viernes 14/8/20

Vergüenza

Me produce vergüenza ver a los periodistas comentando, al minuto de ser pública, una sentencia que la mayoría no ha leído ni leerá. Verlos exagerar los enfrentamientos, las trifulcas, las protestas: solo porque la normalidad, que también la hay, es aburrida y no vende.

Me produce vergüenza que Cataluña haya quedado en manos de una tropa de dementes que con la mano izquierda animan al pueblo a salir a las calles a protestar mientras con la derecha mandan a los antidisturbios para apalear a esos manifestantes.

Me produce vergüenza que hayamos llegado a este punto porque el gobierno de Artur Mas quiso esconder tras la bandera sus casos de corrupción y la galopante pérdida de servicios y calidad de vida en Cataluña y porque el gobierno Rajoy vio en el envite la oportunidad de mejorar sus resultados electorales alternando la pasividad con la piromanía.

Me produce vergüenza que tanta y tanta gente se haya tragado el anzuelo de las banderas.

Me produce vergüenza que hayamos convertido una consulta —ilegal, vale, venga— en el inicio de un carrusel de despropósitos políticos y judiciales que llevaron a unos a proclamar una independencia de broma —y luego salir pitando en algunos casos— y a los otros a pedir poco menos que la prisión permanente revisable para quien no tiene ni un solo delito de sangre a sus espaldas.

Me produce vergüenza que un país que ha indultado a verdaderos golpistas, a corruptos, a defraudadores y a gente de toda ralea, se lleve las manos a la cabeza en masa cuando se plantea que acaso por el bien de la convivencia convenga indultar a los políticos presos de Cataluña y hacer borrón y cuenta nueva.

Me produce vergüenza que haya gente como el señor Comín, que viviendo de puta madre en un país del primer mundo tenga la cara de pedir a los demás que pierdan sus empleos y pasen hambre para así hacer posible la república catalana mientras ni siquiera se plantea donar su sueldo a una caja de resistencia (por ejemplo).

Me produce vergüenza que haya quien crea que se va a convertir a todos los catalanes nacionalistas en 'españoles de bien' a base de hostias

Me produce vergüenza que Sánchez e Iglesias no hayan sido capaces de formar Gobierno antes de la sentencia y todo este marrón esté ocurriendo no solo cuando hay un vacío de poder, sino lo que es peor: cuando todo el mundo está con el cerebro en clave electoralista, cuando nuestros políticos ya son incapaces de por sí de pensar más allá del siguiente cuarto de hora.

Me produce vergüenza que haya dirigentes como Rivera o Arrimadas incapaces de practicar otra política que la de la agitación, el enfrentamiento y el odio, buscando no ya la legítima implantación de un programa recentralizador, sino el mar revuelto en el que pescar el máximo número posible de votos para seguir, ¿qué? ¿viviendo del cuento?

Me produce vergüenza que haya quien crea que va a conseguir la independencia con tres o cuatro actos vandálicos, golpeando viejecitas o vejando a reporteros de la «prensa española manipuladora».

Me produce vergüenza que haya quien crea que se va a convertir a todos los catalanes nacionalistas en «españoles de bien» a base de hostias.

Me produce vergüenza la falta de altura de miras de los políticos, la falta de empatía ciudadana y el creciente poder que están ganando las banderas y las identidades nacionales.

Me produce vergüenza la absorción del debate público por el tema catalán mientras aumenta el paro, la corrupción sigue, no tenemos una política energética eficiente y los servicios públicos se deterioran a pasos agigantados. Problemas todos ellos que no se solucionarán ni mandando tanques a la Plaza Catalunya ni levantando una frontera en el Ebro.

Y me produce miedo que alguien, en algún momento, ponga un muerto encima de la mesa y comencemos el camino hacia una profecía autocumplida; y tras tanto decir que este país da asco, y que somos una democracia de tercera, y que el fascismo gobierna, acabemos de verdad en Madrid —y en Cataluña— en manos de un Gobierno al que le marque la agenda los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad y en un país con cada vez menos derechos y más empobrecido.

Vergüenza