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domingo 22/5/22

Participación política

La paradoja es que cuanto más se regula la participación, menos participación se produce en la realidad.

Los recientes procesos de algunos partidos (primarias en C´s, en el PSOE y en Podemos; elección del Secretario General del PSM) dan pie para poner en tela de juicio lo que hasta aquí parecía una verdad incontestable: la gran demanda de participación. Para dar respuesta a esa supuesta demanda, se ha desatado una carrera en todos los partidos para ver quién es más abierto, más participativo y menos cupular. Al parecer, la participación de las bases y de los ciudadanos es una seña de identidad de la “nueva política” en contraste con la vieja política en la que dominaban los aparatos y las cúpulas de los partidos.

A la hora de la verdad, lo que falla es, precisamente, la participación. En las primarias de Podemos han participado menos de un quinto del censo y se ha considerado un éxito por parte de los organizadores. En el PSOE y en C´s las primarias (abiertas) han sido un mero trámite para proclamar al líder y único candidato. En el PSM, la participación de las bases en la elección de Secretario General con el nuevo formato (un militante un voto) no ha llegado ni a la mitad del censo de modo que la nueva Secretaria General ha resultado elegida con menos de una cuarta parte de los posible votantes. Hemos de concluir, pues, que es radicalmente falso que haya una gran demanda de participación. Desgraciadamente, añado. Lo que sucede, en mi opinión, es que hay un descontento real con la dirección de los viejos partidos cuyo origen, creo yo, está en la gestión de la crisis, solo que, en lugar de abordarse en sus propios términos (produciendo un cambio en la dirección y en las políticas) se aborda de un modo indirecto exigiendo más participación de las bases y de los simpatizantes. La paradoja es que cuanto más se regula la participación, menos participación se produce en la realidad.

Los partidos emergentes gozan de un liderazgo tan poderoso que hacen palidecer a  los hiper – liderazgos de los partidos tradicionales. De hecho Podemos es el partido de Pablo Iglesias y C´s de Albert Rivera, como ayer UPyD fue el partido de Rosa Díez, algo que no tiene parangón ni en el PP ni en el PSOE. Son partidos que se construyen en torno a un líder, un líder mediático, el cual es el principal activo del partido. Con esos liderazgos tan potentes, los procesos de participación son poco más que la ratificación de las decisiones que los líderes ya han tomado. Así, Pablo Iglesias y Albert Rivera han procurado no solo su designación como candidatos a La Moncloa sino también ahormar los futuros grupos parlamentarios en las Cortes  que estarán cortados por su propio patrón. Dicho sea de paso, los métodos tradicionales de democracia representativa (indirecta) producen mayor respeto a la pluralidad interna, pero los líderes de los nuevos partidos, que están en fase de construcción, huyen como de la peste de la pluralidad, eso sí, en medio de grandes alabanzas a la misma.

En el PSM se ha librado un episodio más de la batalla por el poder en el PSOE. La dirección federal puede estar contenta por haber colocado a alguien afín en la Secretaría General, pero no deben haber quedado muy satisfechos ni por el nivel de participación alcanzado ni por el número de votos cosechados por la candidata, porque no cierra definitivamente la cuestión. Sin embargo el principal problema del PSM no es su relación con Ferraz, sino la guerra civil interna que disfruta esta organización desde hace años. Los que hace siete años perdieron el poder en el PSM han sido implacables en la destrucción de la imagen de Tomás Gómez (y de paso la del PSM) como método para recuperar el poder. A pesar de lo cual nunca lograron ganar en la urna, teniendo que recurrir a  suspender la democracia interna para alcanzar el poder. La cuestión que ahora se plantea es si la nueva ejecutiva del PSM logrará acabar con la guerra civil que tanto daño ha hecho a este partido. En estas circunstancias, la respuesta (mayoritaria) de no participación de los afiliados  del PSM debería ser interpretada por la nueva dirección. No es pequeño el reto que la nueva dirección tiene ante sí.

La conclusión de estas experiencias es que fomentar la participación de los afiliados, por no hablar de los simpatizantes, no es algo que se consiga con un llamamiento ni cambiando normas, sino que es un proceso que, de darse,  debe venir ligado a un debate político que, en mi opinión debe estar relacionado con la crisis y a sus alternativas. Hasta ahora, el objeto de la participación ha sido básicamente la elección de representantes, es decir, el quién pero no las políticas que han de desarrollarse, es decir el qué.

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