socialdemócrata Sueco y ser actualmente Primer Ministro de Suecia.

Un abrazo Joan, y que les den.

Carta abierta a Joan Baldoví