sábado 28/11/20

El capitalismo mata

Es hora de entender, y proclamar, que el capitalismo está en contradicción íntima con la dignidad y la vida. Y que el capitalismo mata. Lo demás, es silencio

Mientras Rajoy y Santamaría clamaban en el Parlamento contra el poco patriotismo de quienes señalaban la corrupción de su partido y de M. Rajoy —sea quién sea el tal M.Rajoy, creo que en Génova alguien todavía tiene dudas—; y mientras el docudrama de La Sexta y El Confidencial seguía revelando nombres de grandes patriotas de bandera en el balcón y cuenta en algún soleado paraíso, el diario alemán Der Tagesspiegel llevaba a sus páginas el nombre de los más de 33.000 ahogados en el Mediterráneo en la última década.

Han leído bien: 33.000. Más de 3.000 al año. Que uno se pregunta qué hubiera pasado si en lugar de negros y pobres los cadáveres que abonan esa enorme fosa común que es el Mediterráneo hubieran sido occidentales, blancos y de clase media. Alguien como usted o como yo. Qué hubiera pasado si esos 33.000 muertos los hubiera puesto sobre la mesa la yihad o el comunismo.

M. Rajoy, que dijo hace poco que Puigdemont debería estar inhabilitado por mentir —lo dijo sin sonrojarse, lo juro—, debería recordar, entre otras cosas, la cuota de migrantes que aceptó acoger España y que no se ha cumplido ni en un 10%. Porque no sólo se muere en el Mediterráneo, también en los desiertos, también en los campos de concentración de Grecia y de Turquía; muchos de ellos convertidos en centros de trabajo esclavo.

Y también se muere en los puestos de trabajo españoles. Las últimas estadísticas hablan de casi 400 muertos en accidentes laborales en España en lo que va de año. Muchos más de los que ha producido, qué sé yo, la enorme insurrección del separatismo catalán. O el anarquismo español en toda su historia.

Y sumen a estas cifras las mujeres asesinadas por un machismo al que el capitalismo le viene como anillo al dedo; o los miles de suicidios silenciosos de quienes ya no aguantan más la ansiedad, la pobreza, el paro o los desahucios. Y acuérdense de todos ellos cada vez que hablen de ideologías violentas. Porque cuesta pensar que haya una ideología que a día de hoy mate tanto en todo el mundo como lo hace el capitalismo. La diferencia es que a esa violencia se la suele llamar normalidad.

En el inteligente y necesario libro “Violación Nueva York”, su autora, Jana Leno, resumía en una frase la esencia del pensamiento capitalista: “para mi casero, mi vida valía menos de lo que cuesta una cerradura nueva”. Los beneficios por encima de la vida.

Es hora de entender, y proclamar, que el capitalismo está en contradicción íntima con la dignidad y la vida. Y que el capitalismo mata. Lo demás, es silencio. 

El capitalismo mata