Nuevatribuna

Había vuelto Pablo Iglesias en plan torero, dispuesto a poner firme a los banqueros, a los medios -qué manía- y por supuesto a Vox, y antes de una semana el chiringuito madrileño de Izquierda Unida ya ha vuelto a tornar en depresión la poca ilusión que se había generado.

Uno no sabe si es que el número de puristas por metro cuadrado es más alto en Madrid o es que aún arden los rescoldos de la guerra fratricida que en 2015 llevó a Izquierda Unida a quedar fuera del parlamento regional en una operación patética y triste a la que todavía no sabemos por qué se prestó Luis García Montero.

Algunos en Podemos lamentan ahora la confluencia —quizás un poco tarde— y se quejan de que Pablo Iglesias no optará por aniquilar IU cuando pudo: es decir, cuando este partido debía tanto dinero y estaba tan agrietado por sus luchas internas que no se tenía en pie.

Pero ojo, que IU no va sola en Madrid. Se acompaña de Anticapitalistas, otro proyecto lleno de gente dispuesta a dialogar con quienes piensan parecido a ellos y que la última vez que se presentó en solitario sacó, en toda España algo así como diez mil votos. Claro, que los votos no lo son todo, dicen. También son importantes las ideas, la democracia interna, las líneas rojas. Y es verdad. Pero conviene no olvidar que en democracia, el que no suma votos, no sirve para nada. O sirve, como mucho, para hacer del «coro de los grillos que cantan a la luna». O la ladran, que tanto da.

El viejo adagio decía que la derecha ganaba porque siempre iba unida, mientras que la izquierda presentaba no sé cuántos partidos. Ahora, la derecha va dividida en tres y volverá a ganar no sólo porque la izquierda se presente con cuatro marcas -como si esto fuera una competición por ver quién la caga más-, sino porque cada vez hay más gente de derechas. Sobre todo, en Madrid. Y con este panorama, cambiar su voto será difícil.

Decía Pablo Iglesias en su regreso que era obvio que habían dado vergüenza ajena, pero que nunca se habían equivocado de bando. El problema está en que en ese bando cada vez van quedando menos. No está Errejón, ni Bescansa, ni Alegre, ni Espinar, ni Bustinduy. No están las Mareas ni Compromís. Y por supuesto, no están muchos votantes. Todos los que faltan caminan por ahí, un poco perdidos, muy asqueados, y musitando como el Cid que serían mejores vasallos si tuvieran buen señor.

Y mientras tanto en la derecha se deben estar partiendo de risa.