sábado 30.05.2020

Por fin, gobierno

La fragmentación del espacio político, producido a partir de 2015, hace muy difícil la formación de gobierno en España. Antes de 2015, el partido ganador de las elecciones formaba gobierno solo o con el concurso de los nacionalistas catalanes, siempre dispuestos a negociar sus apoyos. Desde 2015, el partido ganador tiene que encontrar el apoyo de, por lo menos, otros dos partidos para alcanzar mayoría en la investidura.

En un marco tan cambiante, donde en cada elección aparecen nuevos partidos, otros cambian de orientación, alguno se escinde y, finalmente, otros se despeñan, con serio peligro de extinción o irrelevancia, el espacio que cada uno ocupe, cuando no su mera existencia, parece ser el objetivo vital.  La decisión de apoyar o no la investidura de un candidato se decide mucho en función del interés partidista, electoral, y nada en función del interés general.

La conclusión de todo esto es que el independentismo se está dividiendo. A donde apunta el acuerdo PSOE – ERC es a una posible alianza en Cataluña después de las elecciones autonómicas, cuando se celebren. Eso es exactamente lo que ha visto JxCAT que se ha convertido en el más feroz crítico de ese acuerdo

Ante la investidura de Rajoy en 2016, el “no es no” de Sánchez se explica por la intensa competencia entre PSOE y Podemos en un momento en que el sorpasso era posible. El interés general, sin embargo, aconsejaba la abstención del PSOE para no ir a unas terceras elecciones. Como se recuerda, en el PSOE hubo una fuerte división y una grave crisis a cuenta de este dilema.

En conclusión, la necesidad de acordar con varios partidos a la vez y la intensa competencia entre ellos hace muy dificultosa la tarea de armar una mayoría para investir a un candidato. Buena prueba de  dificultad es que en dos ocasiones la investidura no ha salido adelante.

El gobierno que, previsiblemente, se va a formar será un gobierno de coalición PSOE–UP apoyado, directa o indirectamente, por varios partidos más. A esta fórmula se ha llegado después de haber fracasado todas los demás.

Sánchez intentó su primera investidura en 2015 mediante un acuerdo PSOE–C´s. No salió. Después, esta fórmula se hizo impensable por la cerril e insensata posición de Rivera. Y ahora, además,  por la irrelevancia de C´s. Quiero aquí recordar que Rivera instó a Sánchez a formar el gobierno que ahora se va a hacer. No deberían quejarse de que se haga lo que proponían tan solo hace unos meses.

De la gran coalición se ha venido hablando mucho y ha sido propuesta por dirigentes de uno y otro partido. Pero la intensa competencia entre PP y Vox hace inviable que el PP se coaligue con el PSOE porque eso dejaría el campo libre a Vox. Más aún, una alianza entre PP y PSOE tendría sentido como cordón sanitario contra la extrema derecha. Pero Casado ya ha decidido que no solo no participará en ningún cordón sanitario, sino que ha hecho de Vox su aliado en numerosas instituciones. Todo ello descarta posibilidad de gran coalición. Aquí, una vez más, el interés partidista prima sobre el general.

En 2019, y tras el fracaso de las negociaciones con UP, Sánchez se presentó por segunda vez a la investidura pidiendo la abstención de la derecha. Ésta no se la dio y fuimos a  nuevas elecciones. En esa ocasión el PP reprochó a Sánchez no haber sido capaz de llegar a acuerdos con UP y con otros partidos, justo de lo que, ahora se queja. Entonces el PSOE podía haber alcanzado el mismo acuerdo que ahora tiene con UP. Pero Sánchez calculó que unas nuevas elecciones le podría dar margen para no depender tanto de UP y, sobre todo, de los independentistas. De hecho, el PSOE insistió en pedir el voto para esto. No lo consiguió.  En todo caso, interesa destacar que la fórmula de gobierno en “superminoría” tampoco salió adelante.

A donde voy a parar es a que Sánchez se presenta a su tercera investidura después de que no haberlo conseguido con ninguna de las dos fórmulas anteriores y descartando de antemano la gran coalición. Sánchez, a quien hizo Presidente una mayoría similar a la que ahora puede tener en este su tercer intento de investidura, ha intentado casi cualquier otra fórmula antes de ensayar ésta.

Pero, como dice el refrán, puede ser que, al final, la necesidad haga virtud. Por descarte de todo lo demás, tendremos el primer gobierno de unión de las izquierdas en la España moderna y tendremos el único gobierno europeo de la socialdemocracia con la extrema izquierda. Todo ello en un contexto mundial donde la ola ascendente es el nacional-populismo de extrema derecha. Nada mal, aunque sea de rebote.

Como ya ha ocurrido en tantas ocasiones, ahora se necesita el complemento catalán. A diferencia de otras ocasiones, esta vez no son los convergentes sino ERC los encargados de completar la mayoría. Para valorar el acuerdo PSOE-ERC conviene analizar el contexto.

En Cataluña ha habido un intento de secesión que se solucionó con una facilidad pasmosa. Al día siguiente de proclamarse la independencia, el Gobierno de España destituyó al Govern, disolvió el Parlament y convocó elecciones autonómicas. Todo ello en medio de la más absoluta normalidad. ¿Por qué ha fracasado tan rotundamente la secesión? Para unos, porque el apoyo al independentismo era claramente insuficiente y además por no contar con ningún apoyo fuera de Cataluña. De ahí que reiniciar el procés no sea una buena idea si antes no se amplía el espacio político independentista. Para otros no hay tal fracaso porque, realmente, el procés era una operación electoral y su objetivo real no era alcanzar la independencia sino tener el Govern y, eso, sí que lo han conseguido. La táctica de JxCAT es atizar el conflicto,  montando un pollo detrás de otro, exigiendo, eso sí, que el “Estado se siente y hable”.

La conclusión de todo esto es que el independentismo se está dividiendo. A donde apunta el acuerdo PSOE – ERC es a una posible alianza en Cataluña después de las elecciones autonómicas, cuando se celebren. Eso es exactamente lo que ha visto JxCAT que se ha convertido en el más feroz crítico de ese acuerdo, sencillamente, porque lo que el acuerdo no dice, pero se desprende de él, es que JxCAT puede terminar perdiendo el Govern.

Para mejorar el clima político en Cataluña, sería muy bueno otro gobierno en Barcelona. Y, descartada cualquier posibilidad de alternativa “constitucionalista” la única posibilidad sería un acuerdo de la izquierda que nos permita salir del bucle melancólica de  Puigdemont y Torra. Seguirá.

Por fin, gobierno