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viernes. 12.08.2022

La cárcel de papel

“La Cárcel de Papel” fue una de las secciones más celebradas de la revista de humor gráfico La Codorniz...

 “La Cárcel de Papel”, fue una de las secciones más celebradas de la desaparecida revista de humor gráfico La Codorniz  (1941-1978) donde se criticaba con sarcasmo a quienes eran pillados en faltas –tanto sintácticas como de contenido– en sus escritos o declaraciones. Viene esto a colación de tres hechos recientes acaecidos en el panorama sociopolítico patrio, que me han animado a resucitar la extinta cárcel de papel para meter en ella a unos cuantos personajes.

El primero de los hechos –una payasada que me produjo vergüenza ajena– fue la patética imagen de Esteban González-Pons haciendo campaña electoral europea en el parking del Mercado Central de Valencia, a bordo de una bicicleta de reparto como si lo suyo fuera ser un currante y su mayor sacrificio no haberse dedicado a tan noble empleo por culpa de la política.

El segundo hecho –el de mayor gravedad por la falta de sensibilidad de sus protagonistas– fue el abandono de un pleno por parte de los concejales populares del Ayuntamiento de Toledo –con la excepción de una edil– cuando unos padres de niños con cáncer se disponían a  denunciar los recortes de personal que afectan a la atención sanitaria que reciben sus hijos.

El tercer hecho –un bochornoso desatino– fue la salida de tono del candidato Arias Cañete al dejarse llevar por el subconsciente y verbalizar su convicción de que un hombre no puede debatir con una mujer porque su "superioridad intelectual" podría hacerle pasar por "machista", un esperpento que han recogido los prestigiosos Die Welt, The Guardian y Financial Times en sendos artículos donde el señor Cañete sale muy mal parado.

Una vez expuestos los hechos, condeno al señor González-Pons a trabajar como un verdadero repartidor en el Mercado Central de su ciudad y a vivir con un sueldo mileurista durante un periodo de treinta días en los que no podrá recurrir a sus cuentas bancarias. A los soberbios ediles del PP, que tan ruin desafección mostraron con los niños enfermos y con sus padres, les condeno a abandonar su cargo público y, durante un año, dedicar ocho horas diarias a trabajos sociales en un sala de oncología pediátrica. Por último, condeno al paladín de la superioridad intelectual, señor Cañete, a trabajar dos horas al día durante tres meses en un centro de acogida –de cualquier ciudad europea– para mujeres maltratadas, donde deberá desempeñar labores propias femeninas según los clichés más machistas y misóginos (cambio de pañales a bebés, manejo de lavadoras, limpieza doméstica, tareas culinarias…) sin perjuicio de que el resto de su jornada lo dedique a las labores de eurodiputado que le correspondan.

Y sin más, firmo las respectivas sentencias y exijo su inmediato cumplimiento.

La cárcel de papel