miércoles 20.11.2019

Vivir en condicional

De un tiempo a esta parte hemos comenzado a vivir, con pasmosa naturalidad, en una hipótesis continua, en condicional. Hemos convertido en noticia cosas como que unas personas detenidas en Cataluña resultaran ser terroristas, eso supondría un descrédito para la Generalitat, los CDR y el movimiento independentista en su conjunto —por una teoría de la traslación de culpas que ya quisiera ver yo aplicada a otros ámbitos—.

O, desde el otro lado del tablero, si resultara que los detenidos finalmente no fueran terroristas, eso demostraría que el gobierno español está utilizando sus fuerzas de seguridad para atacar a sus enemigos políticos.

Este nuevo periodismo espectáculo creado a base de conjeturas y opiniones sobre esas conjeturas —cuando no de bochornosas teorías de la conspiración— ha vuelto a avivar las brasas de un conflicto al que todavía le queda por vivir su momento peor: la sentencia por el juicio del procés.

Tiene uno la sensación, muchas veces, de que todo este ruido no tiene otro propósito que subir las audiencias, en una técnica heredada del periodismo deportivo consistente en inventarse o exagerar disputas para rellenar páginas en esos días en que no pasa nada. Porque, claro, lo anodino no vende y ya llevábamos mucho tiempo enredados en la repetición electoral.

Lo peor, de nuevo, es que volvemos a jugar con fuego y a socavar un poquito más la relación con un amplio número de catalanes que ya hacen mucho que no se sienten españoles —y a ver quién les obliga a sentir lo contrario y con qué ley— y a inflamar un conflicto del que solo sacan tajada los extremos: Torra por un lado y Ciudadanos y cada vez más Vox por el otro. Y por supuesto, las tertulias televisivas, que se disponen ya a vender caras las entradas para un nuevo circo mediático establecido en la Plaza de Sant Jaume.

Mientras tanto, el país lleva detenido ni se sabe desde cuándo, las previsiones de crecimiento siguen a la baja, mucha gente vive con la perspectiva de que se avecina una nueva tormenta económica y nadie parece preocuparse mucho por ofrecer soluciones concretas a problemas concretos y cada vez más asfixiantes. Y eso es alimento para la abstención y para los profetas de verbo fácil.

Puestos a vivir en condicional, quizás deberíamos empezar a opinar sobre lo que pasará si en noviembre la derecha suma.

Vivir en condicional