miércoles 18.09.2019

Lo que va a cambiar

Parece que el panorama se despeja. Iremos a votar de nuevo en noviembre. Lo haremos, en muchos casos, cansados, a la contra, quizás con la nariz tapada. Muchos se quedarán en casa, hartos de que los políticos no se pongan de acuerdo para formar gobierno. El resultado de esas elecciones, seguramente, no sea muy diferente al que se dio en abril. La pregunta es, ¿y entonces qué?

Si el PSOE sube seis escaños y Podemos cae diez, por ejemplo, la izquierda habrá perdido poder, pero la situación será igual a efectos de bloques. De hecho, será peor para el PSOE porque se verá más necesitado de los votos de esos nacionalistas a los que, al parecer, no quiere ver ni en pintura. Entonces, ¿por qué ese ahínco en forzar la repetición electoral?

La única razón que se me ocurre —y no creo que vaya muy desencaminado— es que el PSOE confía en que un desgaste de Ciudadanos obligue al partido de Rivera a replantearse su estrategia y, en nombre de la gobernabilidad, ceda a pactar con Sánchez; pues este y no otro ha sido siempre el objetivo del PSOE.

Si hay una posibilidad de que el PSOE dispute el famoso relato a Podemos se debe a la torpeza de Iglesias al no aceptar la propuesta de julio

De hecho, si hay una posibilidad de que el PSOE dispute el famoso relato a Podemos se debe a la torpeza de Iglesias al no aceptar la propuesta de julio, que no era tan mala y que además fue diseñada precisamente para eso: para que fuera rechazada y tener la excusa de poder forzar otras elecciones sin mucho coste para la imagen socialista.

Si en ese momento Iglesias hubiera aceptado los tres ministerios menores y la vicepresidencia, hubiera pillado al PSOE con el pie cambiado pues en realidad el partido de Sánchez no deseaba que esa oferta fuera aceptada. Ahora, nos vemos abocados a ver un Podemos cada vez más débil, una izquierda desmovilizada en noviembre, una derecha en ascenso y a lo mejor más unida —veremos qué pasa en las listas al Senado— y a Ciudadanos, posiblemente, en el gobierno. Salvo que Rivera saque un buen resultado y entonces toda la estrategia del PSOE se vaya al garete.

Una estrategia que, dicho sea de paso, es la misma que en los últimos cuarenta años: aparentar que se desea un cambio profundo cuando, en realidad, lo que se hace es poner palos en la rueda a ese cambio y potenciar el sostenimiento del statu quo aunque para ello haya que pactar con un agente declarado del capitalismo neoliberal como es Ciudadanos. Lo que va a cambiar en noviembre, en suma, va a ser nada. Que es lo que de verdad quieren en el PSOE.

Mientras tanto, parece que una nueva crisis —o una segunda oleada de la misma— se acerca desde Alemania. Cómo estará el panorama económico que hasta Cebrián y González están de acuerdo en que Podemos pacte con el PSOE. Claro, que da igual. Llegado el momento el golpe nos lo darán a nosotros y, admito a apuestas, el PSOE se ofrecerá para humanizar el capitalismo o alguna sandez por el estilo. Otra vez.

Lo que va a cambiar