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jueves. 18.08.2022

Abstención y elecciones europeas

Es comprensible la indiferencia que la ciudadanía muestra por la eurocámara, contemplándola con la lejanía...

A falta de menos de un mes para que se celebren los comicios europeos, el ambiente preelectoral refleja la apatía e indiferencia de unos ciudadanos que, mayoritariamente y según todos los pronósticos, optarán por la abstención tal y como sucedió en 1999, 2004 y 2009, convocatorias en las que hubo porcentajes de participación inferiores al 50% y que en la última apenas consiguió el 43%.

Buscando explicaciones plausibles a tan elevado abstencionismo y a la indiferencia del electorado español hacia la Europa comunitaria, tal parece como si el subconsciente colectivo considerase a las europeas como unas elecciones de segunda división, sensación que empeora conforme se consolida la idea de los votantes de que el Parlamento Europeo es un cementerio de elefantes políticos donde se premian servicios prestados (con un sueldo excelente) o se aparta de la política nacional a quienes ya no dan mas de si. Con estas premisas, es comprensible la indiferencia que la ciudadanía muestra por la eurocámara, contemplándola con la lejanía propia de algo que es ajeno a sus intereses por no subjetivarse efectos beneficiosos y/o desconocer los asuntos que se debaten en Bruselas.   

Juega una gran baza en la génesis de este desinterés,  la apática desinformación que ofrecen  los medios –y la clase política– sobre los temas comunitarios, que son percibidos por la ciudadanía como si de asuntos extranjeros se tratara. Es comprensible entonces que si el ciudadano siente la política europea como algo distante y distinto a la que se realiza a nivel nacional, o bien opte por abstenerse o, si decide votar, no lo haga en clave comunitaria –craso error por cierto– sino aplicando el mismo criterio con que lo hace en las elecciones generales, autonómicas o municipales. 

Como consecuencia de todo lo hasta aquí expuesto, la idea de una Europa comunitaria no ha cuajado en el fuero interno de los españoles. En una reciente encuesta (Eurobarómetro Estándar) realizada en noviembre de 2013, al preguntar a los encuestados si creían que su voz contaba en la UE, sólo un 29%  dijeron que sí frente a un elevado 66%  que opinó que su voz no importaba en el Parlamento Europeo.

Con estos ingredientes, y casi a punto de que comience la campaña electoral, es casi seguro que tampoco en 2014 habrá una alta participación, pronóstico que se agrava por la mala imagen que de la eurocámara se tiene en los países más perjudicados por la crisis en los que la administración europea, ha obligado a sus gobiernos débiles y títeres –como el español– a masacrar a las clases mas desfavorecidas que, en consecuencia, no perdonan tal obediencia al ejecutar unas medidas de austeridad –órdenes de la administración europea– que les han perjudicado  mientras se destinaban millones para reflotar a los grandes bancos.

Aunque la conclusión final sea que Europa, como idea comunitaria, no interesa ni importa al español medio convocado a votar, dejo constancia de que el objetivo de este artículo no es justificar el abstencionismo ni tampoco propiciarlo, sino analizar la apatía ante el acto de votar y entenderla en su origen para que el lector reflexione, extraiga sus conclusiones y obre en democrática consecuencia.

Abstención y elecciones europeas