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martes 24/5/22

Nuevo Gobierno o Elecciones

Unas elecciones que se repiten porque la izquierda ha sido incapaz de formar gobierno es un terreno de juego más bien favorable a la derecha

Si se al final se repiten las elecciones, la izquierda habrá perdido una oportunidad y creará una decepción en su electorado que puede terminar beneficiando a la derecha

Cien días después de la celebración de las elecciones generales lo único que parece seguro es que el PP no va a formar gobierno. Mientras los demás partidos se afanan por encontrar un acuerdo que permita la investidura de Sánchez, el PP, el partido que alcanzó el primer puesto en las elecciones y el que aún tiene el Gobierno, está al margen de cualquier negociación como si de un mero espectador se tratase.

En realidad hay dos buenas razones para que el PP quede fuera de la posibilidad de gobernar. La primera es que los escándalos de corrupción le están golpeando de lleno, al punto que el propio partido (además de numerosos miembros de él) aparece imputado en algún procedimiento judicial. Cada día hay novedades judiciales que se alimentan con declaraciones de personajes del propio partido o de su  entorno que piden colaborar con la justicia a cambio de un trato favorable, lo cual crea la duda de quién será el próximo imputado. Nadie en el PP, incluidos los miembros de su dirección, parecen estar a salvo de que les señale algún “arrepentido”. De ese modo, el PP no está en muy buenas condiciones para buscar apoyos e intentar formar un gobierno. En resumen, mientras los demás partidos son noticia por las conversaciones, reuniones y declaraciones en torno a la formación del nuevo gobierno, el PP es noticia por la ristra interminable de casos de corrupción con sus correspondientes medidas orgánicas,  peticiones de responsabilidad, expedientes disciplinarios y demás.

La segunda razón es que el PP avisa de que desde el gobierno aplicaría la misma política económica que tan espectacularmente ha fracasado. En efecto, las cifras de déficit recién publicadas son el colofón del fracaso de su gestión económica. Cuatro rasgos lucen como exponentes del fracaso:

  • La creación de empleo, principal problema de nuestra economía, no se ha resuelto. En concreto, hoy tenemos casi los mismos afiliados a la Seguridad Social que cuando Rajoy llegó a la Moncloa.
  • La deuda pública española ronda el 100% del PIB, muy por encima de lo que Rajoy encontró en 2011. Esta acumulación de deuda hace frágil a la economía española ante cualquier problema
  • Todos los años se ha incumplido el objetivo de déficit. Muy en particular en el último año, lo cual hará que el próximo gobierno lo tenga muy difícil, aun cuando sea capaz de negociar con Bruselas una senda suave de reducción del déficit.
  • Particularmente preocupante es la situación de la Seguridad Social. La deflación salarial y las medidas de reducción de cotizaciones tira de los ingresos de la Seguridad Social hacia abajo y crea una situación de desequilibrio estructural, lo que Aznar llamaría una Seguridad Social quebrada. Hasta ahora, el déficit de la Seguridad Social se ha cubierto con el Fondo de Reserva que el Gobierno anterior dejó en 70.000 millones, de los que Rajoy ya ha gastado la mayor parte.

Así pues, con un desempleo que supera el 20% y con la mitad de los jóvenes en paro, habiendo adquirido una montaña de deuda, incumpliendo siempre el objetivo de déficit y con la Seguridad Social desequilibrada y cerca de agotar las reservas, no me explico cómo alguien puede reivindicar la política económica aplicada y proponer más de lo mismo.

Las posibilidades de formar gobierno y no repetir las elecciones se han reducido a un acuerdo a tres: PSOE, C´s y Podemos. Parece que todo el mundo está dispuesto a explorar esta vía aun cuando no sea más que para no cargar con la responsabilidad de ir a nuevas elecciones. Ahora bien, el acuerdo PSOE – C´s hace que las posibilidades se limiten aún más. A estas alturas no parece probable que se rompa ese acuerdo y se forme una alianza PSOE – Podemos para, a partir de ella, encontrar los apoyos que falten. Y tampoco puede sumarse, sin más, al programa PSOE – C´s.

En esas circunstancias, lo mejor que puede hacer Podemos es negociar su abstención a cambio de algunos programas sociales que pueda fácilmente visualizar como un logro suyo. Esto dejaría un panorama de un gobierno PSOE – C´s en minoría que dependería para cada paso importante del apoyo de Podemos, con el que habría de negociar los presupuestos, por ejemplo. Y, de paso, tendría las manos libre para criticar todo lo que no le pareciera bien. En sus manos tendría también la llave para poner fin a ese gobierno cuando quisiera. Me parece que alguno de los líderes de Podemos se da cuenta de que esto es mejor que estar en un gobierno que no duraría muchos días más allá de la primera reunión con la Unión Europea. Porque, y esa es otra, el nuevo gobierno no tiene por delante una perita en dulce. Reducir el déficit, aunque sea en una senda suave y a la vez, recuperar parte de los recortes del PP, no es tarea fácil. Sobre todo haría falta una gran reforma fiscal que supone un aumento notable de la presión fiscal. Conseguir que este incremento dé los recursos suficientes para un programa así significa meter presión sobre patrimonios y rentas altas, algo a lo que C´s no parece muy proclive, en principio.

¿Y qué puede pasar si, al final, se repiten las elecciones? En mi opinión, la izquierda habrá perdido una oportunidad y creará una decepción en su electorado que puede terminar beneficiando a la derecha. Me parece que unas elecciones que se repiten porque la izquierda ha sido incapaz de formar gobierno es un terreno de juego más bien favorable a la derecha. Por eso, sería deseable que esa circunstancia no se produjera. Continuará

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