sábado 15/8/20

El día que en Ferraz se volvió a cantar La Internacional

Poner una pesada losa de piedra encima de las tumbas era más que un capricho ornamental: los antiguos sabían que a veces los muertos se levantaban y que era mejor intentar entorpecerles el camino.

Así, como un muerto viviente pero de blanca sonrisa, Pedro Sánchez se ha recorrido los pueblos de España atrayendo a su causa a más de la mitad de los militantes —un porcentaje mucho mayor de despeñaperros para arriba—, en un trabajo que algunos en su partido consideraron inútil toda vez que, puesto que había sido decapitado, debería estar muerto.

Sin embargo, puño en alto y recuperando como himno una Internacional que en Ferraz, desde que el partido abandonara el marxismo por imposición de Isidoro, allá en el 79, no significaba nada, Pedro Sánchez ha resucitado para demostrar que no estaba muerto, que estaba tomando cañas: pateándose las calles, escuchando el eco de la militancia y llenando con ella su zurrón. Falta por ver si ese recorrido le ha pringado de plebe hasta el tuétano o se sacudirá el izquierdismo y el olor a calle con la primera ducha de poder.

Mientras tanto, lo que parece haber quedado claro es lo que muchas encuestas ya aseguraban: que la militancia del PSOE ha estado siempre más a la izquierda que sus dirigentes, quienes por estrategia electoral quisieron hacerse con el centro del tablero y acabaron, en algunos casos, jugando en la derecha.

En lo ideológico, si Sánchez Castejón hace la mitad de lo que ha prometido, el PSOE viajaría al pasado y comenzaría a reescribir su historia desde Suresnes, el congreso donde González fue aupado al trono. En aquel año de 1976 el PSOE todavía mantenía, por ejemplo, que “la definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español”.

Igualmente, todavía en 1976 los socialistas cantaban puño en alto La Internacional y sentían que aquel himno significaba algo para ellos. Luego el hit marxista fue dejado para los mítines de Alfonso Guerra en la cuenca minera asturiana, como una reliquia de santo que se saca a pasear una vez al año, más por tradición que por fe. O sea, para que la gente la vea. Y levantar el puño se convirtió en algo sospechoso, algo propio de aquellos desfasados de la Izquierda Unida de Anguita y Frutos y no de los modernos socialdemócratas.

Pero ganó Pedro, un muerto que estaba muy vivo. Y en Ferraz se cantó La Internacional. Y en España se abre un periodo cuando menos interesante, porque Sánchez tiene mucho tirón en un feudo tan importante para Podemos como Cataluña y mucho tirón entre los jóvenes, el gran caladero de la formación morada. Y a la derecha, el PP necesitaba un PSOE dócil que le aprobara los presupuestos y que, en las comisiones o en las mesas de la cafetería, negociara con él los temas importantes, como se ha hecho toda la vida.

Si Pedro Sánchez se escora de verdad a la izquierda, si sigue con el puño en alto y cantando La Internacional  y si el nuevo Pablo Iglesias —también renacido, más comunista ahora que populista— no se empeña en generalizar la causa contra el PSOE, la derecha corrupta puede verse muy pronto frente a las urnas de nuevo. Y sin que ésta vez la perspectiva le sea tan halagüeña.

Pero también cabe la posibilidad de que Sánchez sólo use el puño para golpear la mesa, liquidar a la oposición dentro del PSOE y buscar una entente aquí y allá con Ciudadanos, mientras se conforma con quedar por encima de Podemos para ver si lo liquida. Y entonces sí que sí éste viaje no habrá servido para nada. Salvo para volver al pasado. No a 1976, sino al 2016. El año en que se enterró a Pedro Sánchez.

El día que en Ferraz se volvió a cantar La Internacional