Partamos de algo básico: la electricidad es necesaria en nuestra sociedad. No es banal la aserción. Se podría incluso dudar. Puestos a recortar gastos...

Partamos de algo básico: la electricidad es necesaria en nuestra sociedad. No es banal la aserción. Se podría incluso dudar. Puestos a recortar gastos, bien se pudiera tener la tentación loca de que se puede sobrevivir sin la electricidad. Desde luego, antes de descubrirla y emplearla, así debió ser . Conviene ir dejando sentadas las cosas, por lo que pudiera verse después. Admitamos la necesidad. ¿Qué electricidad?, ¿a qué precio?, ¿generada cómo?, ¿suministrada de qué forma?, ¿por qué?, ¿cuáles son las razones de aceptar cada una de las respuestas y por qué?

Me temo que la reforma que el Gobierno del PP ha efectuado recientemente, concretamente el 12 de julio de 2013, no responde a estos interrogantes. El Gobierno ha establecido que el precio de la electricidad es único. Lo explica porque es la misma, sea cual sea su origen. Ya empezamos a tener dificultades en asumir lo que se propone. El precio de los combustibles derivados del petróleo, siendo único éste, se razonó, hace bien poco, que debía relacionarse con la distancia entre la refinería y la estación expendedora. Se supone que tal medida está en vigor. ¿Cuáles son las razones que explican las diferencias de precios entre las distintas gasolineras? Si la gasolina es la misma, por extensión del argumento que mantiene que la electricidad es única, debería costar lo mismo, sea quien fuere el suministrador.  ¿Qué razones pueden justificar que se mantenga que toda la electricidad es la misma y la gasolina es diferente? ¿Puede ser que el transporte de la electricidad no cueste nada y el de las gasolinas si?  Por otro lado, supongo que estamos todos cansados de ver aplicar fórmulas polinómicas para hacernos la cuenta, por ejemplo de la factura del agua. El agua, no sólo es una, única, molécula de la vida por antonomasia, igual en el polo que en el ecuador, en Santander que en Huelva, pero ¿cuesta lo mismo en todas partes? Entendemos, pues, que no constituye ningún paradigma que la electricidad solo puede ser una y que el precio de esa una, lo fija el mercado en el que concurren los generadores.

Mucho habría que hablar, por otro lado, del mercado. Si hubiera que contestar a ¿qué es el mercado?, nos llevaríamos una sorpresa si lo formulamos a las gentes, al azar y en cualquier parte. Una cosa parece evidente, tras la experiencia acumulada con esta crisis: el mercado no garantiza que seamos más eficientes. El paradigma neoliberal se ha derrumbado estrepitosamente. No se puede considerar eficiencia, cuando el final es tan injusto, antisocial y caprichoso como acontece cuando el mercado da rienda suelta a su imperio. No puede estar ligada la Humanidad al yugo del mercado, cuyas leyes son arbitrarias e impuestas por oligarquías que defienden sus intereses, por encima de los de las mayorías, que ven como quedan reducidos a títeres socio-económicos por imposición de unos pocos. No es necesario apelar a las formulaciones marxistas o los elixires de las comunas, sino solamente aplicar algo de la razón de que estamos dotados, incluso los menos afortunados. El mercado como instrumento debe ser corregido, supervisado y vigilado para que no desbarre. Es, por tanto, la Política, con mayúsculas, la que tiene la responsabilidad de la eficiencia, también, y ya no podemos consentir que, de nuevo, nos veamos sorprendidos en la buena fe, algunos, y otros, los muy extendidos voceros de turno, los que se pliegan a las modas imperantes en el escenario económico del momento. Estos últimos son muy proclives a aplaudir todo aquello que enardece la libertad individual, a costa de que la igualdad y la solidaridad se vean mermadas hasta límites insoportables.

