Uno no entiende cómo, a estas alturas, una mayoría de españoles no se ha dado ya cuenta de que las barbas de nuestros vecinos no es que estén cortadas, es que se las han dejado al cero. Y que después vendrán a por nosotros

Sedición, rebelión, terrorismo... Si hubiera alguna otra figura penal más tocha en el Código Penal se la aplicarían también a todos aquellos que se han movilizado para pedir el referéndum y/o la independencia en Cataluña. Como se las intentaron aplicar, Ley Mordaza mediante, a la gente que rodeó el Parlament y el Congreso de los Diputados.

¿Cuál es el propósito?, me pregunta una amiga. Y sólo se me ocurre una respuesta: quieren meternos miedo. Quieren que cada vez que salgas a protestar o cada vez que escribas un texto en Internet, sepas que te pueden caer tres, cinco o veinte años de cárcel. Y entonces, te quedes en casa y callado.

Y es que el recorte de derechos en España en el caso de los CDR , pero también en otros casos (titiriteros, raperos, actores, caricaturistas, humoristas gráficos, presentadores de televisión, periodistas) deja en el aire un hediondo olor a fascismo.

Que vale, no es fascismo exactamente. Y vale, peor se vivía con Franco (¡Y seguro que peor se vive hoy en Sierra Leona!). Pero la senda nos lleva, a matacaballos, a un estado reaccionario, represor y de difícil estancia para las minorías. Para los distintos.

Y la verdad, uno no entiende cómo, a estas alturas, una mayoría de españoles no se ha dado ya cuenta de que las barbas de nuestros vecinos no es que estén cortadas, es que se las han dejado al cero. Y que después vendrán a por nosotros. Por levantar la voz. Por mover una valla en una manifestación. Por escribir una columna. Por insinuar que tal vez M punto Rajoy sea un corrupto. Por no tener papeles o por haber leído demasiado. O como en el caso de Alsasua por darle una ostia a un Guardia Civil cuando éste estaba de copas y no iba uniformado.

Pero nada, lo importante es seguir agitando las banderas y mantener prietas las filas. Que lo primero es la patria. Y que Cataluña siga siendo parte de España. Aunque sea de una España casposa, caciquil y uniformada. De una España represora donde la corrupción sale gratis, los másteres se regalan y cada vez sale más caro abrir la boca.