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jueves. 06.10.2022

Anna Gabriel busca su Waterloo en Suiza

Anna Gabriel

Asistimos una cadena de incongruencias, y esta vez le toca el turno a la CUP, que ha pasado de reprochar el autoexilio de sus socios, a imitarlos sin reparos y sin vergüenza

Tras la demolición viene la reconstrucción, la restauración y el renacimiento. Así, cuando se atraviesa un mal momento, cuando se llega al límite de una situación difícil, cuando cualquier salida digna resulta imposible y la frustración se convierte en la antesala de un descalabro, es frecuente recurrir a la socorrida frase de “Todo tiene arreglo menos la muerte”, un alegato presuntamente optimista que no es más que la rúbrica de la sentencia de una derrota con la que Anna Gabriel ha decidido aplicar un cambio radical a su vida, a su país de residencia y también a su desarreglado look con una modificación en su físico e indumentaria que supone, tal vez, la actuación más radical del anticapitalista y antisistema CUP.

«Cuando he visto el destino de algunos de mis colegas que se encuentran en prisión desde diciembre pasado, me he dado cuenta de que debía irme», declaró Anna Gabriel en una entrevista concedida en Ginebra al medio radiotelevisivo RTS a quienes, como excusa formal de su evasión a Suiza, la exdiputada por la CUP alega una estrategia de defensa «antirepresiva» sin contemplar el obvio deseo de no querer acabar entre rejas como otros convencidos independentistas a quienes, de facto, deja tirados en la cuneta.

Me ha sorprendido leer en una transcripción de la prensa suiza —el diario Le Temps— que la intención de Anna Gabriel es instalarse en ese pequeño paraíso y paradigma del capitalismo con la intención de trabajar como profesora de derecho. «Y si no puedo porque hay una orden de extradición, pediré asilo político y Suiza decidirá qué hará conmigo, porque no hay ninguna base para sostener que haya cometido ningún delito».

Anna Gabriel apareció ante los periodistas con un semblante sereno, discretamente maquillada, luciendo una estilosa chaqueta de lana (nada de sus antiestéticas camisetas reivindicativas de manga corta encima de otras de manga larga) y el pelo peinado con una graciosa melena en sustitución de aquél flequillo cortado a hacha que fue su señal más identitaria.

Como usted habrá comprobado, estimado lector o lectora, la situación en esa República Catalana Independiente que nunca llegó a serlo, es cada día más surrealista. Los más consecuentes con sus ideas y sus actuaciones están encarcelados, con todo el descrédito internacional que esto supone para España al no quedar claro si son presos políticos, políticos presos, o sólo unos pardillos que se dejaron engañar por un iluminado.

Mientras tanto, otros independentistas mienten como bellacos cuando están ante un juez con tal de no entrar en la trena y sin pedir perdón a los dos millones de buena gente que les creyó mientras ahora les escuchan decir que todo fue un simulacro, algo simbólico o una broma sin mas. Y ya por último, tenemos a los que se han instalado en confortables y caros países donde incluso cambian de look para ganar en credibilidad e imagen ante quienes piden asilo.

Asistimos una cadena de incongruencias, y esta vez le toca el turno a la CUP, que ha pasado de reprochar el autoexilio —fuga— de sus socios, a imitarlos sin reparos y sin vergüenza. Menos mal que a los idealistas aun les quedan referentes como Mireia Boya que donde dijo digo aun no ha dicho Diego, o al menos no hasta que le entre el miedo y sorprenda a propios y extraños con una espantada.

Cuando acabo de redactar este artículo, conozco la noticia de que el juez de la Audiencia Nacional, Pablo Llarena, ha dictado auto de prisión provisional contra Anna Gabriel y una orden de busca y captura internacional.

Anna Gabriel busca su Waterloo en Suiza