La electricidad, es posible considerarla como bien básico. Por si fuera poco, es un bien, hasta hoy, caro, escaso y necesario. Pero, además, la electricidad es un bien que se produce incidiendo en la Naturaleza, a la que se le pasa una factura, hasta ahora, incapaz de pagarse. La transformación de una energía en otra tiene sus inconvenientes, en la mayor parte de las producciones actuales, como es bien sabido. Las centrales térmicas, contaminan lo que no está escrito. Las centrales nucleares, para qué hablar de los riesgos que comporta y la incidencia de la vida media de los residuos que hace que hasta pueda emerger otra raza humana, con la actividad de los residuos nucleares producidos, todavía en vigor. ¿Cuál es el precio de producción de la energía? ¿Estamos seguros de incluir todos los inputs? ¿Toda la energía es igual de costosa? ¿La producción hidráulica cuesta lo mismo que la nuclear? ¿La producción térmica cuesta lo mismo que la fotovoltaica? La eficiencia del mercado, solamente afecta a una pequeña parte de los costes y es ciega, pudiendo optar por la producción de la energía más contaminante o de mayor riesgo. ¿Cuál es el precio de la producción eléctrica? ¿Puede saberse el precio a partir de la factura? Imposible, por cuanto los datos que incluye, además de tener poco que ver con la producción, nunca se refiere a elementos como contaminación o coste de oportunidad por los riesgos de su producción. No hay ninguna garantía de que el llamado mercado pueda hacer converger a las tecnologías ni tengan en consideración los recursos empleados y por ende, los producidos.

El Gobierno legisla con un objetivo puesto en la libertad de mercado. No sabe hacer otra cosa. Probablemente es, interesadamente, lo más sencillo. En todo caso es un eufemismo, por cuanto las instalaciones que hay, son las autorizadas y en operación actual. Las concesiones son las que son. Cualquier nuevo operador tendría que pasar por la autorización administrativa y, por tanto, lo que el gobierno proclama no existe ni de broma. Por cierto, concesiones, tarifas prefijadas y retornos a la Administración, nunca nos lo han aclarado desde el gobierno. Todo el mundo maneja el concepto de déficit tarifario, nunca bien explicado, pero que desde una estimación se puede cifrar en unos 1.500 millones de euros anuales, como mínimo. Si las centrales de gas y carbón son las que fijan los precios a pagar, las producciones más eficientes obtienen mayores beneficios.

El planteamiento del sistema eléctrico como un todo homogéneo, a los niveles que estamos relatando, no solo es un desatino, sino que contraviene las elementales razones de lo conveniente. Afortunadamente, la tecnología es cada vez más sofisticada, en cuanto al conocimiento preciso para desarrollarla, pero ofrece un mayor y mejor alcance para que las personas puedan hacerse un traje a medida y abandonen el mercado y sus imposiciones. Cada vez estamos más cerca de poder disponer de autosuficiencia tecnológica para el auto-abastecimiento. La energía fotovoltaica cada vez es más asequible y ofrecerá la opción de suministrar la energía que precisa un hogar, sin la dependencia de los mercados, de las producciones a gran escala y las dictaduras a las que nos vemos sometidos desde tiempo inmemorial. Hoy ya es difícil encontrar una pequeña central, hidráulica, por ejemplo, que proporciona suministro a un pueblo o una parte de él. Las grandes compañías las han subsumido y han desaparecido del relieve. Pero, afortunadamente, los avances en las tecnologías de la producción fotovoltaica, permiten ver con esperanza el futuro. ¿Cuánto no estaríamos encantados si no tuviéramos que atender el recibo del consumo eléctrico a final de mes, o cada dos, o cuando sea?

Si alguien de los que deciden estuviera lúcido, fomentaría el autoconsumo. Si no lo hace, verá contrariado su propósito. Las grandes compañías deberían poner las barbas a remojar. Cómo no liquiden pronto sus mayores o menores deudas pendientes, si es que las hay, que habría que verlo, pueden quedarse a dos velas, mucho antes de lo que imaginan. Los consumidores, obligados a pasar por las arcas caudinas de gobierno y compañías eléctricas, estamos más que cansados de pagar lo que ningún mercado aceptaría de buen grado. El gobierno, fiel como hasta ahora al “laiser faire” legisla para no legislar, de espaldas a los consumidores, que es a los únicos a los que se debe. Nos pide a nosotros, directamente en el recibo e indirectamente a través del dinero que va a suponer con cargo a los presupuestos generales del Estado. Pero saltan chispas, llueve sobre mojado, no puede haber tan pocas luces y tantas sombras, ¡estamos agotados! Es necesario un rampazo para espabilar.